“Memorias del mar” – Rocío Acebal

La memoria es la base de toda la poesía. Esto se debe a que toda la poesía parte de la experiencia, ya sea real o ficticia. Quizás pueda parecer un poco extraño decirlo así, pero toda la poesía cuenta hechos o encuentra en ellos su razón de ser. De ahí que hoy en día existan una gran cantidas de poetas que encentran en sus experiencias vividas, ya sean vitales o no, el material con el que crear sus versos. Es el caso de Rocío Acebal en Memorias del mar, libro con el que desembarca en la poesía contemporánea tras su paso por alguna que otra revista literaria y antología, así como otras funciones que quizá llaman menos la atención, como ser co-editora de la asturiana Revista Maremagnum o escribir reseñas en su blog y otros medios.

Memorias del mar es un poemario sólido y clásico. Se divide en tres partes, recogiendo cada una poemas que giran en torno a un mismo tema, la primera y la segunda tratan el amor en distintas variantes, mientras que la última tiene una temática más variada, con versos que reflexionan sobre la propia poesía y se ríen de la bohemia o el decadentismo junto a poemas más grises. Esto es, poemas sobre la nostalgia de la infancia perdida, la situación de la mujer en la sociedad actual o el sentimiento de encierro o soledad. La combinación de ambos genera un efecto tragicómico, como si la autora descubriese que demasiados poemas tristes podrían entristecer al lector y decidiera animarle con una serie de poemas burlescos. De hecho, también cabe destacar la organización del poemario, que no es ni mucho menos casual: el orden de los poemas no es casualidad, de hecho, prácticamente nada es casualidad en este libro de poemas pulido hasta el último detalle, hasta la última coma.

Este mimo, este cuidado se refleja principalmente en la forma. Podría decirse que Memorias del mar, prima la forma sobre el contenido, puesto que cada acento está donde tiene que estar, las sílabas aparecen contadas y riman los versos que tienen que rimar. Todo está en su sitio. Abundan los endecasílabos y los versos de arte mayor, no siendo común sin embargo, las formas clásicas (aparte de un par de haikus y algún soneto), en cambio, Rocío Acebal prefiere experimentar con verso libre, pero con versos que no son libres. La ovetense parece sentirse más cómoda en el verso de once sílabas y por ello crea poemas de longitud variable, con endacasílabos sin rima como cuerpo.

Ante todo, Memorias del mar es un poemario trabajado, pulido hasta el más mínimo detalle como una estatua grecolatina. Independientemente de que los temas que se tratan en estos poemas gusten más o menos, es innegable la calidad desde el punto de vista técnico que estos versos emanan. Al fin y al cabo, los gustos son subjetivos (y ojalá no dejen de serlo nunca), pero la calidad formal de un verso, definitivamente es algo lleno de objetividad.

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