“Voces presentes, Voces ausentes”

Ayer, en el edificio que está en medio del Parque San Francisco, en Oviedo (“la granja”, lo llaman), hubo un evento de poesía organizado por la la Red de Bibliotecas del Ayuntamiento de Oviedo en colaboración con la asociación Lectores de Bibliotecas y Teatro Margen. En él, con motivo del día internacional de la biblioteca, se homenajeo a Ángel González y a la estela poética que dejó en su ciudad natal. No sé si sería gracias a Ángel González o no, pero sí que es cierto que en Oviedo existe un ambiente literario bastante extendido y agradable, a pesar de ser una ciudad bastante pequeña.

A nivel personal, tengo una relación extraña con Ángel González. Obviamente, no pude conocerle en vida, solo en obra, pero la manera de conocerle fue un tanto peculiar. Cuando aún iba al instituto, mi afición por escribir poemas (todos horrendos salvo uno, “Oda a la patata”, perdido para siempre), llamó la atención de mi profesora de lengua. A ella también le gustaba la poesía, recuerdo que era muy fan de Ángel González. Quiso que lo leyese, pero yo era muy rebelde y muy punki y lo descarté. Por aquel entonces estaba demasiado deslumbrado por la Generación del 27 y la poesía de los años 20 y 30 en general.

Cuando empecé a estudiar filología en la Universidad de Oviedo, la cosa empeoró. Ángel González había fallecido recientemente y la Universidad de Oviedo se volcaba en el recuerdo de su hijo predilecto. Recuerdo que en el Campus del Milán organizaban eventos sobre el poeta al menos dos veces al mes (reconozco que este recuerdo, probablemente fue exagerándose con los años). Para mí, esto terminó de convertir a Ángel González en mi Leopoldo Lugones personal: un poeta laureado y académico al que yo, en mi rebelde rebeldía, rechazaba por ser demasiado mainstream. Así de tontito puede llegar a ser el hombre.

Hace un año o dos, vi “La primavera avanza”, la antología de Ángel González que obligaban para la PAU (no sé si aún lo hacen), y me vino a la cabeza la historia que acabo de contar. Pensé “¿Qué demonios?” y compré el libro. Cuando lo leí me encantó, especialmente “Grado elemental” y “Prosemas o menos”. En su momento, me dio una rabia tremenda pensar lo ignorante y atrevido que fui durante años, pero al menos ahora tengo una anécdota casi interesante que contar sobre mí y el poeta ovetense.

Pero me estoy yendo por las ramas. El evento de ayer consistía en la lectura de poemas por varios autores jóvenes junto a otros no tan jóvenes, Fernando Menéndez, Carlos Iglesias, Rodrigo Olay, Mario Vega y Julio Rodríguez. Cada dos poemas, los Lectores de Bibliotecas, recitaban poemas de varios autores entre los cuales estaban Fernando Beltrán, Víctor Botas, Francisco Alba y por supuesto, Ángel González. En alguno de estos interludios incluyeron alguna performance donde pintaban o incluso interpretaban poemas a varias voces, algo que me pareció muy interesante.

No sabría decir hasta qué punto se homenajeo al poeta ovetense ayer, más bien se le otorgó voz a una serie de poetas actuales de Asturies, cosa que siempre es interesante. Estoy seguro de que el propio Ángel González preferiría restarle espacio a sus homenajes para dejar sitio a poetas jóvenes o actuales. Esperemos que la Red de Bibliotecas del Ayuntamiento de Oviedo siga organizando eventos tan buenos como este

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