Enjambre – Alberto Arce

Existen muchas razones por las que a alguien se le ocurra escribir poesía. Unas veces, queremos expresar cosas que en principio no podemos hacer mediante el lenguaje común, ya sea para que las entiendan otros o para entenderlas nosotros mismos. También hay quien busca un ideal de “belleza” a través del verso. En el caso de Enjambre, de Alberto Arce, el verso es un fin en si mismo. Un territorio que explorar y que comprender.

La poesía que puebla las páginas de Enjambre viene cargada de ecos de otras épocas. Hay una influencia evidente de las vanguardias, en tanto que a Alberto Arce parece preocuparle mucho la poesía misma, dedicando varios poemas a la reflexión sobre la propia naturaleza del verso. También puede apreciarse una influencia clara de la poesía del siglo XIX en los temas: abunda la nocturnidad, la reflexión solitaria durante la noche, el poeta enfrentado a su propio yo etc. La bohemia viva, adaptada a la realidad de hoy.

Llama la atención que Alberto Arce parece tener poca confianza en que sus poemas sean entendidos como él quiere: aparecen de forma casi constantes apelaciones al lector, momentos en los que se rompe la “cuarta pantalla”, ya sea bien para ofrecer pistas sobre el buen entendimiento de lo que se está leyendo o bien, ofrecer una cierta complicidad entre autor y lector.   Por momentos, da la impresión de que Arce es consciente de la propia dificultad de su poesía, del peligro que yace escondido tras la metáfora: que el lector no consiga entenderla, que la relación entre términos sea demasiado abstracta, demasiado personal.

El objetivo de Enjambre es una especie de oxímoron en sí mismo: ser poesía. Para alcanzar esto, Arce intenta llegar a conocer la poesía en sí, su ser, su manera de funcionar. Y para alcanzar este grado de conocimiento por un lado reflexiona sobre estas cuestiones en el mejor terreno posible: el poema. Además, intenta ajustarse a las normas clásicas de la poesía, especialmente el ritmo y en menor medida, la forma. Estas reglas, no obstante, no están interiorizadas en el autor, sino que aparecen como meros escalones que recorrer para alcanzar el dominio del verso. El resultado es un poemario de progreso avanzado, una obra en la que su autor, a través de la práctica, busca desprenderse de las que considera sus trabas, evolucionar como poeta mediante la creación de poemas. Aprender a andar andando.

Quizás debido a este reconocimiento del eterno proceso formativo del poeta explique las inseguridades que se dejan ver en la primera parte de la obra. Como si pudiéramos ver la evolución de Alberto Arce a lo largo de las páginas de Enjambre, las referencias al lector desaparecen a medida que progresa la lectura.

Enjambre es un poemario de experimentación o más bien, evolución. A través de sus páginas, podemos encontrar una especie de “diario de trabajo” donde vemos a un poeta preocupado por su poesía de misma forma que un corredor olímpico se preocupa por sus marcas.

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