“Parentesco” – Alba González Sanz

Los eventos que marcan nuestra vida son finitos. Tienen un principio y un final, y a partir de ahí, solo nos queda el recuerdo. Podríamos decir que lo único que nos queda de estos sucesos vitales es la memoria de ellos, de ahí que algunos consideren la memoria, tanto personal como histórica, algo tan importante. La manera que tengamos de recordar algo condiciona nuestra noción del suceso. Teniendo esto en cuenta, podemos ver como la poesía, a veces, constituye un lugar donde poder fijar estos recuerdos, definirlos y evitar que puedan sufrir algún cambio por parte de la caprichosa memoria. Para algunos autores, como es el caso de Alba González, la poesía constituye además, un espacio para reflexionar sobre estos recuerdos que la marcaron. Una mesa de análisis para todas las “personas” que forman su “yo”, tanto las que se presentan en sociedad, como las que se reservan para ambientes más íntimos.

Parentesco constituye una construcción de la autora a través de recuerdos personales y memorias familiares, así como una definición de los propios recuerdos de la infancia. En esencia, Alba González estudia y define su familia, su entorno y su juventud para poder definirse a sí misma. Una vez construido este mundo a partir de memorias, la poeta tiene un objeto de análisis y reflexión, ya sea sobre el propio concepto de memoria, sobre lo que constituye una autobiografía o sobre la manera que tienen de transmitírsenos los recuerdos, incluso recuerdos que se heredan de generación en generación, el reflejo de una misma en fotos familiares antiguas, en blanco y negro, que el tiempo va tiñendo de amarillo. La transmisión de recuerdos es un tema tratado a fondo en el poemario. Incluso hay espacio para reflexionar sobre la transmisión de recuerdos en un futuro (Jpg). En la época de las redes sociales y los álbumes de fotos digitales, quizás hayamos perdido el ritual de ojear el viejo álbum de fotos u ordenar la caja de fotos antiguos, que espera escondida en el rincón más oscuro de algún armario o trastero.

A través del verso, de esta definición de la propia persona, Alba González Sanz se muestra libre, libre para ser lo que ella quiere ser, para recordar lo que ella escoge recordar y eso se refleja en la métrica. La poeta respira profundamente en cada verso y no permite que ninguna forma le imponga sus propias reglas. Por ello, prácticamente, no aparece ninguna forma establecida en el poemario. No obstante, tampoco parece que busque una ruptura con las formas y se puede apreciar que cada poema ha sido pulido. Forma y contenido se adaptan el uno, poniéndose ambos a disposición de la autora. Por ello, encontramos tanto verso largo como verso corto. El verso corto se utiliza para expresar recuerdos breves, fugaces, como chispazos de la memoria, mientras que el verso largo aparece para definir espacios o reflexiones. La fotografía también tiene una gran importancia en este libro y se puede apreciar la búsqueda de una exactitud fotográfica en algunos versos.

En las páginas de Parentesco encontramos la construcción del “yo” de la autora. Un ejercicio de conocimiento y crítica de uno mismo. La lectura de este poemario es como conocer a Alba González Sanz, o más bien, conocer lo que hace que Alba sea la persona que es.

Alba González Sanz cuenta con su propio blog, donde pueden leerse algunos de sus poemas. así como información sobre la autora.

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