“La amplitud de una nevera americana” de Pedro Andreu

Salgo de clase un poco antes, a menos cuarto, porque quiero acercarme a la librería Cervantes a comprar algún libro de poemas antes de ir a la estación de tren. Tengo en mente “Búfalo Bill ha muerto”, de E.E. Cummings, el poeta estadounidense de vanguardia. Es el único poeta de vanguardia en habla inglesa que conozco y siento curiosidad, (por alguna razón, toda la poesía vanguardista que he leído hasta ahora procede de autores no angloparlantes)

“Se ha agotado. Para la semana que viene, el martes o el miércoles, llegaran más” – Me dijo la librera. “Vaya por Dios” – Respondí yo.

Vuelvo a la sección de poesía, sin tener muy claro que llevarme a casa. Empiezo a mirar libros a ver si alguno llama mi atención, entonces aparece “La amplitud de una nevera americana”, de Pedro Andreu. Es una edición bonita, abro la portada y leo unos versos que me llaman la atención: Un buen lugar para escribir poemas / es detrás de los tickets de la compra. Miro la hora, debería irme ya o perderé el tren. Decido comprarlo (12 euros), de todas formas, está publicado por Frida Ediciones. Nada que tenga el nombre de Frida Kahlo puede ser malo, ¿verdad?

Dividido en cinco partes de extensión irregular, “La amplitud de una nevera americana” nos retrata varias experiencias de la vida del autor. La calidad de las partes es también irregular, de hecho, todo el libro da una sensación de manierismo, cada parte parece independiente respecto a las demás. De todas ellas, las más destacables son la primera, “A pesar de los hombres y los supermercados” y la segunda, “Tiquets de la compra”.

En la primera parte el autor se sumerge en el mundo de la vida nocturna, la del que trabaja de noche (“Cortometraje en un hipermercado”, “turno de noche”) y la del insomne (“Instrucciones de espera para idiotas enamorados”, “Consejos para uno mismo frente al espejo…”). El autor consigue retratar el mundo de los noctámbulos, la soledad, el silencio y la peculiaridad de las personas que están obligadas, por cualquier razón, a estar despiertas mientras los demás duermen.

La segunda parte consta de poemas cortos, entre dos y doce versos, como si estuviesen escritos, en efecto, por la parte trasera de un tiquet de compra. Tratan sobre reflexiones medio filosóficas sobre la vida cotidiana con algo de sensiblería. Son como pinceladas rápidas que de vez en cuando aciertan, aunque otras muchas veces se pierden en la sensiblería y la profundidad rebuscada.

El resto del poemario, en mi opinión, no merece la pena. Tratan sobre emociones que el autor sintió en ciertos momentos de su vida, escritas de modo (demasiado) personal e íntimo, dirigidas en su mayoría a personas concretas o a un “tú” abstracto. Obligan al lector a sentirse identificado e incluso a imaginarse toda la situación en la que se dirían esas palabras, una especie de suspensión de la incredulidad parecida a la que exige una película. En el caso de la poesía, sin embargo es pedir demasiado.

El poemario, desde un punto de vista estético, busca el minimalismo y la sencillez en la expresión. Quiere sonar espontaneo, que al ser leído en voz alta suene como una conversación o un comentario entre amigos. No obstante, con frecuencia fracasa en ello. Esto se debe a que escribir como hablas está bien, pero solo si hablas bien. El lenguaje del libro está salpicado de palabras malsonantes que buscan aportar naturalidad o intensidad, pero no consiguen ni lo uno ni lo otro. De hecho, si hay algo que consiguen es hacer parecer más forzado el lenguaje. Algunos versos dan la extraña sensación de haber sido traducidos del inglés (no es el caso). Quizás sea que en el lugar donde vivo algunas expresiones que para el autor son coloquiales, aquí no lo son tanto. Este tipo de recursos son un arma de doble filo, al escribir con lenguaje coloquial el poema gana una cierta naturalidad, pero te arriesgas a no sonar nada natural para los lectores que no compartan tus expresiones. Por otro lado, la sencillez excesiva del pomario es la causa de que algunos de sus poemas más cortos caigan en la banalidad.

En general, “La amplitud de una nevera americana” es un poemario demasiado sencillo, demasiado personal y demasiado insignificante. Los poemas no van más allá de una serie de frases bonitas sin ningún subtexto, con la osadía de obligar al lector a imaginarse todo un contexto para que sean realmente efectivos como poemas. Pobre Frida, no se merece que publiquen estas cosas con su nombre.

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