“Ser el canto” – Vicente Gallego

Vicente Gallego comenzó su andadura poética allá en la lejana década de los 80, inscribiéndose en la llamada poesía de la experiencia junto a otros autores como Carlos Marzal o Luis García Montero. Desde entonces ha publicado una decena de poemarios y ha sido ganador de varios premios de poesía como el Premio Loewe de Poesía. Ser el canto es su último poemario, con el que logro coronarse como vencedor del XVIII Premio de Poesía Generación del 27, uno de los premios más prestigiosos de este país.

Parafraseando a Antonio Machado, Vicente Gallego se nos presenta en Ser el canto ligero de equipaje. El propio título del libro pretende darnos una pista sobre el objetivo del mismo, Gallego no quiere hacer poemas, sino ser los propios poemas. Los versos aparecen desprovistos de grandilocuencia u ornamentos en favor de la claridad. Esto, unido a la falta de rima o formas clásicas hace que estos poemas se acerquen a la poesía pura. Cada canto busca alejarse lo máximo posible de cualquier confusión o malentendido que pueda causar el lenguaje, quizá para reflejar lo que el autor ve y siente lo más sinceramente posible, antes de la reflexión que otorga el pensamiento a todo lo que vemos y sentimos. Aunque estos versos por momentos pueden parecer alegóricos, no lo son. Simplemente el autor refleja en el papel la realidad vista a través del prisma de su visión, de la forma más plástica posible. A través de esta sencillez podemos observar como el autor se desliza hacia la poesía mística. El poemario se divide en cincuenta cantos de extensión y forma irregulares, predominando claramente el contenido frente a la forma.

El tema principal del poemario es la propia poesía. Vicente Gallego a través de sus versos intenta avergiuar lo que diferenciar a la poesía del lenguaje común, esa chispa que hace vibrar y que parece tocarnos una fibra a la que el lenguaje convencional no llega. Es por esto por lo que su poesía se vuelve tan sencilla, para quitar cualquier tipo de ornamento que nos aleje de la esencia de la poesía. Esta búsqueda comienza en la noche, espacio en el que el autor parece encontrar el ambiente adecuado para la reflexión de estos temas. También la realiza en su día a día. Gallego sabe que la poesía está en todas partes y por ello intenta aislar la que encuentra en su entorno cotidiano y en la naturaleza, los dos principales espacios que aparecen en este poemario. Mediante el cambio de las estaciones, podemos ver como pasa el tiempo en los poemas y el tema va cambiando hacia otras reflexiones de carácter más vital, como la vejez. Al final de la obra, Gallego no parece encontrar la respuesta que inicia este poemario, pero tampoco importa demasiado. En estos versos no importa el destino, sino el viaje.

Ser el canto es un poemario místico que sigue la línea de autores como Juan de Yepes o León Felipe. Estos versos se presentan desnudos ante el lector, seguros de si mismos y de su capacidad para emocionar al lector. Prefieren alejarse de cualquier tipo de ornamento porque saben que no son necesarios para apelar al alma humana, combinando claridad con profundidad.

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