“La víspera” – Rodrigo Olay

Hace unos años, no estoy seguro de si tres o cuatro, un tipo me paró por la calle un sábado por la noche. Me dijo “Tu eres Miguel Álvarez”. Debo aclarar que en esa época utilizaba mi seudónimo para todo (era Totó, como el niño de “Cinema paradiso”, no como el perro de “El mago de Oz”). Ese tipo conocía una parte de mí que mucha gente que llevaba años siendo mi amigo desconocía. Me sentí obligado a preguntarle por qué sabía mi nombre. Resulta que aquel tipo unos cuantos años más joven que yo era el hermano de Rodrigo Olay. “Mi hermano me habló de ti”. En su momento me sorprendió pensar que Rodrigo hablase de mi a su hermano, al fin y al cabo, solo fuimos a clase poco más de año y medio. En ese momento, también descubrí que Rodrigo Olay no olvida nada, mucho menos a nadie. Su poemario, “La víspera”, en buena parte, es un reflejo de ello.

El núcleo temático de este poemario son las experiencias sentidas. Rodrigo hace poemas de cualquier experiencia que él considera digna de un poema. De hecho, el propio poeta define esto como uno de sus rasgos fundamentales en uno de los primeros poemas del libro (“poética”). La cualidad del poeta es la capacidad de decidir qué cosas pueden constituir un buen poema y cuáles no. Yo no podría estar más de acuerdo con esto, ciertamente, hay algo más que marca la diferencia entre los poemas buenos y los que no lo son, y es tarea del poeta seleccionar los temas sobre los que escribir poemas. No en vano, en la Antigüedad se establecían listas de temas apropiados para la poesía.

Tanto es así que mas adelante aparecen dos versos que dan otra vuelta de tuerca al asunto: “Ya sé lo que escribí / pero mentía”. En efecto, en el poema “Elogio de la locura”, Rodrigo retuerce los poemas sobre experiencias. ¿Y si quiero escribir sobre una experiencia que no he tenido? ¿Puedo hacer eso? Sí, si se puede, de hecho, el poeta explica que ya lo ha hecho. Estos versos llegan a posteriori, como un anuncio de Coca Cola en el que hacen beber cola sin azúcar a un grupo de gente, haciéndola pasar por cola normal. La sensación que genera es puro asombro y da una dimensión diferente a todo el poemario, ya que los poemas sobre experiencias son el tronco central sobre el que se sustenta el poemario. Pese a todo esto, realmente no importa si las experiencias son “legítimas” o no. No podemos saber si todo lo que aparece en el poema es cierto, pero si podemos saber que su veracidad no afecta a la calidad del poema en sí.

La literatura, más que un tema en este libro, es una constante. Olay deslumbra con sus conocimientos de literatura contemporánea, salpicando sus poemas de referencias literarias hasta el punto de que merece la pena enumerarlas. El libro está lleno de ellas, lo mejor de todo es que probablemente hay muchas más que yo no he visto. Algunos poemas se podrían incluso considerar lecciones de literatura (Beat generation), mientras que otros reflexionan sobre aspectos concretos de obras como “El Gran Gatsby” (El último poema de Nick Carraway).

En la forma, Rodrigo gusta de experimentar. La variedad de métrica usada es abundantísima, casi parece una especie de ejercicio. Como si el autor se propusiese escribir bajo ciertos metros por el simple hecho de dominarlos. Así, podemos ver haikus muy tradicionales (tan tradicionales que incluso hablan de estaciones), o versos alejandrinos. Una especie de maestría por la maestría, casi como si fuese un juego.

Resumiendo: “La víspera” es un poemario fundado en las experiencias de su autor, pero va mucho más allá de eso. Rodrigo Olay sintetiza en este poemario la tradición de la poesía de la experiencia con ingredientes propios, como el amor por la literatura en forma de erudición.

Este libro se puede comprarse en Casa del libro. Otro poemario de Rodrigo Olay, “Cerrar los ojos para verte”, se puede leer online, asi como algunos poemas de “La Vispera”.

“Tratado de identidad” – Miguel Floriano

Desde las calles de Oviedo, llega Miguel Floriano, fundador y cabeza visible del movimiento patarrealista, que cuenta en su nómina a muy buenos poetas, como Xaime Martínez o Saúl Borel. El propio Miguel me regalo este poemario hace tiempo, no sé si consciente de que algún día haría una reseña de él. Obviamente, le pedí que lo firmase. Adoro tener libros firmados.

“Tratado de identidad”, como su título indica, constituye una definición de estilo por parte del autor. Habiéndose curtido ya en los tejemanejes de la edición, y sin tener que haberse presentado a ningún concurso (prostituir los poemas, como diría él), para publicar este, su segundo poemario. Miguel Floriano nos presenta estos versos donde se presenta a sí mismo, como quien se coloca el primero de la fila para hacerse bien visible.

Desde el punto del estilo, este poemario es como un desfile militar de un país que acaba de independizarse, una muestra de poder, de fuerza. Miguel Floriano nos muestra como es capaz de manejar varias formas, sonetos, haikus, verso libre, etc. No obstante, donde más cómodo se siente el poeta es en el verso endecasílabo. La forma predominante de este poemario es el soneto, ya sea en su vertiente española o inglesa. Sin embargo, el autor sabe moverse tanto en los versos de arte mayor, como en las composiciones breves, el libro también incluye algunos interesantes poemas de dos versos, pinceladas precisas que dibujan reflexiones breves, casi aforismos. El fetichista de la forma podría acusar a Floriano de tener algún desliz en la métrica o el ritmo, pero a mí me gustan. Dan cierta personalidad a los poemas y los alejan de la plasticidad que viene unida a la obsesión por lo perfecto.

El prólogo del poemario (firmado por Jose Luis Morante) defiende que el lenguaje del autor ovetense es coloquial. Yo no podría estar más en desacuerdo. Puedo ver por dónde van los tiros, entiendo por qué dice que su lenguaje es coloquial. Algunos poemas incluyen expresiones muy llanas, “(…); aquello / que uno elige recordar, cielo”. Cierto es que versos como este dan al lenguaje un tono más familiar, pero aun así el lenguaje no es coloquial.Resulta demasiado cuidado para ser coloquial, aunque tampoco cae en la artificiosidad o lo barroco.

En el contenido de sus poemas, puede apreciarse la gran influencia que ejerce la música sobre Miguel, especialmente el blues, el soul y el rock ‘n’ roll. Algunos poemas vienen introducidos por citas de grupos como Pink Floid o cantantes de blues como Ray Charles. Tienen títulos no dejan dudas sobre esta influencia (snowy boogie, love boogie), otros, directamente comparten título con canciones (Busted). Podría decirse que Floriano tiene el Blues y compone poemas con la misma fórmula de esta música del sur de Estados Unidos: utiliza sus experiencias, ya sean buenas o malas, y las transforma en poema. Es capaz de convertir su propia experiencia personal en algo de lo que todo el mundo pueda disfrutar, algo universal. Esto hace que el poemario hable de temas muy variados, pero que comparten entre ellos el haber dejado una profunda huella emocional. El amor, el desamor, la pérdida de seres queridos, son solo ejemplos de los muchos temas que aparecen en el poemario. No obstante, no solo hay sitio para la experiencia de lo cotidiano, también aparecen versos más filosóficos donde el poeta reflexiona sobre la vida o la propia poesía, en ellos, se desliza tímidamente hacia lo hermético, lo abstracto.

Resumiendo, en este libro Miguel Floriano se nos presenta a sí mismo sin complejos, sin tener miedo de su propio estilo ni de lo que nadie pueda opinar de él. Es una unión de lo viejo y lo nuevo. Una síntesis de influencias poéticas de autores como Víctor Botas, Miguel D’Ors o Jaime Gil de Biedma con la música popular del siglo XX. Un matrimonio entre lo tradicional y lo moderno.

Este libro puede comprarse a través de Casa de libro. Miguel Floriano tiene un blog donde publica poemas, aforismos y reflexiones sobre poesía.

P.D: Me comunican que el fundador del patarrealismo no es Miguel Floriano, sino Diego Álvarez Miguel, autor de “Hidratante Olivia”. Hace no mucho, le hicieron una entrevista en Pieces. Disculpen las molestias.

“Version Externa” – Maribel Fernández Garrido

Hay veces en la vida, en las que ser de un sitio concreto te ayuda. Por ejemplo, este mismo año, la consejería de cultura y deportes del gobierno de Cantabria anuncio que iba a realizar la publicación de una colección de poemarios creados por poetas de la región, con el objetivo de dar visibilidad y promocionar la obra de los poetas cántabros contemporáneos, así como promover la poesía entre la juventud. ¿Por qué? ¿Por qué este año? ¿Porque estos autores y no otros? La respuesta a todas estas preguntas es: no lo sé, pero bienvenido sea.

“A la sombra de los días” recoge diez poetas de Cantabria y cercanías (como es el caso del vasco Eneko Vilches). Esta editada por Miguel Ibáñez y Luis A. Salcines, con portadas realizadas por el pintor Joaquín Martínez Cano. De momento, han sido editados una decena de poemarios, pero es posible que salgan más en el futuro. Investigando un poco se puede ver la razón de que se hayan escogido estos autores y no otros: los diez escogidos fueron ganadores del Premio Nacional de Poesía “José Hierro” que el ayuntamiento de Santander lleva realizando desde hace más de tres décadas. Una interesante manera de barrer para casa y promocionar lo propio

“Versión externa” de Maribel Fernández Garrido ocupa el segundo puesto de esta colección. Es un poemario corto, de apenas unos 300 versos y 45 paginas. La edición, a pesar de ser barata (tapa blanda de cartón, libro pequeño), es muy buena, con un diseño sugerente y agradable a la vista. En la forma, se caracteriza por el uso del verso libre, que refuerza la temática, basada en la experiencia personal.

El poemario narra el viaje que la autora emprendió hacia la maternidad, la mayoría de los poemas que contiene esta obra tratan sobre los diferentes aspectos de ser madre. Algunos versos tratan sobre la experiencia del embarazo “supe que palpitabas ahí / junto a mí / dentro de mí / a través de mí”. Otros poemas tratan los miedos e inseguridades de la madre primeriza, la que aún no conoce todo el proceso del embarazo y asiste, asombrada, a los extraños cambios que sufre su cuerpo y el peculiar vínculo entre madre y nonato que se forma durante los nueve meses previos a la maternidad.

El poemario termina, como uno puede más o menos suponer, con el parto. La última parte trata la espera del parto inminente, “La rosa ya está, / ya vino, ya se acicala / con sus pequeñas manos, / ya hace ademan de buscar su aire”. La autora termina con un poema sobre el parto. Un parto doble, ya que además de su primer hijo o hija, pare también este poemario.

En general, es un libro interesante de leer. Acerca al lector a la experiencia de gestar un ser dentro de uno, explicando las sensaciones que genera todo el proceso. Está hecho para ser comprendido desde fuera (Quizás de ahí haya surgido el título “Versión externa”). Esta obra acerca la maternidad a quienes nunca seremos “madres”, explicando procesos y sensaciones que jamás podremos sentir.

“Raiz” – Josep M. Rodriguez

Fue Elena Avanzas quien me regalo este libro hace ya algún tiempo. Recuerdo que en ese momento lo deje abandonado en una estantería, porque ya estaba leyendo dos o tres libros a la vez y no me apetecía empezar otro más. Hace unos días lo encontré en esa estantería, ya ni me acordaba de cómo había llegado ahí, así que decidí echarle un ojo. Cuando termine de leerlo sentí una especie de vergüenza. No debí haber dejado olvidado en la estantería a este libro tan genial.

El propio título, “Raíz”, refleja muchos aspectos de la poesía de Josep María Rodríguez recoge en este poemario, ir al núcleo, a lo más básico del lenguaje y buscar la trascendencia.

Se puede apreciar una clara influencia de la poesía japonesa, tanto en la temática como en la expresión. Al igual que en los haikus tradicionales, muchos de los poemas tratan sobre las reflexiones que el autor extrae a partir de la naturaleza, no en vano, tiene poemas sobre estaciones y el efecto que estas provocan en la naturaleza (“Verano”, “Postal de invierno”). Abundan los poemas con descripciones de paisajes que crean paisajes (“Tras la tormenta / el arroyo enfangado / fluye / pesadamente”), de los que el autor extrae reflexiones. En este aspecto, se unen dos tradiciones en el poemario, por un lado, la tradición japonesa y por otro, la tradición de “poetas de la naturaleza” de occidente, donde se encuentran autores como el estadounidense Walt Whitman.

La creación de imágenes es la mayor aspiración del autor en este poemario. Lo consigue sobradamente. Para su formación, nos describe los elementos que la componen, a veces con metáforas o caligramas que ayudan a evocar la sensación que provoca la imagen descrita. El lenguaje es sencillo, primando lo sustantivo sobre lo adjetivo y evitando el lenguaje culto y la virguería verbal. La naturaleza es el marco principal de estos retratos. Algunos versos retratan espacios urbanos, no obstante, se los retrata de la misma forma que a los espacios naturales, como si la ciudad fuese simplemente otro tipo de ecosistema, pero artificial.

La influencia de los versos nipones también se puede apreciar en la estética del poema. Abunda el verso corto, con haikus incrustados en varios poemas (Haikus no-ortodoxos, pero haikus al fin y al cabo). Algunos versos son de arte mayor, pero no por ello restan brevedad expresiva a los poemas. La mayoría de estos versos forman la totalidad de una estrofa, lo que mantiene la brevedad, pero les otorga un ritmo más lento. Los versos largos en este poemario se utilizan como recurso para aportar una atmosfera reflexiva a los poemas.

Leyendo el libro uno comprende por qué fue ganador del VII Premio Emilio Alarcos. Josep María Rodríguez consigue adaptar la tradición oriental a la lírica española a un nivel casi espiritual. Como si fuese el barrio asiático de una ciudad europea, este poemario está salpicado de orientalismo, pero sin dejar de ser algo original y propio.

Se puede adquirir en Casa del libro y Amazon

“La amplitud de una nevera americana” de Pedro Andreu

Salgo de clase un poco antes, a menos cuarto, porque quiero acercarme a la librería Cervantes a comprar algún libro de poemas antes de ir a la estación de tren. Tengo en mente “Búfalo Bill ha muerto”, de E.E. Cummings, el poeta estadounidense de vanguardia. Es el único poeta de vanguardia en habla inglesa que conozco y siento curiosidad, (por alguna razón, toda la poesía vanguardista que he leído hasta ahora procede de autores no angloparlantes)

“Se ha agotado. Para la semana que viene, el martes o el miércoles, llegaran más” – Me dijo la librera. “Vaya por Dios” – Respondí yo.

Vuelvo a la sección de poesía, sin tener muy claro que llevarme a casa. Empiezo a mirar libros a ver si alguno llama mi atención, entonces aparece “La amplitud de una nevera americana”, de Pedro Andreu. Es una edición bonita, abro la portada y leo unos versos que me llaman la atención: Un buen lugar para escribir poemas / es detrás de los tickets de la compra. Miro la hora, debería irme ya o perderé el tren. Decido comprarlo (12 euros), de todas formas, está publicado por Frida Ediciones. Nada que tenga el nombre de Frida Kahlo puede ser malo, ¿verdad?

Dividido en cinco partes de extensión irregular, “La amplitud de una nevera americana” nos retrata varias experiencias de la vida del autor. La calidad de las partes es también irregular, de hecho, todo el libro da una sensación de manierismo, cada parte parece independiente respecto a las demás. De todas ellas, las más destacables son la primera, “A pesar de los hombres y los supermercados” y la segunda, “Tiquets de la compra”.

En la primera parte el autor se sumerge en el mundo de la vida nocturna, la del que trabaja de noche (“Cortometraje en un hipermercado”, “turno de noche”) y la del insomne (“Instrucciones de espera para idiotas enamorados”, “Consejos para uno mismo frente al espejo…”). El autor consigue retratar el mundo de los noctámbulos, la soledad, el silencio y la peculiaridad de las personas que están obligadas, por cualquier razón, a estar despiertas mientras los demás duermen.

La segunda parte consta de poemas cortos, entre dos y doce versos, como si estuviesen escritos, en efecto, por la parte trasera de un tiquet de compra. Tratan sobre reflexiones medio filosóficas sobre la vida cotidiana con algo de sensiblería. Son como pinceladas rápidas que de vez en cuando aciertan, aunque otras muchas veces se pierden en la sensiblería y la profundidad rebuscada.

El resto del poemario, en mi opinión, no merece la pena. Tratan sobre emociones que el autor sintió en ciertos momentos de su vida, escritas de modo (demasiado) personal e íntimo, dirigidas en su mayoría a personas concretas o a un “tú” abstracto. Obligan al lector a sentirse identificado e incluso a imaginarse toda la situación en la que se dirían esas palabras, una especie de suspensión de la incredulidad parecida a la que exige una película. En el caso de la poesía, sin embargo es pedir demasiado.

El poemario, desde un punto de vista estético, busca el minimalismo y la sencillez en la expresión. Quiere sonar espontaneo, que al ser leído en voz alta suene como una conversación o un comentario entre amigos. No obstante, con frecuencia fracasa en ello. Esto se debe a que escribir como hablas está bien, pero solo si hablas bien. El lenguaje del libro está salpicado de palabras malsonantes que buscan aportar naturalidad o intensidad, pero no consiguen ni lo uno ni lo otro. De hecho, si hay algo que consiguen es hacer parecer más forzado el lenguaje. Algunos versos dan la extraña sensación de haber sido traducidos del inglés (no es el caso). Quizás sea que en el lugar donde vivo algunas expresiones que para el autor son coloquiales, aquí no lo son tanto. Este tipo de recursos son un arma de doble filo, al escribir con lenguaje coloquial el poema gana una cierta naturalidad, pero te arriesgas a no sonar nada natural para los lectores que no compartan tus expresiones. Por otro lado, la sencillez excesiva del pomario es la causa de que algunos de sus poemas más cortos caigan en la banalidad.

En general, “La amplitud de una nevera americana” es un poemario demasiado sencillo, demasiado personal y demasiado insignificante. Los poemas no van más allá de una serie de frases bonitas sin ningún subtexto, con la osadía de obligar al lector a imaginarse todo un contexto para que sean realmente efectivos como poemas. Pobre Frida, no se merece que publiquen estas cosas con su nombre.

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Revista “Anáfora” nº5

Las revistas de literatura, ya sean poesía o prosa, son clave para entender la literatura a partir del siglo XX. A día de hoy, al igual que la prensa escrita, se están empezando a ver acorraladas por las revistas digitales y los medios de expresión que ofrece internet. No obstante, sobreviven, incluso se crean algunas nuevas, como Anáfora. Personalmente, creo que la relación es la misma que hay entre los libros y los ebooks. Aún queda mucho encanto en comprar una de estas revistas y descubrir a autores jóvenes (y no tan jóvenes).

Otra razón por la que me encantan estas publicaciones periódicas es que ayudan a romper con el nihilismo que tenemos los lectores de poesía con la lírica contemporánea. A la hora de comprar un libro de poemas, lo clásico se impone a lo contemporáneo, quizás porque hay más líneas de tinta detrás, más información, más estudios. Pero esos clásicos también fueron contemporáneos en su día, también sufrieron esa presión y también vendieron poco. Todo el mundo que lea poesía debería leer más poesía contemporánea, sin excusas. Para ello viene bien comprar una publicación como esta de cuando en cuando.

El núcleo central de Anáfora es la poesía. En este número, dos autores veteranos, Miguel D’Ors y Javier Almuzara acompañan a otros más noveles como Marcos Tramón, Raquel F.Menendez o Mónica Lanieri, quien escribe “Puedo ver la libido / de un árbol, / y es de noche / (la noche permite / licencias lujuriosas).” También cuenta con una interesantísima sección de traducción que incluye dos traducciones. Por un lado, una oda de Horacio traducida por Emilio Martínez Mata y tres poemas de John Clare con una pequeña nota biográfica, versión de Antonio Rivero Taravillo. Esta es una de las versiones más interesantes de la revista, es muy interesante poder ver un poema en su versión original junto a la traducción y la sonoridad de su versión original.

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En la sección de prosa se incluyen cuatro aportaciones, Francisco Rodríguez Adrados, Laura Freixas, Miguel Floriano y Saúl Borel, quien publica un texto defendiendo la finitud del número de libros de la biblioteca de Babel, debate que marco la presentación del número y donde, sin las presiones del oponente Jose Luis García Martín, se puede entender mucho mejor la argumentación (e incluso compartirla, como es mi caso). Destacar también el fragmento de “Todos llevan máscara” de Laura Freixas, adelanto de un diario íntimo que la autora publicara a finales de este año.

Por último, la revista tiene una sección de reseñas de libros. Esta sección me recuerda a los fanzines que mi hermano leía (y escribía, a veces), a principios de siglo. Me recuerdan a esa época cuando internet no estaba tan extendido, o al menos, tan desarrollado y no era tan sencillo encontrar información sobre lo que sea. En aquellos días, las secciones de reseñas eran reinas, incluso había fanzines dedicados exclusivamente a reseñar discos. Volviendo a la revista, en este apartado, varios colaboradores habituales de la revista, como Rodrigo Olay, Carlos Iglesias o Miguel Floriano repasan las últimas publicaciones de poesía de este país, como intentando animarnos a romper con el nihilismo que mencione anteriormente.

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Pagina de Facebook de Anáfora

Revista Maremagnum nº4

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Maremágnum es una revista de “arte y poesía” que lleva funcionando al menos un año, con cuatro números publicados. La dirige el poeta  Lorenzo Roal junto a tres editores, Juan González y los también poetas Mario Vega y Rocío Acebal. El contenido de la revista es principalmente poesía, concretamente, poesía joven asturiana, aunque este número también incluye un ensayo y un relato corto (por no decir micro relato).

El diseño de la portada y el interior de este número corre a cargo de María D.Megido. Podría criticarse que el diseño de la portada es demasiado carente de información (no incluye ni el número, ni la fecha de publicación), pero a mí me gusta. Hay belleza y misterio en la simpleza de la portada, como si te invitase a abrir la revista, aunque sea solo para comprobar el contenido de la misma. Hace pensar que el número no necesita venderse a sí mismo y eso, en mi opinión, es atractivo.

La revista comienza con un editorial que trata sobre la influencia de internet y las nuevas tecnologías en la creación de poemas, titulado “La poesía nunca ha muerto”. Tema interesante, probablemente a día de hoy tenemos acceso a una cantidad de obras mucho mayor de la que el poeta medio tenía hace, digamos 75 años. También tenemos muchos más medios para compartir opiniones, autores y un gobierno muchísimo más propenso a no censurar la libertad de opinión. Quizás seamos los afortunados en tener acceso a la mayor cantidad de obras literarias en nuestro propio idioma de la historia, especialmente desde que se popularizó internet, los ebooks y las traducciones piratas. Se me viene a la cabeza la novela de Sol Yurick, “The Warriors”, que aunque dio pie a la película de culto del mismo nombre, nunca se publicó traducida al castellano. Al menos no hasta que un foro de literatura decidió organizarse y hacerlo, siendo su versión, que yo sepa, la única versión en castellano de la obra que se puede encontrar con relativa facilidad.

Este número cuenta con la colaboración de nada menos que diecinueve poetas, entre los que destacan Laura Pérez Presa, Cristina Adler (¿seudónimo o nombre real?), Jesús Vigil o Miguel Ángel Montes. También aparece un tal Miguel Luís Álvarez, cuya contribución me tomo la libertad de añadir a esta entrada.

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En la sección de prosa, bastante breve, aparece un curioso ensayo sobre la risa firmado por Myriam García y una suerte de relatillo breve con temática grecolatina que a mi no me dio mucho más. Lo firma Pablo Valdés.

La revista cuenta con su propio blog (donde pueden leerse todos sus numeros online),twitter y Facebook. Se pueden comprar números en Oviedo, Gijón y Madrid (creo). Para más información sobre como o donde conseguir sus números, consultar su blog o página de Facebook.