33 — Alejandro Mallada

Alejandro Mallada escribe una poesía personal como pocas. Describirla es poco menos que hacer una descripción de su autor: Nace en Gijón, en el barrio de La Calzada, de familia humilde y obrera. En sus versos pueden verse reflejadas todo esto y alguna característica más derivada del determinismo que aun habita los barrios de la clase trabajadora, como la rebeldía innata del que tiene poco que perder o la camaradería masculina. 33 es su primera obra, publicado en Ediciones en huida.

Llama la atención como la personalidad del autor también se ve reflejada en la propia forma de los poemas. Prácticamente todos los versos de 33 son de menos de ochos sílabas, lo que desde la academia se denomina como verso de arte menor. Esto refleja una vida acostumbrada al trabajo manual poco remunerado, al trabajador que está más acostumbrado a escuchar que a hablar y por ello, habla poco. Los poemas de Alejandro Mallada son mínimos en cuanto a la expresión, como si fueran frases cortas que se dicen apresuradamente. Además, Mallada no siente reparo en escribir como habla e incluir términos del asturiano, que salpican las páginas y aportan al poemario una dosis de realismo.

Un aspecto clave de este poemario es la urbe, que en 33 aparece como un ecosistema donde el autor es un animal más que busca su sitio. Es común encontrar en estos poemas descripciones de Gijón, así como de sus habitantes. No obstante, la ciudad no es un ambiente agradable: muchos de estos poemas tratan sobre sentirse atrapado por las circustancias, intentar medrar en la vida a través del trabajo y ver los esfuerzos tirados por el suelo por una razón u otra, una especie de rueda que siempre retorna a la misma posición y que se refleja a través de la repetición. En cierta medida, podría decirse que 33 pertenece al llamado realismo sucio, aunque no se  reboza en la suciedad, sino que trata (en vano) de huir de ella.

Todo el entorno, el ecosistema que aparece en 33 parte de la individualidad del propio autor. En ese sentido, el resto de personajes que aparecen en estas páginas resultan extrañamente lejanos, ya sea porque su relación con el poeta es violenta (como es el caso de la policía), o bien porque es el propio autor quien nos habla de ellos en sus versos, como si ya no estuvieran presentes en su vida. A pesar de que muchos de estos poemas intentan imitar la estructura ( o más bien, falta de ella), de las anécdotas, da la impresión de que quien los cuenta siempre se encuentra solo.

Con 33, Alejandro Mallada nos trae una poesía desgarrada, fresca y sin complejos. Poesía creada a raíz de la pura pulsión, la necesidad inescapable de escribir, de volcar al papel los versos que se llevan dentro, sin necesidad de aprender ningún oficio de poeta. Quizás por ello Mallada rechaza la idea de denominarse a sí mismo poeta: no le fue necesario aprender a crear versos, puesto que ya los tenía dentro, incubándose.

33 puede comprarse a través de Casadellibro

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