Presentación del nº5 de Anáfora: La reyerta infinita

            12011318_695637867204419_8313216589111775526_nJose Luis García Martín y Saul Borel se saludan antes del encuentro

Por raro que parezca, la presentación de este número se hizo en la Facultad de Ciencias, territorio que para mí siempre había sido desconocido. No puedo evitar sentirme extranjero en otras facultades de la Universidad de Oviedo, no sé por qué. Me parece que los pasillos, los suelos, la gente, todo es diferente, aunque no lo parezca a simple vista, me hace sentir una sensación parecida a visitar otro país. Decir que, aunque me encanta viajar al extranjero, suelo evitar visitar otras facultades. Quizás estas sensaciones sean un derivado del espíritu territorial que había en la Universidad de Oviedo cuando comencé la carrera, (¿Gente de letras en la facultad de ciencias? ¡Habrase visto!).

Para los que no lo sepan, Anáfora es una revista de creación y crítica dirigida por Cristian David Lopez y Pablo Núñez donde aparecen textos en prosa, poesías y críticas literarias de autores jóvenes (y no tan jóvenes), de hoy en día. Tienen pagina en facebook y puedes suscribirte a sus numeros aquí.

Las premisas de este evento eran demasiado buenas: presentación de un nuevo numero de Anáfora, lectura de poesía y un autentico fight of the century, Jose Luis García Martín, the champ defendiéndose ante el aspirante Saul Borel. Una pelea que dejó en evidencia al duelo entre Pacquiao y Mayweather. La razón de este choque, el relato de Borges “La biblioteca de Babel, mas concretamente, la posibilidad de la existencia de una biblioteca total, Martín defiende, desde hace 20 años, la imposibilidad de la existencia de esta, mientras que Borel, por su parte, defiende que podría existir. “A” o “no A”, posturas antagónicas que no pueden convivir en la misma mesa de debate.

La expectación era altísima y la sala estaba a reventar. A modo de entremeses, los poetas Rodrigo Olay, Aida Masip y Carlos Iglesias, colaboradores de Anáfora. Leyeron antes y después del combate y sus versos, desgraciadamente, se vieron un poco eclipsados por la magnitud del evento principal de la velada. Personalmente, quien mas me gusto fue Rodrigo Olay, con su dicción clara y su manera soberbia de recitar versos. Ojalá los tres hubiesen tenido algo más de tiempo para leer más poemas, pero no va a ser todo el monte orégano.

El combate principal fue largo, denso, divertido y por partes, quizás demasiado técnico (nada que no se esperase, por otra parte), para resumirlo, voy a recurrir a esa frase que tanto aparece en los foros de ultras, “los que estuvimos allí sabemos lo que pasó, solo decir que al final las primeras filas estaban salpicadas de sangre y números finitos e infinitos. Por suerte, mi editora Elena Avanzas estaba allí haciendo un resumen de la encarnizada batalla. Adjunto los apuntes que recogió.

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Al final, los murmullos de los matemáticos, físicos y otras gentes de ciencia que asistieron al evento eran enormes, como rugidos de un león con hambre. El combate fue como uno de boxeo, de esos de los 70, en el que los dos púgiles aguantaban hasta el decimoquinto asalto, terminaban con la cara y el alma destrozados y los jueces daban una victoria unánime que no satisface a nadie (aunque este no fue el caso), todo el mundo vuelve a casa y discute sobre como la decisión fue justa o injusta y sobre la necesidad de un rematch. O dos.

El problema, como bien apuntó el poeta Xaime Martinez desde el público, es que los dos contrincantes jugaban en campos diferentes con reglas diferentes. Jose Luis García Martín defendía su crítica desde la lógica, mientras que Saúl Borel se movía en el materialismo. Honestamente, si alguien me preguntase quien fue el ganador (y no pudiese reírme y evitar el tema), diría (que no digo), que el vencedor del encuentro fue el señor Borel. No sé, a mí me parece que sus argumentos basados en las matemáticas eran mas convincentes y mucho menos abstractos y además, su artículo en el ultimo número de Anáfora resulta claro y convincente. De todas formas, mi opinión no es justa, ya que no he tenido la oportunidad de leer el artículo de J.L.G Martín, publicado en 1973, por falta de disponibilidad, pero me encantaría leerlo.

Después del combate, por cortesía de Saúl Borel, hubo una chocolatada en una sala contigua. Desgraciadamente, la certeza de que el chocolate no era infinito no se puso en duda en ningún momento, aunque yo creo que había de sobra para el abundante, pero finito publico que asistió al evento. El propio Saúl reconoció que no sabía si habría chocolate para todos, lo cual debió hacer que muchos se fueran sin ni siquiera intentar conseguir un vasito. Más para los que nos quedamos.

Fotos del evento cortesía de la Revista Anáfora
Apuntes del combate dialéctico, cortesia de Elena Avanzas

2 respuestas a “Presentación del nº5 de Anáfora: La reyerta infinita

  1. Me temo que no me he explicado bien. No hay discusión: no es posible una biblioteca total que contengan todos los libros escritos y por escribir e incluso los libros que, por absurdos, no se escribirán nunca. Las combinaciones de las letras, como las de las cifras, son infinitas si siempre podemos añadir una más para propiciar nuevas variaciones (dada una obra literaria que contenga x palabras siempre podemos imaginar otra con una palabra más, lo mismo que a cualquier número, por grande que sea, podemos sumarle la unidad).

    JLGM

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