“El decapitado de Ashton” – Iván Onia Valero

Hace no tanto tiempo, la poesía era una forma de transmitir la memoria de los pueblos. No en vano, los primeros poemas que se conocen de prácticamente cualquier cultura servían para transmitir la memoria de personajes que se consideraban dignos de ser recordados, como ocurre en los poemas homéricos o las Canciones de Chu. Iván Onia Valero juega con esta memoria colectiva en El decapitado de Ashton, su último trabajo, trasladándonos a una hipotética ciudad de Carolina del sur para narrarnos la historia de un héroe moderno.

Este poemario contiene una serie de poemas largos divididos en bloques con poca relación entre ellos. Estas composiciones se caracterizan por contar historias, ya sea de forma directa, a través de sus protagonistas o indirecta, a través de un narrador omnisciente. Una característica que hace siglos era común en la poesía pero que hoy parece estar un poco abandonada. El verso ante todo, es libre, aunque no tanto como puede parecer en un principio. El autor se propone reflejar en el papel el flujo de pensamiento de sí mismo o de los personajes que dan vida a la historia, lo cual explica la irregularidad métrica y la falta de ritmo u orden. Al fin y al cabo, así es como funciona la mente, de forma irregular, a veces uno piensa más rápido, a veces más despacio y otras, ni siquiera piensa uno en orden. La búsqueda de la reproducción del pensamiento marca la mayoría de los recursos que aparecen en este poemario, tales como la repetición o el acercamiento que por momentos tiene el autor a la prosa poética. En estos versos se nos ofrece la psique del “yo” de cada poema en estado puro y sin nada que pueda adulterarla o adornarla, de forma casi salvaje.

El eje central del poemario es la ejecución de Pit, un hombre de raza negra condenado a ser decapitado en la ciudad de Ashton por mantener una relación con Inés, una muchacha blanca. Sospecho que Iván Onia se inventó la historia, algo parecido a lo que hacía Borges en sus relatos. O es inventado, o mi google fu no es lo bastante poderoso para encontrar fuentes que confirmen los hechos. Para contar la historia Onia se sitúa en la piel de cada uno de los implicados en ella, el verdugo, Inés, el propio Pit, el párroco del pueblo etc. La historia se construye a través de los distintos puntos de vista. El único personaje que no aparece representado a través de sus ojos es el propio ejecutado, Pit, quien cuenta su historia a través del autor. Por un lado, esto da al poemario un tono existencialista. El pueblo de Ashton, ante todo quería castigar la tremenda osadía de pretender formar una pareja interracial en los Estados Unidos donde aún sobrevivía el racismo, independientemente de quien fuese el autor material. Pit es totalmente secundario en esa sociedad que no lo ve como hombre, sino como negro. Por otra parte, la manera que tiene el poema de representar a Pit como el “gran negro del sur” recuerda al blues más primitivo, en el que los esclavos cantaban las hazañas de los esclavos rebeldes que se enfrentaban a la sociedad. En cierta medida, el gran negro del sur es un héroe que se enfrenta a una sociedad injusta y recibe por ello el martirio. No sobrevive el hombre, solo la leyenda, como muestra el autor al representar la plaza donde fue ejecutado, décadas después, como un lugar donde van los amantes a consumar sus amores prohibidos. El resto de poemas ayudan a construir el trasfondo del núcleo central del libro, a excepción del primero, en el que Onia se introduce al público.

El decapitado de Ashton es un poemario que cuenta una historia a ritmo de blues. Sigue la tradición de la memoria oral de los pueblos de la que surgió la poesía y que llega hasta nuestros días. Un retorno del verso a sus humildes orígenes.

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