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“Teorema de los lugares raros” – Ángel Minaya

Opino que la poesía es siempre algo personal. Todos los libros de poemas tienen en sí una parte del autor o autora. Y de todos ellos puede aprenderse rasgos de la persona que los ha escrito. Esto se puede aplicar también a aquellas obras en las que el autor intenta dejar el “yo” totalmente fuera, puesto que esta decisión, en sí misma, refleja también un aspecto de la persona detrás de la voz autoral.

Teorema de los lugares raros es el primer poemario de Ángel Minaya. Publicado en la editorial El sastre de Apollinaire teniendo el autor cincuenta y cuatro años en el momento en el que escribo esta reseña. Debido que me interesa la poesía viva, la actual, estoy acostumbrado a leer “primeros poemarios”. Y este, concretamente, no parece la primera obra del autor.

Recuerdo haber oído a un crítico de poesía mucho mejor que yo decir que a veces no le gusta leer obras de autores noveles, puesto que todos ellos cometen los mismos errores y tropiezan en las mismas piedras. Y creo que al menos la mitad de estas palabras son ciertas: los “primeros poemarios” generalmente comparten una serie de características que per se no tienen por qué mejorar o empeorar o empeorar la obra. Simplemente son rasgos que suelen estar ahí. Y es aquí donde destaca Teorema de los lugares raros, no tiene una gran cantidad de estos rasgos. No parece el primer poemario de Ángel Minaya, Y creo que realmente, no lo es.

Los poemas que forman Teorema de los lugares raros parten de una serie de principios bastante comunes en la poesía actual: poesía que explora sentimientos en su contexto, la vida cotidiana. Minaya utiliza el verso como medio para definir y entender lo que sintió en momentos determinados de su existencia. Estos, sin embargo, aparecen codificados de forma que el lector pueda entender lo sentido sin conocer a las personas que lo sienten.

En cuanto el lenguaje, la poesía de Ángel Minaya tiende hacia la experimentación: a medida que avanzamos en los poemas, vamos viendo como el lenguaje de los poemas va despojándose de sus normas en favor de reforzar el propio contenido de cada poema.

Tras haber leído Teorema de los lugares raros, pienso que este no es el primer poemario de Ángel Minaya y que El sastre de Apollinaire hizo bien al denominarlo “primer poemario publicado” en la biografía del autor. Este poemario da la impresión de ser el último episodio de una serie, excepto que no podemos ver el resto. E incluso puede que no existan.

Quién sabe, quizás Ángel Minaya tenga una serie de poemarios durmiendo el sueño de los justos en un cajón.  Libros que reflejarían una evolución autoral de la que Teorema de los lugares raros es producto. Triste destino el de esos libros de poemas olvidados: ahora no podrían publicarse sin convertirse en precuelas de este.

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“Sombra” – Miguel Ángel Gómez

¿Cuánto podría saber de nosotros nuestra sombra, si nuestra sombra pudiera hablar? Después de seguirnos durante toda nuestra vida, irremediablemente pegada a nosotros, la mayoría de las veces sin que siquiera notemos su presencia o le demos importancia. Sin duda, muchísimo. A este conocimiento íntimo y absoluto es a lo que aspira Miguel Ángel Gómez en su sexto libro de poemas, titulado de forma muy apropiada Sombra y publicado en Ediciones Camelot.

Una característica clara de la poesía de Miguel Ángel Gómez se aprecia en el proceso de escritura: no estamos ante un poeta que escribe poemas para luego someterlos a un proceso de selección donde se separe trigo y paja. Por el contrario, tanto Sombra como los dos últimos poemarios del autor ovetense (La polilla oblicua y Monelle, los pájaros) muestran una cierta planificación previa a la escritura. No estamos ante un poeta que escribe sin saber muy bien a donde va.

En el caso de Sombra, estamos ante un poemario de “observación”. Miguel Ángel Gómez aspira a convertirse en la sombra de la persona que ama, para conocerla mejor que nadie y retratar en verso cada faceta de su personalidad, convirtiéndolas en diferentes imágenes a través de las cuales el poeta define como percibe a esa persona.

Así, a través de los poemas que dan forma a Sombra vemos aparecer diferentes personalidades de la misma persona, convertidas en distintas versiones de esta. Algunos poemas hablan de momentos, como por ejemplo discusiones, para dar así una visión completa de la relación. La construcción de la persona amada es algo característico de la obra de Miguel Ángel Gómez, pero en esta ocasión, su poesía da un paso más allá y esta construcción incluye también las interacciones con el poeta. Al fin y al cabo, nuestra percepción de los otros también esta marcada por nuestras interacciones con ellos.

Terminan de dar formas al poemario algunos poemas de naturaleza metapoética en los que el autor conversa con autores anteriores, como Jack Kerouac, o reflexiona sobre diferentes aspectos de la poesía, como el efecto que produce entre sus seguidores.

Y todo esto viene salpicado de una cierta bohemia. Los poemas de Miguel Ángel Gómez, observados con distancia, dejan ver una parte muy concreta de su personalidad, concretamente su faceta de amante. Al mostrar tan solo esta parte de él mismo, resulta inevitable que Sombra adquiera unos ciertos aires bohemios. No obstante (y esto es algo que intento tener en cuenta al leer cualquier poemario), debe tenerse en cuenta que lo que vemos en estas páginas es solo una parte del autor. La sensación de bohemia, que no sabría decir si es buscada o no, es artificial, resultado de una visión parcial de la personalidad del autor.

En líneas generales, Sombra es un poemario donde el amor se expresa a través de la curiosidad, el querer saber más y más de la persona que uno ama, aunque esto lleve a reducirse, a convertirse en poco menos que en sombra, en polvo, en nada, porque la persona que amamos acaba convirtiéndose en nuestro todo.

Sombra puede comprarse a través de la página de la Librería Cervantes.

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“Liberalismo político” – Francisco José Chamorro

Llegar a tu casa después del trabajo, ese piso que alquilas gracias al trabajo temporal que conseguiste después de terminar la carrera. Un master era quizá demasiado costoso y lo importante era tener tiempo para buscar otra ocupación mejor, tener tiempo para tus proyectos. Llevas ya dos años en tu casa y trabajos provisionales, viviendo una vida provisional que poco a poco, parece que se asienta cada vez más. ¿Te suena eso? Pues de eso trata Liberalismo político, escrito por Francisco José Chamorro y publicado en Poesía Hyperión tras haber ganado la XX edición del Premio de Poesía Joven “Antonio Carbajal”

Los poemas de Liberalismo político son una crítica al sistema filosófico e ideológico en el que se sostiene nuestra sociedad, un amargo análisis de los resultados de esas ideas, lo cual hace que este sea un poemario muy político en el mismo sentido que El club de la lucha es una novela muy política, aunque de primeras no lo parezca. Chamorro hace de sus poemas un espacio para la crítica al materialismo e individualismo de la sociedad actual. Vemos al pasar las páginas como van surgiendo marcas de productos e incluso lenguaje comercial, pero estos productos no acaban de rellenar el hueco, el ansia vital que inquieta al poeta. Hay algo que falta en la vida de muchas personas hoy en día y que ninguna marca, ningún producto puede llenar, aunque sea “premium”,

Hay un cierto desencanto en la poesía de Francisco José Chamorro. Como si el autor se entregase al consumismo para ahogar sus penas, pero este es incapaz de saciar su sed de vida. El también filósofo Slavoj Zizek defiende la idea de que el consumismo actual consiste en no solo consumir un producto, sino también su marca. Disfrutar no solo por beber un refresco de cola, sino por estar bebiendo Coca Cola. Pero este supuesto efecto no siempre nos llena, al menos no como esperamos. Quizá las muchas repeticiones que pueblan estos poemas sean producto del desencanto, de la falta de satisfacción que produce el consumo de marcas en Chamorro. La única respuesta del actual sistema ante la falta de satisfacción al consumir es volver a hacerlo y esperar que la siguiente vez funcione.

Puede apreciarse una ruptura generacional en este poema: por un lado aparece la casa del autor, que según sus propias palabras, no es una casa, frente al hogar materno, que en este poema no aparece como un nicho de nostalgia de la infancia (y eso por si solo ya me parece destacable), sino como la viva imagen de un mundo que ya no existe, al menos no al alcance de la generación de Chamorro, a pesar de ser ese el mundo al que aspiraba a replicar, aunque sea tan solo un deseo de continuismo que surge debido a la imposibilidad de llevarlo a cabo.

En buena medida, Liberalismo político me recuerda a Ritmo latino en tanto que ambos parten del desacuerdo con la ideología que domina la sociedad actual, aunque el primero desarrolla esa idea con un tono mucho menos esperanzador donde no hay salida, ni sitio para el humor o la ironía.

Liberalismo político puede comprarse a través de la Librería Cervantes

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Guerra, paz y más: “El cuaderno de la guerra” – Juan Ignacio González

Juan Ignacio González nace en Mieres en 1960. En 1985 nace como poeta al ver publicada su primera obra: Otros labios acaso, desde entonces, han visto la luz otros ocho poemarios suyos, de los cuales, El cuaderno de la guerra (y algunas notas sobre la paz) es el más reciente, publicado en la nueva y vigorosa Bajamar Ediciones.

Una lectura atenta de la poesía de Juan Ignacio González en El cuaderno de la guerra deja ver el método que el autor sigue para escribir. Estamos ante una poesía de “proyectos” es decir, González no deja lugar para las musas, sino que se plantea de antemano que es lo que quiere hacer, que tipo de poesía y que efecto producirá esta. Una forma de creación que avanza sobre un camino asfaltado previamente.

Este tipo de proceso formativo, que el autor comparte con otros muchos autores y autoras contemporáneos (se me viene a la mente Xaime Martínez) deja una serie de marcas muy reconocibles para el ojo atento. El cuaderno de la guerra es un libro ecléctico, donde vemos como los poemas van cambiando a lo largo de sus páginas, un eclecticismo que aporta frescura a la obra y que mantiene firme la atención del lector.

Por momentos, vemos como los versos de El cuaderno de guerra tienen una gran longitud acompañada de metáforas y un tono solemne, como acerándose al salmo bíblico, para luego convertirse en poemas donde el autor intenta ponerse en la piel de otras personas en otro tiempo o lugar, intentando así comprender o más bien explicar puntos de vista ajenos. Otras veces, los poemas de Juan Ignacio González surgen de una raíz aforística que se desarrolla y florece en el poema.

Esta forma de creación, no obstante, tiene un problema, al menos en mi opinión. Soy una de esas personas que aprecia la unidad en los libros de poesía, que los poemas tengan una cierta cohesión entre ellos y vayan creando una especie de arco argumental, aunque sea a un nivel abstracto. Por el contrario, poemarios como El cuaderno de guerra, a pesar de tener frescura y variedad, no tiene mucha cohesión entre sus distintas partes y estilos, pareciendo más bien una recopilación del trabajo de Juan Ignacio González en un periodo de tiempo determinado. La suma de varios proyectos más pequeños, en lugar de un gran proyecto que abarque toda la obra.

El cuaderno de guerra no obstante, es un libro más que recomendable. La variedad de sus poemas hace que sea difícil que cualquier lector no encuentre un asidero en estos poemas. Un poco como Juego de tronos, en ese sentido: si no te gusta una parte, seguro que te gustará otra.

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Yo al cuadrado: Todo lo que yo existo no existe – Le Corbeau

Le Corbeu (el cuervo) es el pseudónimo de Víctor Martínez (Madrid, 1995). La biografía que incluye su primer libro de poemas, titulado Todo lo q yo existo no existe y publicado en la editorial El sastre de Apollinaire, lo define como “artista gráfico y poeta” y define su obra como una mezcla de lo académico y el arte urbano. Una mezcla de cultura y contracultura, a pesar de que en mi opinión, este poemario bien encajaría dentro de la categoría de “poesía de twitter” (sea lo que sea eso), la poesía más de moda actualmente, sobre todo si nos fijamos en las listas de ventas (o superventas) de la poesía actual.

Todo lo que yo existo no existe es una especie de selfie poético con varios filtros encima. En sus páginas asistimos la construcción del “yo” poético de Víctor Martínez. Algo similar a la creación de nuestra persona digital a través de cuentas, de micro publicaciones en twitter, fotos en Facebook, selfies en Instagram. El individualismo, o más bien, la individualización extrema en la que vivimos y la filosofía que hay detrás de ello es probablemente la mayor influencia que reciben los nuevos poetas de twitter. Esta es la estética nueva que nos traen estos habitantes de internet. Los que se promocionan a través de redes sociales no porque sea mejor o más lucrativo, sino porque es el sitio que conocen y acostumbran a recorrer, el primer sitio donde se les ocurrió darse publicidad y bombo.

Así pues, lo que más destaca de este poemario es el esfuerzo desmedido del autor por aparecer como alguien diferente a todo el mundo. Martínez no quiere parecerse a nadie lo más mínimo y quizás por ello, no respeta ningún tipo de regla o convención poética: sus poemas son una mezcla entre verso y prosa, las normas ortográficas son las mismas que sigue el lenguaje de los SMS y en prácticamente todos los poemas se nos habla del propio autor, de diferentes aspectos de su personalidad, de sus inquietudes, que a veces son las mismas inquietudes que llevan inquietando a poetas desde finales del siglo XVIII, pero bueno, this is my rifle, there are many like this, but this is mine.

Resulta irónico que, debido a este esfuerzo por no seguir ninguna regla, los poemas de todo lo q yo existo no existe, o más bien las estrofas de cada poema se parecen tuits, como si las publicaciones de twitter fuesen la unidad mínima e indivisible de la poesía de Víctor Martínez. Todo esto tiene una capa extra de ironía, puesto que fui incapaz de encontrar a Le Corbeau en Twitter.

No obstante, hay muchas cosas que elogiar de este poemario. Para empezar, no es el tipo de poesía amorosa romanticona y patriarcal a la que nos tienen acostumbrados una buena parte de la nómina de los “poetas de twitter”, ni se presenta el poeta como un bohemio soñador que no tiene mayor preocupación que buscar un nuevo romance, ni se pueden apreciar los hilos y el plástico de los atrezzos. No se nos intenta vender un personaje creado para el consumo y el beneficio. Por el contrario, hay una gran sinceridad en estos poemas. Todo lo q yo existo no existe cae una y otra vez en los mismos tópicos en los que llevan cayendo poetas desde hace siglos, pero es voluntad del autor caer en esos tópicos y oye, lo consigue.

Leyendo poemarios como este, veo que hay luz al final del túnel en este tipo de poesía. No es un plato de mi gusto, pero veo que es un plato con material de sobra para masticar. Incluso da ganas de seguir indagando entre este mar de autoras y autoras, como si fuese una promesa de la existencia de gemas escondidas entre toneladas de ganga.

Todo lo q yo existo no existe puede comprarse a través de la página de El sastre de Apollinaire.

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El amor en tiempos de Twitter: “Dejar de ser” – Carlos Asensio

Dejar de ser es el primer poemario de Carlos Asensio (Mallorca, 1986), quien además de poeta es también sociólogo, pollitólogo y director de marketing (detalle a través del cual se pueden entender muchas cosas de este libro) Llega publicado en Chiado, editorial lisboeta que merece ser aplaudida tanto por tener el rostro de Fernando Pessoa como logo como por no tener reparos en publicar poesía en castellano, una aceptación de la realidad multilingüe de la Peninsula Ibérica que todos sus habitantes deberíamos fijarnos. 

Los poemas que forman Dejar de ser encajan a la perfección con lo que se denomina de forma burlona (por no decir despectiva) “poesía de twitter”. Me llama la atención esta forma de catalogar a cierta poesía porque creo que existe una mínima contradicción en aquellos que lo utilizan como algo peyorativo ¿Hay acaso algún autor o autora de poesía que no utilice twitter u otras redes sociales para promocionar su poesía? Quizás deberíamos ir buscando un nuevo nombre para estos versos. Algo así como “poesía pop” o “poesía lírica juvenil

Al margen del nombre, a través de estos poemas podemos ver las características elementales de esta poesía. La primera, quizá la más importante, es el intimismo o confesionalismo. Casi todos los poemas de Dejar de ser tienen la característica de estar escritos a una segunda persona no definida con la que en teoría el lector (o más bien lectora, este libro no deja dudas sobre la audiencia a la que va dirigido). Son, en fin, confesiones. La revelación de un supuesto sentimiento para generar un cierto lazo de unión a través de la suspensión de credibilidad. Tan importante es el intimismo en esta poesía que incluso influye en su estética: el verso libre, largo y descuidado no es casualidad ni pereza, sino que responde a la necesidad de generar una atmósfera de sinceridad, como si solo una persona fuese a leer estos textos y por tanto, su métrica y su forma dan un poco igual.

Otra característica de este tipo de poemas es la nostalgia, cosa en la que coincide con la poesía clásica de Asia. A través de estos versos se evocan experiencias amorosas pasadas, momentos con una gran carga sentimental y/o erótica que el autor inmortaliza a través del recuerdo en los poemas. Algo así como “¿Recuerdas aquella noche cuando bailamos y acabamos liándonos? Que bien lo pasé esa noche” o “¿Recuerdas aquella noche cuando hicimos el amor? Que bien lo pasé esa noche”. Cabe decir que el erotismo de estos poemas es bastante tibio: en ningún momento se cruza la línea que haría que estos poemas fuesen para mayores de dieciocho años (más sobre esto, al final).

La tercera propiedad de estos poemas es la sencillez, tanto en el lenguaje como en los recursos que Dejar de ser utiliza. De hecho, diría que en líneas generales, estos poemas son muy poco poéticos. El lenguaje es simple, llano, y salvo la metáfora o comparación ocasional, aparecen muy pocos recursos poéticos. De hecho, en algunos momentos incluso se nos recuerda que estamos leyendo poesía: por ejemplo, el poemario viene introducido por par de textos de considerable extensión en los que se habla muy por encima de lo que es “la poesía” e incluso se nos menciona de forma muy sutil que “la poesía comienza aquí”, como si el lector necesitase que le recordasen lo que está leyendo.

Repasando lo que acabo de describir, no puedo evitar pensar que esta reseña se parece mucho a la que escribí hace tiempo sobre el primer poemario de Marwan. No obstante, no puedo evitar ver las similitudes entre aquel poemario y Dejar de ser. Comparten características esenciales y también defectos estructurales. Estos poemas son algo así como el total recall de la poesía: una serie de recuerdos, probablemente artificiales, diseñados desde cero para ser estereotípicamente bonitos y cuyas lectoras o lectores deben asumir como propios para que los poemas consigan su efecto. Luego también está el hecho de que represente el clásico sentimentalismo heterosexual masculino, pero eso no tiene nada de malo, ¿verdad?

No obstante, una lectura atenta de Dejar de ser deja al descubierto todo el engranaje de esta poesía, la artificiosidad de sus estereotipos. Y la tibieza, la calculada tibieza de todo lo que aparece en estos versos. Ser demasiado erótico o demasiado bohemio podría hacer que el poemario pierda lectores potenciales. He aquí el punto donde se rompe esta magia. Donde vemos que el castillo en el que estamos no está construido con bloques de piedra, sino con paneles de plástico.  En mi opinión, por detalles como este, la poesía sentimental que forma Dejar de ser exige un esfuerzo demasiado grande al lector para ser eficaz.

La poesía lírica necesita tener una chispa de veracidad o al menos, sugerirla. Si el poema fracasa a la hora de esto, sus vísceras quedan al descubierto y como todos los seres vivos que acaban con sus vísceras al descubierto, muere.

Este tipo de poesía, desde luego, no es plato de mi gusto, pero eso no quiere decir que no vaya a ser del gusto de nadie. Si después de leer esto te parece que los problemas que yo veo en Dejar de ser te dan igual, pues cómpralo y léelo. Disfruta con él y no dejes que ningún capullo como yo te diga que tipo de poesía está bien o mal.

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La mística moderna: “Libérame Domine” – Gracia Aguilar Almendros

Editado en la valenciana Pre-Textos, ganador del XVIII Premio de Poesía “Emilio Prados”, con cincuenta y dos páginas y una encuadernación que es una delicia al tacto, Libérame Domine es el último poemario de Gracia Aguilar Almendros (1982), poeta nacida en Albacete que reside actualmente en Oviedo. Es su primera obra en solitario tras haber publicado poemas en revistas como “Barcarola” o “la siesta del lobo” y aparecer en una larga lista de antologías como Fractal: antología poética, Desde el mar a la estepa o El llano en llamas.

La poesía de Gracia Aguilar es una especie de poesía mística moderna. En sus páginas se mezcla el tono bíblico de los salmos y de los poetas que en su día buscaban acercarse a Dios a través del verso con la cultura pop y la realidad actual. Lo tradicional y lo moderno. Una poesía mística, pero no trascendental, no busca Aguilar la poesía en lo diario, sino que a lo cotidiano añade su visión, su interpretación, reconvirtiendo estas experiencias en algo diferente. En este caso, en poesía. Por momentos, la autora muestra que a través del verso pudo sobreponerse a los momentos más duros de su vida, lo cual me hace preguntarme ¿Será esta la razón por la que comenzó a escribir poesía? ¿Contribuir, pagar la deuda quizá, a aquello que nos ha dado tanto? ¿Será esta la razón por la que la mayoría de los y las poetas escriben poesía?

En líneas generales, Libérame Domine es un poemario catártico. Una serie de poemas donde se vierten las frustraciones que asaltan a los que comenzaron a buscarse la vida, a querer vivir por sí mismos a partir del 2006 (a veces me pregunto cuando podremos empezar a hablar de “poesía de la crisis” o de una supuesta “generación del 2006”) y que se encontraron un camino con muchas más piedras, cuando no trampas y clavos, de los que nadie podía esperar (yo preferiría que se llamase generación del seis, en lugar de generación del dos mil seis). Un diario de resistencia frente al existir y búsqueda de un espacio habitable propio, donde poder intentar ser feliz con tranquilidad.

Son, no obstante, experiencias adulteradas. No hay magia ni belleza en la existencia de los que luchan por sobrevivir. Por ello, Gracia Aguilar añade las especias que le hicieron la ración diaria de vida más apetecible. El resultado es un poemario templado, que habla de experiencias mundanas, en las que tantos nos podemos ver reflejados, de forma que estas parezcan interesantes.

Libérame Domine puede comprarse online a través de la página de la Librería Cervantes.

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La identidad a través de objetos cortantes: “Navajazo”, de Julián Cañizares

Hace no mucho, conocí en la Tertulia Olivier de Oviedo a la poeta Gracia Aguilar, quien se mudo a Asturias recientemente. Nació en Albacete y por lo tanto, era algo casi de rigor que alguien mencionase el acero albaceteño, concretamente las navajas. Yo pensaba que ese tema sería una de esas cosas que hacen girar los ojos a los lugareños, pero no. Resultó que si que tenía una navaja y que es bastante típico para los nacidos en Albacete tener una pequeña hoja de acero. Ese mismo día, no sin un poco de humor, llegó a mis manos Navajazo, del también albanense Julián Cañizares Mata, publicado en La Isla de Siltolá, en esa colección que deja atrás sus portadas de cuadros (un diseño reconocible como pocos, una autentica marca de la casa) en favor de las portadas sencillas, con un solo color y las letras de título y autor bien grandes. Siltolá no defrauda a los fans de la edición, aun cuando hacen ediciones que buscan la sencillez.

Los poemas de Navajazo tienen a las navajas como protagonistas o más bien, la importancia de las navajas dentro de la esencia albaceteña es el núcleo de este poemario. En estas páginas descubrimos toda una serie de tradiciones que giran en torno a estos pequeños objetos cortantes, como la tradición de dar una moneda a quien te regala una navaja. Tradiciones que por momentos recuerdan a la importancia que tienen las navajas en otras culturas, como por ejemplo, los gauchos de Borges.

Llama la atención un concepto que se repite una y otra vez a lo largo de Navajazo: caber. Se nos habla de la importancia de “caber” en los sitios donde uno está. Es una especie de aspiración a ser parte del entorno, pero sin camuflarse o pasar desapercibido. Adaptarse al paisaje que uno habita, ser parte de él sin tener la necesidad de encajar, sin que haga falta cambiar nada para ello, como si fuera una obligación el mostrar respeto por el lugar en el que se vive.

Otro aspecto importante en la construcción de la identidad de Albacete (que como todas las construcciones humanas, tendrá sus cosas ciertas, pero también tiende a la idealización, por lo que con seguridad tendrá otras cosas que no serán tan ciertas) son los intentos en vano por parte de los padres para que sus hijos no hereden ciertas tradiciones. Se repite la imagen de un niño intentando coger una navaja o directamente recibiendo una y sus progenitores intentando quitársela o alejarla de él, para que no se corte, pero siempre en vano. Siempre acaba cortándose. Un punto interesante que nos habla de como es imposible que las tradiciones que por una u otra razón no queremos que se hereden, acaben pasando de generación en generación. No podemos esperar que los que vendrán después de nosotros no comentan nuestros mismos errores.

O quizás se refiere a ese punto concreto de la historia en la que una generación de padres, debido a esa supuesta globalización de finales de los noventa, quisieron que sus hijos fuesen menos locales, más globales, para lo cual debían abandonar todo lo considerado excesivamente local, que es como pedir a alguien que deje de ser su propia esencia. Pero esto es solo lo una interpretación mía.

Puedes comprar Navajazo a través de Casadellibro

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Mis libros favoritos de 2017

No toda la poesía sobre la que escribo reseñas me gusta (es un buen ejercicio de pensamiento crítico escribir una crítica lo más objetiva posible de una obra que no apela a tus gustos) No obstante, algunos títulos que leo me encantan. Y mucho. Así que he decido hacer un post donde hablo de los libros de poesía que más me han gustado en 2017. Por una vez, voy a escribir sobre lo que me gusta.

Además, dentro de poco es navidad, así que quizás halla quien quiera regalar un libro de poemas a alguien y esta lista le ayuda a salir de dudas, o quizás es que las listas como esta son puro clickbait, se escriben en un periquete y yo soy más vago que la chaqueta de un guardia.

Ni es una lista que pretenda ser objetiva, ni el orden tiene mucha importancia: anoté los nombres según se me iban ocurriendo. Y por supuesto, faltan muchos títulos aquí: a botepronto se me ocurre El llibru postumu de Sherezade, de Raquel F. Menéndez, Meh de Diego Álvarez Miguel, A la de tres de Javier Almuzara o Media Vida de Pablo Texón. El tiempo para leer es limitado y no puedo devorar tantos libros como quisiera. Tampoco son necesariamente libros que hayan sido publicados en 2017

Tienes que irte – José Luis Piquero (Isla de Siltolá)

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La nueva obra de José Luis Piquero es un poemario tiene una serie de poemas que tratan el tema de la muerte con humor negro. A mí, que me gusta la mezcla de sabores opuestos, me encantó esta mezcla de tragedia y humor. No fueron pocas las veces que me reí mientras leía uno u otro poema y acabé sintiéndome un poco culpable por haberme reído.

Nostalgia de la acción – Ana Gorría y Marta Azparren (Saltadera)

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Con Nostalgia de la acción, Ana Gorría y Marta Azparren demuestran que la innovación como punto de partida de la creación artística no es un rasgo exclusivo del primer cuarto del siglo XX. Poeta e ilustradora unen fuerzas en este libro para romper las barreras que definen poesía y arte plástico. El resultado es una obra apropiada para leer o simplemente para ver, un libro que da gusto tener y volver a ojear de vez en cuando. Por otra parte, la gira de presentación de este poemario ofreció al público una serie de performances donde mezclaban poesía y pintura que con toda seguridad convirtieron a estos eventos en las presentaciones de poesía más destacadas en lo que llevamos de siglo.

La suma que nos resta – Gonzalo Grajera (Pre-Textos)

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El premio nacional de poesía de este año, cuyo autor es el sevillano Gonzalo Grajera, desprende grandes dosis de humor, ironía y una mezcla entre bohemia y dandismo. Más allá de la sencillez y frescura de estos poemas, en ellos viene la lección de no tomarse demasiado en serio los cambios que percibimos a nuestro alrededor y en nuestra vida, en general, y que no nos gustan. Algo así como la canción de los Monty Python, Always look on the bright side of life, pero en verso. En estos tiempos que nos ha tocado vivir, caracterizados por la incertidumbre social y política, no viene mal recordar que a veces lo mejore es tomarse la vida un poco menos en serio. La suma que nos resta nos recuerda esta pequeña lección vital. Y lo hace muy bien.

Los hijos de los hijos de la ira – Ben Clark (Editorial Delirio)

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Vamos a dejar las cosas claras: Los hijos de los hijos de la ira es un libro que dentro de quince o veinte años saldrá editado en Catedra, con su tapa negra, su miniatura artística en la portada y su estudio de 50 páginas escrito por alguna autoridad académica. Es el primer clásico indiscutible de la poesía española del siglo XXI y si por la razón que sea no pudiste obtenerlo en su primera edición, Ediciones Delirio te ha dado una segunda oportunidad para poder presumir de haber leido Los hijos de los hijos de la ira antes de que se publicase en Cátedra.

Los líquidos íntimos – Olga Novo (Cálamo Ediciones)

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Lo que más me gusto de Los líquidos íntimos es que te recuerda que en España existe literatura más allá de la lengua castellana. Toda una batería de autoras y autores que escriben obras excelentes en lenguas que Cervantes probablemente desconocía. Dejando esto a un lado, la poesía de Olga Novo es salvaje, desgarradora, emotiva y libre, o más bien liberadora. Una voz que brilla con luz propia dentro del panorama poético actual.

Un país mental – V.V.A.A. (Kriller71)

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Confieso que siento una gran debilidad por la poesía asiática, ya sea de Japón, China o la India. No obstante, es difícil introducirse en estas tradiciones sin caer en el viejo tópico del exotismo. Está muy bien leer a Du Fu, Wang Wei o a Kobayashi Isaa, pero también es bueno recordar que en China también se escribe poesía en la actualidad, también tienen poetas vivos que siguen desarrollando su tradición poética local.

El llibru nuevu – Xuan Bello

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La nueva obra de Bello nos trae una poesía intensa, que por momentos apela a la emoción y por otros, a la reflexión. Poesía en la que el autor intenta definir ciertas sensaciones que todos sentimos en ciertos momentos.

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Enjambre – Alberto Arce

Existen muchas razones por las que a alguien se le ocurra escribir poesía. Unas veces, queremos expresar cosas que en principio no podemos hacer mediante el lenguaje común, ya sea para que las entiendan otros o para entenderlas nosotros mismos. También hay quien busca un ideal de “belleza” a través del verso. En el caso de Enjambre, de Alberto Arce, el verso es un fin en si mismo. Un territorio que explorar y que comprender.

La poesía que puebla las páginas de Enjambre viene cargada de ecos de otras épocas. Hay una influencia evidente de las vanguardias, en tanto que a Alberto Arce parece preocuparle mucho la poesía misma, dedicando varios poemas a la reflexión sobre la propia naturaleza del verso. También puede apreciarse una influencia clara de la poesía del siglo XIX en los temas: abunda la nocturnidad, la reflexión solitaria durante la noche, el poeta enfrentado a su propio yo etc. La bohemia viva, adaptada a la realidad de hoy.

Llama la atención que Alberto Arce parece tener poca confianza en que sus poemas sean entendidos como él quiere: aparecen de forma casi constantes apelaciones al lector, momentos en los que se rompe la “cuarta pantalla”, ya sea bien para ofrecer pistas sobre el buen entendimiento de lo que se está leyendo o bien, ofrecer una cierta complicidad entre autor y lector.   Por momentos, da la impresión de que Arce es consciente de la propia dificultad de su poesía, del peligro que yace escondido tras la metáfora: que el lector no consiga entenderla, que la relación entre términos sea demasiado abstracta, demasiado personal.

El objetivo de Enjambre es una especie de oxímoron en sí mismo: ser poesía. Para alcanzar esto, Arce intenta llegar a conocer la poesía en sí, su ser, su manera de funcionar. Y para alcanzar este grado de conocimiento por un lado reflexiona sobre estas cuestiones en el mejor terreno posible: el poema. Además, intenta ajustarse a las normas clásicas de la poesía, especialmente el ritmo y en menor medida, la forma. Estas reglas, no obstante, no están interiorizadas en el autor, sino que aparecen como meros escalones que recorrer para alcanzar el dominio del verso. El resultado es un poemario de progreso avanzado, una obra en la que su autor, a través de la práctica, busca desprenderse de las que considera sus trabas, evolucionar como poeta mediante la creación de poemas. Aprender a andar andando.

Quizás debido a este reconocimiento del eterno proceso formativo del poeta explique las inseguridades que se dejan ver en la primera parte de la obra. Como si pudiéramos ver la evolución de Alberto Arce a lo largo de las páginas de Enjambre, las referencias al lector desaparecen a medida que progresa la lectura.

Enjambre es un poemario de experimentación o más bien, evolución. A través de sus páginas, podemos encontrar una especie de “diario de trabajo” donde vemos a un poeta preocupado por su poesía de misma forma que un corredor olímpico se preocupa por sus marcas.

Enjambre puede comprarse a través de

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“La Nieve de Pesicia” – Roberto González-Quevedo

Pesicia es un territorio inventado por el poeta Roberto González-Quevedo, quien forma parte del movimiento literario ligado al surdimientu junto a otras figuras de la poesía asturiana como Berta Piña, Pablo Marín Estrada o Andrés Solar. Consiste en un territorio mítico, pero real, situado en el occidente de Asturias. Su nombre se remonta a un explorador romano llamado Plinio, que denomino paesici a los pueblos que habitaban en esta zona. A partir de ahí, González-Quevedo comenzó a definir toda la cultura de Pesicia a través de varias obras, siendo La nieve de Pesicia, publicado en Baxamar Editores, su obra más reciente.

La poesía que González-Quevedo incluye en La nieve de Pesicia tiene a la nostalgia como punto de partida. El recuerdo de la infancia, marcada por la vida en el entorno rural y por momentos, primitivo, en el que el hombre forma parte de la naturaleza y convive con ella. Este recuerdo aparece mezclado con una memoria incluso anterior, cuando los humanos no solo convivían, sino que sobrevivían con ella. Se establece un antes y un después en la relación entre ambos que muestra como lo natural como un concepto humano y por tanto, propuesto a cambiar a medida que la humanidad cambie.

A través de estos poemas, Roberto González-Quevedo va dibujando un retrato completo de Pesicia, no limitado solo al paisaje, sus habitantes o sus pueblos, sino que también incluye a la mentalidad de sus habitantes, su relación con el entorno y los muchos cambios que ha sufrido a lo largo de su historia. Se intenta definir, hasta el más mínimo detalle que sea representativo la zona occidental de Asturias. Un retrato vivo de una zona con personalidad propia, no necesariamente igual que el estereotipo que define lo que “somos” los asturianos. A través de Pesicia, González-Quevedo rompe con los estereotipos de la asturianía e indirectamente muestra que en realidad, ninguna cultura es homogénea y que los tópicos que asociamos con cualquier lugar, aunque tengan algo de cierto, son tan solo una representación excesivamente sencilla de una realidad muy compleja, como son todas las realidades.

A través de La nieve de Pesicia, Roberto González-Quevedo muestra una cara poco conocida de la cultura de Asturias y la lleva hasta la universalidad, enriqueciendo en el proceso la cultura de toda Asturias en su conjunto, puesto que la heterogeneidad o cualquier cosa que ayude a que una cultura se vea representada más allá de la unidimensionalidad de los esterotipos, en general, no hace sino enriquecerla.

La nieve de Pesicia puede comprarse a través de la página de la Librería Cervantes.

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Ritmo latino – Jorge Blanco Ingelmo

¿Para qué sirve la poesía? ¿Qué buscan aquellos que deciden escribir libros de poesía? ¿Qué función tienen las humanidades hoy en día? A través de estas preguntas, o más bien, de las respuestas que hoy en día algunos dan a esas preguntas, Jorge Blanco Ingelmo escribe los poemas que forman Ritmo Latino, poemario ganador de la última edición del Premio Emilio Alarcos de Poesía y como todos los ganadores de susodicho premio, publicado en la editorial Visor.

La poesía que Jorge Barco Ingelmo recoge en Ritmo Latino es de corte conservador, no en la forma, si no en el contenido. En estos versos se revindica el estado, o más bien estatus, que la poesía tenía cuando la literatura en general no se tenía en mayor o menor consideración en función del mercado, es decir, de la mayor o menor aceptación que pueda tener el público. El objeto de estos poemas es aquel tiempo en el que se consideraba que la calidad de la literatura escrita en verso se puede medir en base a una serie de reglas establecidas e independientes de las modas del público. Una visión más pura donde lo importante eran los poemas y no las ventas, los costes, la promoción etc. Incluso puede notarse una cierta envidia por aquellos que desarrollaron su carrera como poetas bajo el paraguas de aquella idea. A través de esta idea, Barco Ingelmo establece una crítica a la filosofía que cada vez gobierna más nuestra sociedad, en donde todo se mide en base a su utilidad material. Todo aquello que no encaja en este esquema, se desprecia por ser considerado inútil, innecesario.

Lo que comienza como una forma de revindicar la poesía, acaba por ser una reivindicación de todas las humanidades, todo lo que nos hace crecer no en el cuerpo, si no en la mente. Esta idea, por supuesto, no tiene por qué ser conservadora de por sí: la razón de ello es que Ritmo latino mira al pasado, a la concepción más tradicionalista de la literatura para defender esta postura, en lugar de buscar un planteamiento nuevo. Cabe decir que el conservadurismo ideológico de este poemario se limita solo a la concepción de las humanidades como bien necesario para cualquier sociedad.

La defensa de estas ideas se realiza en el poema a través de la ironía, que al igual que en los buenos memes, es el recurso principal de Ritmo Latino junto al humor. Barco Ingelmo en sus poemas compara esta visión nostálgica e idealista de las humanidades con la actual, con un resultado cómico. Se nos presenta de forma caricaturesca al poeta como alguien que aspira a ser una especie de estrella del rock, despreocupándose de la poesía en general y retrata el interés por las humanidades como algo bohemio y casi irracional. El poeta afronta el triste destino de la poesía con humor ¿Con que si no?

Hacia el final de Ritmo Latino, comienzan a aparecer en los poemas algunos versos que recuerdan a slogans publicitarios. He aquí la gran ironía de clamar que la poesía no sirve para nada: la publicidad se nutre de recursos poéticos. Es una especie de alivio que Barco Ingelmo ofrece al final del libro. Por mucho que se desprecie y se tache de inútil la poesía, sobrevivirá, aunque sea a través del uso que se le da en los anuncios que vemos todos los días. De forma velada y elegante, Ingelmo muestra la utilidad de la poesía a aquellos que consideran que no sirve para nada.

El ganador del último Premio Emilio Alarcos de Poesía es un libro lleno de humor e ironía, que sin dejar de ser una lectura ligera, consigue hacer una crítica profunda al desprecio que sufren las humanidades en la sociedad actual.  Una lectura donde entretener al lector no se ve reñido con hacerle reflexionar. Educar y deleitar, como decían los ilustrados.

Ritmo latino puede comprarse a través de Casadellibro

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«Donde la ebriedad» — David Refoyo

Publicado en La Bella Varsovia y con una referencia clara a cierto libro de Claudio Rodriguez en el título, Donde la ebriedad es el tercer poemario de David Refoyo (Zamora, 1983), quien además de poeta también ejerce de narrador (tiene publicadas un par de novelas) y lidera un proyecto performativo, Refoyo y SusHijas, en el que mezcla poesía, música y performance.

David Refoyo hace de su poesía una búsqueda constante del más allá en la forma. Esto, por supuesto, le lleva a dejar atrás todas las formas establecidas que puede tener un poema como punto de partida. Esta búsqueda de lo nuevo por encima de todo, que al fin y al cabo no tiene más método que el experimento (y esto, hablando en lenguaje más llano, consiste en la mayoría de los casos en dar palos de ciego e ir viendo lo que sale) le lleva a incluir elementos peculiares en sus poemas, como por ejemplo, incluir textos paralelos que dan un cierto contexto al poema unas veces y otras, aportan una voz paralela, una serie de versos que hablan del propio poema desde dentro, como si tuviera varias capas que interpretar. Otras veces, incluye llamadas al pie de página para introducir pequeños fragmentos de prosa que aumenten el significado de ciertas palabras dentro del poema. Añade intensidad, pero también hace más difícil (y a veces, más confusa) la lectura.

Esta búsqueda de lo nuevo a veces flaquea y se limita a añadir pequeños pasajes de lenguajes de programación o menciones a series o elementos de la cultura pop actual. También aparecen códigos QR al final de buena parte de los poemas de Donde la ebriedad, pero no tengo claro si forman parte de ellos o no. Toda esta experimentación hace que los poemas más “tradicionales” destaquen como si fueran ellos los “raros”, un efecto peculiar en el que el lector de forma instintiva considera extraño lo que en otros poemarios sería “normal”.

Más allá de los artificios y trucos que caracterizan a estos poemas, se trata de un poemario bohemio bastante clásico. En él, se nos presentan una serie de escenas de bohemia, supuestamente vividas por el autor, acompañadas de reflexiones sobre las mismas y una cierta nostalgia que surge del recuerdo de la experiencia. En ese sentido, Donde la ebriedad es un poemario bastante conservador en el que se nos cuenta lo que aquellos que pueden permitirse ser bohemios llevan contándonos desde el siglo XIX, pero con menos referencias al alcohol y la droga en general, así como un cierto optimismo frente a la vida.

David Refoyo hace de Donde la ebriedad  un laboratorio donde encontrar cuales son los límites de la forma en poesía con la mera intención de sobrepasarlos y establecerlos de nuevo. Esto es, querer pisar praderas que nadie ha pisado antes. Tarea difícil, sin duda.

Donde la ebriedad puede comprarse a través de la página de Casadellibro

 

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“Tienes que irte” – José Luis Piquero

Tienes que irte es el último poemario del poeta mierense José Luis Piquero (1967) desde la publicación de su primera antología personal, titulada Cincuenta poemas (Antología personal, 1989-2014), ambos publicados en la misma casa editorial, Isla de Siltolá. En él, se recogen una serie de poemas escritos a lo largo de ocho años en los que Piquero busca dar un bofetón al lector a través del verso punzante, pero inteligente.

Los poemas de Tienes que irte pretenden romper la subjetividad y entender la otredad de los que nos rodean. A través de grandes de humor negro, Piquero analiza los motivos que pueden llevar a alguien a cometer actos que, en principio, pueden parecer impensables o ponerse en la piel de quien vive situaciones que la mayoría no somos capaces de concebir, como el suicidio o la añoranza de la muerte. Es una poesía del entendimiento, de acercamiento al otro, lo que provoca un efecto agridulce. Me recuerda a la gran tragicomedia Underground, película dirigida por el director serbio Emir Kusturica, donde consigue que el espectador primero se ría y después, se sienta mal por haberse reído.

Al fin y al cabo, las tragedias, como todo en esta vida, son algo subjetivo. Entenderlas implica conocer a quien las sufre, es decir, a través de ellas podemos romper la cárcel que es nuestro cuerpo, nuestra percepción de la realidad y acercarnos a la fenomenología del otro. Esto genera un gran placer, que en estos poemas por lo general viene acompañada de una buena dosis de tristeza y en ocasiones, dolor. Un contraste de sabores verdaderamente delicioso. Una sensación intensa. Al leer Tienes que irte, no vivimos la experiencia que aparece en cada poema, más bien estamos ahí como espectadores, entendemos y respetamos los motivos, sin que se nos ocurra intentar evitar el acontecimiento.

El propio José Luis Piquero dice en una nota al final que algunos poemas están inspirados en ciertas personas que conoce, pero creo que eso es irrelevante. Los individuos que pudieron inspirar los poemas de Tienes que irte son totalmente secundarios al lado de sus motivos y sus acciones. Quizás, por otra parte, lo que hacemos y las razones por lo que lo hacemos sea lo que nos define, más allá de nombres o apellidos.

Ante todo, Tienes que irte es una experiencia intensa, una lectura que traslada al lector sentimientos opuestos. Un viaje interesante escrito con un lenguaje que no renuncia a lo coloquial ni pretende deslumbrar. Y lo más importante, un ejercicio de comprensión hacia los demás. Una habilidad que todos deberíamos ejercitar de vez en cuando.

Tienes que irte puede comprarse on line a través de la página de Casadellibro

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“El llibru nuevu” – Xuan Bello

Creo que no soy la persona más apropiada para escribir una reseña sobre El llibru nuevu, de Xuan bello, publicado en la vigorosa Saltadera Ediciones. No soy la persona más apropiada porque creo que Bello es el mejor poeta asturiano del siglo XX (y posiblemente, también de lo que llevamos de siglo XXI), en cualquier idioma. Aunque existen buenas razones para poder creer esto me da una cierta predisposición a la hora de escribir sobre él que se aleja de la supuesta neutralidad que debe tener un crítico. Por otra parte, ¿hay críticos que sean realmente neutrales? ¿existen los Reyes Magos? Ambas preguntas pueden responderse con el mismo monosílabo.

Hacía veinte años que Xuan Bello no publicaba un libro de poesía (el último había sido Los caminos secretos, en 1997), por lo que El llibru nuevu es una recopilación de toda la poesía que el autor de Paniceiros escribió desde entonces hasta este año. Esto se nota, este poemario abarca una gran cantidad de temas en los versos que lo componen: existencialismo ante un Dios ausente, diálogos donde se dialoga con personas ya ausentes para decir cosas que no se dijeron en su día, erotismo, reflexiones sobre la propia poesía o sobre visitas a ciudades como Roma. No obstante, el núcleo de este libro lo constituyen una serie de poemas que se sitúan en el pueblo natal de Bello. En ellos, a través de la experiencia particular se busca alcanzar una reflexión universal. No son poemas sobre experiencias concretas, sino más bien, poemas que buscan ser la experiencia misma. Que el lector a través del verso sea capaz de vivir ese momento como lo vivió el autor y extraer el conocimiento desde la primera persona. No reflejar el momento, sino ofrecerlo de manera pura, sin refinar.

Puebla las páginas de El llibru nuevu una atmósfera gris, lenta, acentuada por el verso largo, reflexivo y la nostalgia que generan los poemas dirigidos a gente muerta o sobre experiencias pasadas, pero no por ello es un poema gris. Hay mucha catarsis en este libro, mucho desahogo. Xuan Bello consigue reflejar la felicidad, el desahogo que puede encontrarse incluso en los momentos más negros de la vida. Esa sensación de tranquilidad que nos llena cuando todo ha pasado. En ningún momento es este un poemario duro de leer. La edición de este poema intercala poemas alegres con otros más existencialistas, de modo que recorrer estas páginas es como recorrer un viaje que aunque tiene momentos un poco difíciles, al final acaba valiendo la pena, por la belleza del paisaje y la sensación de satisfacción que nos deja al llegar al final.

Teniendo en cuenta que El llibru nuevu es una recopilación de los mejores poemas que Xuan Bello ha escrito en estos últimos veinte años, me pregunto cuántos poemas habrán quedado fuera de este libro. Cuantos grandes poemas no verán la luz nunca. Al menos si podemos disfrutar los que sí han sido puestos en circulación.

El llibru nuevu puede comprarse a través de la web de Saltadera.

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“Alma” – Amanda Granda Rodríguez

Amanda Granda Rodríguez es una de las voces nuevas que surgen en la fértil huerta poética asturiana. Perteneciente a la generación nacida a finales de los noventa, los que apenas conocieron el siglo pasado, comienza su carrera poética a muy temprana edad a través de recitales y slams poéticos. Al comenzar a estudiar en la Universidad de Oviedo, comienza también a participar en diferentes actividades como la revista Littera y aparece en la antología de poesía joven asturiana, Festina Lente (Circulo Cultural de Valdedios, 2017).  Alma es título que otorga a su primera obra en solitario.

En las páginas de Alma aparece una poesía basada en la observación. La descripción de un paisaje y de unos personajes a través de la metáfora y la intención de describir el sentimiento más que lo material, una especie de surrealismo sucio que dibuja una imagen espiritual cruda de un paisaje urbano. Una mística de la urbe en la que Amanda Granda va describiendo las huellas que una serie de personajes dejan en la mentalidad colectiva del entorno donde viven. No obstante, estos poemas no se limitan tan solo a la observación de personas, también hay poemas sobre momentos o experiencias. Soy consciente de lo inconcreto que resulta este análisis, pero precisamente ahí reside la gracia de esta poesía, en su falta de concreción. Los versos de estos poemas van dejando huecos para que los lectores llenen con sus propias experiencias, creando así un vínculo entre lector y poema. Una falsa sensación de que estamos leyendo algo que se refiere a nosotros. Este efecto es sutil y su efectividad puede variar dependiendo del poema y la persona que lo lee.

Son además, poemas influidos por la lírica popular. Hay un gusto marcado por los juegos de palabras y la anáfora, el verso corto, sencillo, como midiendo cada palabra. Los versos que forman Alma por momentos parecen un susurro que alguien te dice en voz baja al oído. La sencillez que caracteriza a este poemario (a veces, quizás excesiva) hace que los versos se desdibujen en “voz”, como si la intención de Granda fuese traducir la versión oral de estos al papel. Al fin y al cabo, no hablamos en versos medidos, al menos no en el lenguaje natural.

En resumen, Amanda Granda nos presenta como su primer poemario una obra que deja a un lado las ansias de perfección formal que tantos autores noveles persiguen para centrarse en la naturalidad y la sencillez. Con una poesía que no desea llamar la atención a través de su brillo. Alma nos brinda una serie de poemas donde la observación y el análisis de la experiencia se mezcla con la magia de la metáfora y ecos del surrealismo. Una reivindicación de la memoria como constructora de la experiencia, que no necesariamente necesita reproducir cada detalle para reflejar un hecho de forma realista.

Alma puede comprarse a través de la página web de la Librería Cervantes

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“Los líquidos íntimos” – Olga Novo

Una de las peculiaridades de la literatura española, que quizás no sea lo sea tanto (imagino que en las literaturas de otros países ocurrirá lo mismo) es la existencia de otras “literaturas” independientes que surgen en zonas con una lengua y una cultura propias, ajenas a la oficial, que en este caso sería la del castellano. En España, quizás el ejemplo más evidente sea el modernismo catalán, que ya a principios del siglo XX consiguió su independencia del modernismo español sin necesidad de referendum ni nada.

Otras de estas literaturas underground de España es la Galicia, que se origina en la Edad Media con la lírica en gallego-portugués, renace en el siglo XIX ligada a poetas como Rosalía de Castro y hoy tiene una de sus voces más destacadas en la poesía de Olga Novo (Villarmao, Lugo, 1975), quien comenzó su carrera poética en 1996 con la publicación de A teta sobre o sol, poemario al que siguieron Nós nou (1997), A cousa vermella (2004), Monocromos (2006) y Cráter (2011). En Los líquidos intimos, publicado en 2016 por Ediciones Cálamo, Novo traduce parte de su obra al castellano para su primera antología bilingue. Cabe destacar la edición de esta obra, que consigue publicar los poemas en ambos idiomas sin multiplicar por dos el número de páginas.

La poesía de Olga Novo llama la atención por su diferencia respecto a los demás autores y autoras de su tiempo. Frente a la perfección formal de algunos y la simpleza y storytelling de otros, Novo plantea una poesía cercana al surrealismo y la vanguardia en general, haciendo de la metáfora y la alegoría sus dos mayores armas. Versos salvajes y libres donde prima el contenido, la densidad y no aparece ningún molde: es el propio poema el que define su forma.

Comparte Olga Novo alguna temática con la poesía femenina y feminista actual: el cuerpo, la maternidad, la lucha política por la igualdad, la memoria materna, etc. Pero también trata temas que entroncan con la tradición oral gallega, como la presencia de los muertos a través de la memoria y el dialogo que los vivos mantienen con ellos. En algunos poemas estas dos vertientes parecen fundirse de forma natural a través de la voz de Novo. Hay también algo de poesía telúrica, es decir, de la tierra, en estos poemas, una evidente conexión con lo rural y lo agrario.

En el aspecto más técnico, Novo se caracteriza por un lenguaje coloquial que gusta de juegos de palabras simples, naturales, y que no está reñido con el culturalismo (a través del cual nos deja entrever algunas de sus influencias, como Walt Whitman o Virginia Woolf). Son estos versos libres, despreocupados, que ni quieren ni necesitan ajustarse a ningún canon, por muy clásico que sea.

Con Los líquidos íntimos, Ediciones Cálamo pretende acercar la poesía de Olga Novo a todos los lectores españoles. El hecho de que la autora haya tenido que traducir su obra para esta antología refleja la terrible situación lingüística de este país. Novo no debería tener que traducirse a si misma para ser leída por la masa lectora española. Una poesía de esta calidad no debería tener que adaptarse a la lengua castellana para acceder al gran público. Al fin y al cabo, estamos hablando de gallego, no de cantonés, y de la misma forma que un hablante nativo de castellano no tiene (o más bien, no debería tener) problema en leer a Pessoa en versión original, tampoco debería tenerlo a la hora de leer los poemas que forman Los líquidos íntimos sin traducción al castellano.

Los líquios íntimos puede comprarse a través de la página de Casadellibro