“Quizá el fervor” – Miguel Floriano

Algunos poetas no pueden parar. Simplemente no pueden. Quizá sea porque a través de la disciplina y el trabajo escribir se haya convertido en una especie de costumbre, porque las musas no dejan descansar a algunos o simplemente porque no tienen nada mejor que hacer, pero el flujo de versos de algunos autores parece inagotable. Miguel Floriano, que no descansa nunca, es uno de ellos. Quizá el fervor es su segundo poemario publicado en el 2015, tras Tratado de identidad y constituye el tercer libro de poemas de este autor, que empezó a publicar bastante joven y no por ello ve disminuida su capacidad creadora.

El principal cambio respecto a Tratado de identidad reside en el lenguaje. Se puede apreciar como en la construcción de este poemario, Floriano hace una mayor selección de cada palabra, o más concretamente, del sonido de cada palabra para reforzar el efecto del propio poema y aumentar su belleza estética. Esto es más acentuado en la primera parte del poemario y no hace que en ningún momento el verso se vuelva oscuro o difícil. Asimismo, se mantiene en sus versos una gran presencia de la música, de la canción, quizá incluso más que en su anterior poemario. Algunos poemas parecen haber sido escritos para ser cantados en lugar de recitados. Aunque aparecen algunos sonetos, un haiku y algún fragmento de prosa poética, este poemario está formado principalmente por poemas cuya forma es libre, con repetición total o parcial del primer verso, en el que generalmente se resume la temática del poema. Más que un cambio, este poemario muestra una evolución de estilo.

El eje temático que sustenta este poemario es el propio poeta. No obstante, este individualismo es subyacente, no se nos habla del poeta, sino de ciertos eventos que le acontecieron y a través de los cuales construye su propia identidad, o al menos la persona que fue mientras escribió Quizá el fervor. El núcleo central de estos poemas consiste en la recreación de sensaciones y sentimientos, experiencias desprovistas de la propia experiencia, reducidas a lo más elemental: lo sentido. En algunos poemas esto se convierte en un espacio fértil para la reflexión y el autoconocimiento y Floriano se desliza al terreno filosófico e incluso existencial. Asimismo, hay sitio en estas páginas para el homenaje a los maestros, donde destaca el recuerdo del también ovetense Ángel González.

Quizá el fervor nos trae más de lo mismo, pero distinto. Miguel Floriano indaga en su propio estilo para escribir poemas conocidos y la vez, nuevos. El cambio en cualquier  autor es inevitable con el paso del tiempo y Floriano no solo es consciente de ello, sino que tampoco lo teme, consciente de que es más bien poco probable que su ansía de superación le lleve a un callejón sin salida.

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