“Diciembre y nos besamos” – Paula Bozalongo

Gracias a Mario Vega, editor de la revista Maremagnum (que últimamente acostumbra a dejarme una gran cantidad de libros), llegó hasta mis manos este libro, Diciembre y nos besamos, de la granadina Paula Bozalongo, con la promesa de que es realmente bueno. Premisas para ello no le faltan, ya que fue vencedora de la vigésimo novena edición del Premio de Poesía Hiperión, por unanimidad del jurado.

La autora prefiere utilizar un vocabulario sencillo que tiende hacía la reproducción exacta de los objetos retratados en verso. El ritmo de este poemario viene marcado por las imágenes, que se van mostrando en los poemas como diapositivas. Algunas imágenes, de tendencia estática, se dibujan en un solo verso que puede variar su extensión, mientras que otras, más dinámicas, se expresan en varios versos. El movimiento en la imagen se consigue a través del encabalgamiento. Esta fórmula a la hora de plasmar imágenes en el poema hace que la extensión de los versos baile entre el arte mayor y el menor. También aporta a los poemas un ritmo pausado, a pesar de que algunos contienen encabalgamientos de hasta cuatro versos. Estas imágenes descritas con exactitud, en algunos poemas logran generar una atmosfera de trascendencia. En otros, refleja el valor de ciertos objetos cotidianos (una maleta, una habitación en la que ya no vive nadie), y los eleva a la categoría de símbolos.

De hecho, “símbolos” es una palabra clave para entender este libro. Paula Bozalongo refleja una clara influencia de los simbolistas del siglo XIX que se aprecia en la cantidad de símbolos que pueblan todo el poema. Por ejemplo, vemos la sombra, la falta de luz, que representa la tristeza o más bien, una especie de atracción de la tristeza. Curiosamente, este símbolo se corta de raíz en un poema, Cicatriz, en el que la autora decide dejar de sentirse atraída por la tristeza. Otro aspecto fundamental del libro es la nostalgia, a veces por algo que no se ha llegado a vivir. Una especie de nostalgia por un tiempo pasado que la autora experimentó a través de una representación más o menos idealizada de él. Destacan, además, los poemas sobre viajes. Paris, Nueva York, Sarajevo y Berlín aparecen retratadas en poema, no de forma plástica, sino espiritual. La autora granadina viaja mucho y le gusta visitar ciudades más allá de sus monumentos y lugares famosos. En estos poemas podemos encontrar la sensación que se respira en una ciudad, en sus calles menos frecuentadas por turistas. Su esencia.

Bozalongo refleja su futura profesión en su obra (En el momento en el que se publica este poemario, estudiaba arquitectura en Madrid), escondidas entre los poemas, podemos ver muchas referencias a la arquitectura, sobretodo en forma de geometría, algunos poemas extraen su nombre de esta disciplina (Geometría, línea, circulo) y las formas pueblan otros muchos poemas. Además, encontramos muchas construcciones dentro de los poemas, ya sea en forma de puentes, calles, rascacielos e incluso ruinas.

Diciembre y nos besamos, constituye un poemario fresco y sencillo. Una lectura sobre nostalgia y recuerdos que la granadina consideró lo suficientemente buenos para ser recordados. Al fin y al cabo, ese es uno de los muchos puntos que el oficio de poeta implica dominar, valorar lo que merece ser recordado y lo que no.

2 respuestas a ““Diciembre y nos besamos” – Paula Bozalongo

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