“Los dones del otoño” – José Cereijo

(esta reseña fue publicada por primera vez en el número 9 de la Revista Anáfora en octubre del 2016)

Si Aristóteles hubiese tenido razón en todo y todo tuviese una finalidad, sin duda el otoño sería la estación del año diseñada para la reflexión. La naturaleza verde y exuberante comienza a disolverse lentamente, tiñéndose de dorado y más tarde de marrón. El cielo se oscurece y la noche cada vez llega antes, acompañada de la lluvia y el frio. Todo parece indicarnos a permanecer dentro de nuestras casas y distraernos con actividades de la mente. Sin embargo, el otoño también puede ser un tiempo excelente para extraer reflexiones de la naturaleza moribunda, siendo estas buen material para la poesía, como vemos en Los dones del otoño, de José Cereijo (Redondela, Pontevedra, 1957).

Es este un  poemario de reflexión frente a la vida tras haber vivido ya buena parte de ella. En Los dones del otoño, como en el otoño mismo, la muerte (o más bien, el fin), se encuentra por todas partes, de ahí que la mayoría de las imágenes que pueblan este libro se relacionan con ella, como el ocaso, la hoja que cae o la flor en el vaso de agua que va perdiendo su belleza poco a poco, aunque otras veces se presenta a través de la ausencia de aquellos que ya se han ido. No en vano, gran parte de estos poemas tratan sobre la realización de haber superado ya la mayoría de la vida, de descubrir ese punto en el que estamos más cerca del final que del principio. Llama la atención como llegado a este punto, José Cereijo desarrolla tímidamente la espiritualidad, siendo constantes las referencias a Dios y su silencio o ausencia durante todo el poemario.

Hay dos tipos de poemas en Los dones del otoño. Los primeros son aquellos que contienen recomendaciones sobre la vida, caracterizados por verbos que rompen la cuarta pantalla (si es que existe cuarta pantalla en la poesía y no es un dialogo cerrado entre poeta y lector), para ofrecer consejos, casi mandatos, que ayudan a apreciar mejor el milagro desinteresado que es la vida . Los otros, por su parte, también nos ofrecen reflexiones para entender mejor la propia existencia, pero lo hacen acompañados de observaciones e imágenes de la naturaleza, que propician los primeros.

Todo esto aparece en versos libres de cualquier forma o medida, sin adornos ni lenguaje grandilocuente que adorne el contenido. José Cereijo no necesita ningún tipo de adorno  que pueda distraer al lector del mensaje que sus versos transmiten. A través del lenguaje sencillo, cotidiano, el poeta logra trascender los propios límites de las propias palabras y transmitir unos conocimientos que apelan más al alma que a la mente.

En esencia, Los dones del otoño es como un paseo junto al autor por un camino poco transitado, lleno de paisajes otoñales, en el que lector y poeta van manteniendo una conversación sobre la vida, como vivirla y cómo afrontar su inevitable final. Al final, la conclusión a la que llega Cereijo es que la única cura frente a la muerte, la única solución, es vivir. Vivir hasta estar satisfecho y no se quiera vivir más, aunque esto parezca imposible. Vivir hasta que la muerte llegue como el momento en el que una hoja se separa del árbol en otoño.

Los dones del otoño puede comprarse online a través de Casadellibro

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