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El amor en tiempos de Twitter: “Dejar de ser” – Carlos Asensio

Dejar de ser es el primer poemario de Carlos Asensio (Mallorca, 1986), quien además de poeta es también sociólogo, pollitólogo y director de marketing (detalle a través del cual se pueden entender muchas cosas de este libro) Llega publicado en Chiado, editorial lisboeta que merece ser aplaudida tanto por tener el rostro de Fernando Pessoa como logo como por no tener reparos en publicar poesía en castellano, una aceptación de la realidad multilingüe de la Peninsula Ibérica que todos sus habitantes deberíamos fijarnos. 

Los poemas que forman Dejar de ser encajan a la perfección con lo que se denomina de forma burlona (por no decir despectiva) “poesía de twitter”. Me llama la atención esta forma de catalogar a cierta poesía porque creo que existe una mínima contradicción en aquellos que lo utilizan como algo peyorativo ¿Hay acaso algún autor o autora de poesía que no utilice twitter u otras redes sociales para promocionar su poesía? Quizás deberíamos ir buscando un nuevo nombre para estos versos. Algo así como “poesía pop” o “poesía lírica juvenil

Al margen del nombre, a través de estos poemas podemos ver las características elementales de esta poesía. La primera, quizá la más importante, es el intimismo o confesionalismo. Casi todos los poemas de Dejar de ser tienen la característica de estar escritos a una segunda persona no definida con la que en teoría el lector (o más bien lectora, este libro no deja dudas sobre la audiencia a la que va dirigido). Son, en fin, confesiones. La revelación de un supuesto sentimiento para generar un cierto lazo de unión a través de la suspensión de credibilidad. Tan importante es el intimismo en esta poesía que incluso influye en su estética: el verso libre, largo y descuidado no es casualidad ni pereza, sino que responde a la necesidad de generar una atmósfera de sinceridad, como si solo una persona fuese a leer estos textos y por tanto, su métrica y su forma dan un poco igual.

Otra característica de este tipo de poemas es la nostalgia, cosa en la que coincide con la poesía clásica de Asia. A través de estos versos se evocan experiencias amorosas pasadas, momentos con una gran carga sentimental y/o erótica que el autor inmortaliza a través del recuerdo en los poemas. Algo así como “¿Recuerdas aquella noche cuando bailamos y acabamos liándonos? Que bien lo pasé esa noche” o “¿Recuerdas aquella noche cuando hicimos el amor? Que bien lo pasé esa noche”. Cabe decir que el erotismo de estos poemas es bastante tibio: en ningún momento se cruza la línea que haría que estos poemas fuesen para mayores de dieciocho años (más sobre esto, al final).

La tercera propiedad de estos poemas es la sencillez, tanto en el lenguaje como en los recursos que Dejar de ser utiliza. De hecho, diría que en líneas generales, estos poemas son muy poco poéticos. El lenguaje es simple, llano, y salvo la metáfora o comparación ocasional, aparecen muy pocos recursos poéticos. De hecho, en algunos momentos incluso se nos recuerda que estamos leyendo poesía: por ejemplo, el poemario viene introducido por par de textos de considerable extensión en los que se habla muy por encima de lo que es “la poesía” e incluso se nos menciona de forma muy sutil que “la poesía comienza aquí”, como si el lector necesitase que le recordasen lo que está leyendo.

Repasando lo que acabo de describir, no puedo evitar pensar que esta reseña se parece mucho a la que escribí hace tiempo sobre el primer poemario de Marwan. No obstante, no puedo evitar ver las similitudes entre aquel poemario y Dejar de ser. Comparten características esenciales y también defectos estructurales. Estos poemas son algo así como el total recall de la poesía: una serie de recuerdos, probablemente artificiales, diseñados desde cero para ser estereotípicamente bonitos y cuyas lectoras o lectores deben asumir como propios para que los poemas consigan su efecto. Luego también está el hecho de que represente el clásico sentimentalismo heterosexual masculino, pero eso no tiene nada de malo, ¿verdad?

No obstante, una lectura atenta de Dejar de ser deja al descubierto todo el engranaje de esta poesía, la artificiosidad de sus estereotipos. Y la tibieza, la calculada tibieza de todo lo que aparece en estos versos. Ser demasiado erótico o demasiado bohemio podría hacer que el poemario pierda lectores potenciales. He aquí el punto donde se rompe esta magia. Donde vemos que el castillo en el que estamos no está construido con bloques de piedra, sino con paneles de plástico.  En mi opinión, por detalles como este, la poesía sentimental que forma Dejar de ser exige un esfuerzo demasiado grande al lector para ser eficaz.

La poesía lírica necesita tener una chispa de veracidad o al menos, sugerirla. Si el poema fracasa a la hora de esto, sus vísceras quedan al descubierto y como todos los seres vivos que acaban con sus vísceras al descubierto, muere.

Este tipo de poesía, desde luego, no es plato de mi gusto, pero eso no quiere decir que no vaya a ser del gusto de nadie. Si después de leer esto te parece que los problemas que yo veo en Dejar de ser te dan igual, pues cómpralo y léelo. Disfruta con él y no dejes que ningún capullo como yo te diga que tipo de poesía está bien o mal.

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