“Cien versos de luna para ella ” – Alberto Blanco Rubio

Algunas personas prefieren la carne poco hecha, incluso sangrante. Al fin y al cabo, de esa manera está menos manipulada, menos alterada y tiene un sabor más fiel a lo que realmente es. Hay algunas personas que aplican esto a la poesía, dejando fluir los sentimientos, confiando que estos por si solos tengan la belleza suficiente como para constituirse como poemas.

Nos encontramos ante un libro de prosa poética. Este es sin duda el patito feo de la poesía, pocos se atreven a experimentar con este género. La poesía generalmente se basa en el ritmo, la cadencia, para transmitir un mensaje. No obstante, la poesía en prosa deshecha este recurso en favor de la naturalidad y la pureza del lenguaje, por lo que el prosista poético no carece de esos railes que guían al poema y lo hacen llegar a su destino, contando tan solo con el contenido del poema y en menor medida, la belleza natural del lenguaje, para obtener sus objetivos. Concretamente, en Cien versos de Luna para ella, Alberto Blanco rubio nos ofrece una serie de fragmentos cortos, con poca conexión entre sí salvo en el aspecto temático. Por momentos este libro se acerca al aforismo o al zuihitsu. Generalmente, todos los poemas siguen el mismo esquema: el autor plantea algo y da una reflexión sobre ello. En lenguaje lógico, la mayoría de estos poemas serian algo así como “ P, entonces Q”. Algunos, no obstante, cogen tres elementos y los comparan con otro de la persona a la que van dirigidos la mitad de estos versos.

La primera mitad de Cien versos de luna para ella va dirigida a una mujer cuyo nombre no aparece, por la cual el autor escribe estas narraciones donde da rienda suelta al amor romántico tradicional. Llama la atención como a pesar de que estos versos son “para ella”, “ella” no aparece mucho en los versos. El único protagonista que vemos es el propio Alberto Blanco a través sentimiento amoroso a través de todas sus facetas: el recuerdo de la amada, su ausencia, los suspiros que generan los encuentros amorosos pasados. “Ella” solo aparece a través de fugaces menciones a algunos de sus rasgos físicos, como sus ojos o su corazón. Todo esto viene marinado en un salsa de romanticismo y bohemia, como intentando aportarle un tono más poético. La segunda parte lleva por título “Memorias de un editor en Facebook” y como indica su nombre, son una serie de reflexiones breves publicadas en las redes sociales. Tienen una temática más variada y se acercan mucho más al aforismo que la primera parte del libro.

Cien versos de luna para ella es un poemario cuya principal característica es su espontaneidad, la facilidad de su lectura y la defensa acérrima del amor romántico y la bohemia poética. No defraudará a quienes les encanten estos dos temas.

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