“El lugar en mi” – Antonio Manilla

Desde León, con no menos de cuatro poemarios, un par de libros en prosa y un nutrido palmarés de premios que incluyen el Emilio Prados y José Espronceda de poesía, así como otros por su labor periodística, como el Francisco Valdés, Antonio Manilla publica El lugar en mi, su quinto poemario con el que consiguió ganar el XVIII Premio de poesía Ciudad de Salamanca. El título parafrasea un verso del premio nobel de literatura irlandés Seamus Heaney.

Manilla escribe estos versos como midiendo un año en su entorno. Una zona castigada que ve a su gente irse, lo que genera nostalgia respecto al ayer y una pesadumbre sobre lo que deparará el mañana. Recorre todo el poemario una pugna entre el pasado y el futuro, luchando por apoderarse del presente. No obstante, queda la tierra, el paisaje, que siempre ha estado y siempre estará. El poeta, en una auténtica antítesis de la poesía bucólica, se adapta a la naturaleza que le rodea. Una naturaleza que cuenta con sus propios ciclos, sus propios tiempos y que poco le importa si estos se adaptan al hombre o no. Las personas vienen y van, pero la tierra permanece. El poemario se divide en cuatro partes, cada una con el nombre de una estación, lo que genera una estructura circular. La naturaleza, indiferente ante los conflictos humanos, repite sus procesos una y otra vez, proporcionando una estabilidad eterna, un asidero donde agarrarse en los momentos inciertos, algo que pase lo que pase, seguirá resistiéndose al tiempo y a los hombres.

Se repiten varios elementos a lo largo del poema, el chopo, el rio, el pájaro (a veces, ausente, representado por el nido vacio). A través de ellos, Manilla dibuja el paisaje que le rodea a medida pasan las estaciones y nos indica como interpretar estos simbolos para poder anticipar el siguiente paso del ciclo eterno de la naturaleza. También vemos como las estaciones hacen que el poeta se sienta de manera diferente. Por ejemplo, mientras que el verano le incita al descanso y a la celebración, el otoño le propicia un estado más propicio al recuerdo de los seres querido y a la añoranza del pasado.

En los primeros versos, Antonio Manilla plantea una duda, “no sabemos si irnos o quedarnos. / Si echar raíces / o dejarnos crecer alas”. Cuando uno llega al final del poemario, se da cuenta de la realidad, dura y bella a partes iguales: da igual. La tierra, el paisaje seguirá igual, indiferente a nosotros, sabedora de que seguirá siendo nuestra tierra. La casa donde crecimos se hará vieja, resistirá mejor o peor el paso del tiempo y las estaciones, pero siempre seguirá siendo nuestra casa. Nos seguirá llamando, pase lo que pase. Podremos ignorar la llamada o seguirla, pero la llamada, al igual que la tierra y la naturaleza, permanece. Todo esto escrito con un lenguaje sencillo y claro, que no necesita de ninguna virguería verbal, puesto que en el paisaje y en la emoción el poeta encuentra todo el arsenal que necesita para causar el deleite del lector. El lugar en mi es un libro de poesía humilde, sencillo y fieramente recomendable para cualquiera, independientemente de que sea un lector habitual de poesía o no.

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Antonio Manilla cuenta con una columna de opinión en el “Diario de León”, llamada “Cuerpo a tierra”.

 

 

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