Presentación de “Nostalgia de la acción”

Este mismo sábado, a eso de las doce y media de la mañana, en el café-librería Santa Teresa tuvo lugar la presentación de Nostalgia de la acción en Oviedo, a la que asistieron las dos autoras del libro: la poeta Ana Gorría y la dibujante, Marta Azparren, y que fue presentada por su editora, Alba González Sanz.

Publicado en Ediciones Saltadera, Nostalgia de la acción representa el salto de la editorial asturiana al mercado nacional tras haberse consolidado durante diez años con publicaciones en Asturias, por lo que este evento se enmarca en una gira en la que las dos artistas recorren varias ciudades españolas presentando su obra.

El evento comenzó con unas palabras de Alba González Sanz en las que destacó la naturaleza dual de Nostalgia de la acción. El poemario contiene por un lado los poemas de Ana Gorría y por otro, las ilustraciones de Marta Azparrren, de los cuales surge una simbiosis entre verso y dibujo, una obra multidisciplinar que trasciende a ambas disciplinas. Además, la poeta gijonesa se mostró afortunada de poder editar a la poeta canaria, de la cual se confesó admiradora desde que leyó por primera vez Araña (El gavitero ediciones, 2005).

Terminada la presentación de rigor, se dio paso a la lectura de poemas. Las canarias ofrecieron al abundante público una sesión performativa en la que la Ana Gorría leyó prácticamente la totalidad de los poemas que incluye Nostalgia de la acción mientras Marta Azparren realizada dibujos en vivo. Para ello, colocaron una cámara apuntando al lienzo y conectada a un proyector, de modo que los asistentes pudieron disfrutar en directo de cada trazo, cada movimiento del pincel según iba formando cada imagen. Existe una gran conexión entre las dos artistas y la combinación de verso y pintura generó una atmosfera casi mágica.

Los dibujos que Marta Azparren iba improvisando se hacían sobre una pequeña plaquette con haikus inéditos de Ana Gorría que fueron ofrecidos al público una vez terminado el acto. Reproducimos aquí algunos de ellos.

Hambre del ojo.
Elogio de la mano.
Caligrafía.

Línea en la tierra.
Una mano dibuja.
Línea en el cielo.

“Al umbral de las horas” – Mario Vega

Recuerdo haber leído Al umbral de las horas, de Mario Vega, cuando ni siquiera se llamaba así, cuando no eran más que un puñado de poemas impresos en din A4 y times new roman. Era un poemario inmenso que superaba ampliamente los 800 versos. Recuerdo que Mario decía que él no tenía prisa por publicar, como Jaime Gil de Biedma, que había publicado su primer libro a los 20 y pico años. Y era verdad. Años más tarde, sin prisa pero sin pausa, el poeta ovetense hace su debut en la editorial Valparaiso y decide llamar al descendiente de  ese proto-poemario (que por supuesto, sufrió una grandísima cantidad de cambios y adelgazó un poco su número de versos) con el título que tiene hoy.

Llama la atención el sentido de la tradición poética latente en Al umbral de las horas. En cierta manera parece un poemario de otro tiempo, puesto que este es un poemario que aspira a la perfección en la estructura de sus versos. En ese sentido, hay una supremacía de la forma sobre el contenido. No se aprecia sentimiento puro en estos poemas, más bien un eco de ellos. Una templanza que demuestra que Mario Vega no solo mide sus versos, también el contenido que en ellos se incluye

Cabe decir que este el estilo del poeta ovetense es la suma de sus lecturas. Mario Vega acostumbra a poblar los márgenes de sus poemas con citas de autores que van desde Propercio hasta Joan Manuel Serrat, como si antes de enseñarnos su obra, el autor quisiera mostrarnos a sus maestros.

La poesía que Mario Vega nos brinda en El umbral de las horas puede dividirse en dos estilos: versos de nostalgia y versos de nostalgia. El primero se basa fundamentalmente en poemas que buscan la perfección métrica, estando compuestos principalmente por sonetos u otras formas clásicas. La otra vertiente son poemas donde se hace un ejercicio de nostalgia para dejar plasmados en el papel ciertos momentos de la vida del autor, como queriendo dejarlos plasmados en papel, inmortalizados. No obstante, se deja entrever que todo esto puede ser un juego: los hechos narrados pueden ser verdaderos o no.

Quizás por ser la forma el aspecto principal de este poemario, los temas que en el aparecen son mayoritariamente clásicos. El amor, el descubrimiento del mismo y el intimismo son el principal contenido de los versos de Al umbral de las horas, sazonados con ciertos toques platónicos. Mario Vega encuentra a través de esta serie de experiencias vividas motivos o más bien, justificaciones para seguir viviendo. Aparte de la temática principal, también hay sitio en estas páginas para la reflexión sobre la poesía y los efectos que esta genera en el lector.

En resumen, Al umbral de las horas es un poemario tradicional en absolutamente todos los sentidos de la palabra. Desde las formas, hasta los contenidos, Mario Vega se erige como seguidor de la tradición poética hispánica. Al fin y al cabo, no tiene sentido querer arreglar lo que no está estropeado ¿No?

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“Todo lo zurdo” – Victor M. Díez

Tradicionalmente, la ciudad es contraria a la mística. Se considera que la ciudad es territorio de lo pragmático, de la bolsa, la producción de dinero y los altos bloques de pisos que luchan en vano por romper su uniformidad. Aquellos que buscaban desarrollar su vena mística se veían más o menos obligados a escapar de las urbes, ya sea de puertas para dentro, en la tranquilidad silenciosa de los conventos o fuera, en la exuberancia caótica de la naturaleza. No obstante desde siempre, pero especialmente a partir del siglo XIX, existen en las ciudades un grupo más o menos numeroso de individuos que pretenden desarrollar la espiritualidad en la urbe, especialmente a partir del arte y sobretodo, la música. Gente que rechaza el pragmatismo de la sociedad moderna en favor de una vida más ligada a la espiritualidad. De esta tradición bebe Victor M. Diez en los poemas que aparecen en su poemario, Todo lo zurdo.

El propio título nos indica por donde van los tiros en este poemario, remitiéndonos a todo lo que no es derecho, a todo lo que no está bien y en el fondo, no desea estarlo. Con una extensión considerable, Todo lo zurdo es un poemario dividido en seis partes con un mínimo de diez poemas cada una (generalmente muchas más), en donde se alterna el verso libre con la prosa poética. El autor va experimentando con formas de acercar el verso escrito a la voz oral, para ello, suprime las comas (aunque no los puntos ortográficos), y prueba con otros modos de marcar el rito, como los dobles espacios entre palabras o la distribución más o menos arbitraria de las palabras dentro de la línea.

No obstante, es en las partes en prosa donde verdaderamente brilla Todo lo zurdo. A destacar la cuarta parte, titulada Del diario imaginario de Denardo Coleman, en la que el protagonista, cuyo nombre aparece en el título, va dibujando poco a poco a su padre, un cantante de jazz, bohemio y poeta que recorre el mundo con su música, visitando cada ciudad como quien visita un bosque y reflexionando sobre la música en sí misma. Diez consigue describir perfectamente a un personaje imaginario a través de acciones y versos, sin necesidad de hablar explícitamente de él.

Esencialmente, Todo lo zurdo se podría encajar perfectamente dentro de la poesía de corte prosaico que se desarrolló durante el siglo XX. No necesita de formas métricas ni rima para establecer el ritmo que genera la poesía, ni necesita un lenguaje excesivamente cuidado para deslumbrar al lector, sino que se basa en el carácter, en la manera de decir algo. En este sentido, Diez se introduce en una larga tradición de autores como Bukowski o el recientemente galardonado con el premio Nobel, Dylan.

Irónicamente, estoy seguro de que la mayoría de los fans de este último no disfrutarían con la lectura de Todo lo zurdo. No sabría explicar a ciencia cierta por qué, pero estoy seguro de ello. Supongo que uno puede escribir como Dylan, pero eso no le convierte a uno en Bob Dylan.

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“Prohibido silbar” – Sofía Castañón

Al igual que otros autores como Rubén Darío o Pablo Neruda, Sofía Castañón combina el verso con la política. Hasta la fecha, ha publicado siete poemarios, dos plaquettes y ha participado en una serie de antologías entre las que destacada 23 Pandoras y Poetas asturianos para el s.xxi, Prohibido Silbar es su último trabajo, publicado en la editorial Baile del Sol. Quizás tardemos un tiempo en volver a ver publicado algún poemario suyo, puesto que en la actualidad trabaja como diputada por parte de Asturias en el Congreso de los diputados y eso, no te deja tiempo para nada.

Prohibido Silbar se divide en cinco partes de extensión desigual, enumeradas con números romanos. El poemario se caracteriza por buscar la sencillez en el lenguaje, así como una búsqueda deliberada de la imprecisión, una especie de imprecisión precisa, como si la poeta quisiera decirnos algo, pero tuviésemos que ser nosotros los que decidimos lo que estamos oyendo. En buena medida, esto es un reflejo de las ansias de libertad que pueblan cada página de este libro. No hay más verso en este libro que no sea libre. Castañón rechaza la forma a favor de la libertad creadora y las formas nuevas, esas que se adaptan a lo que cada poema quiere expresar.

Uno de los principales temas de Prohibido Silbar es la liberación del paradigma social en el que vivimos, una especie de revolución mental que busca rechazar los valores morales impuestos en favor de una liberación de los prejuicios y del temor a lo desconocido, tan abundantes en la sociedad en la que vivimos. Un llamamiento a entender y no analizar, a confiar un poco más en los sentimientos y en los instintos, quizás incluso por encima de la propia razón. Se repite la imagen de la hierba creciendo a través de algo, ya sea una manta o el propio asfalto, que representa la esperanza haciendo camino a través de cualquier obstáculo y las ansias de retorno hacia una vida más natural desde un entorno urbano y frio.  Otro tema recurrente es el inevitable paso del tiempo, ya sea de la infancia (A la salida del colegio) o de tiempos recientes (Cuando no pasaba nada). Sofía Castañón interpreta esto como un recordatorio de que nuestro tiempo en la tierra es limitado, por lo que más nos vale vivir mientras dure. Un carpe diem sin temor a la vejez. Todo esto choca con los espacios urbanos en los que se localizan la mayoría de estos poemas, creando una especie de urbanismo salvaje, pero no bárbaro.

En líneas generales, Prohibido Silbar  es como respirar profundamente después de llevar un corsé apretado. Sofía Castañón nos muestra como en una sociedad que se resiste al cambio y que parece volverse más restrictiva cada día, una vida más sencilla y más amable es algo que en efecto, se puede.

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“En la tiera de Nod” – Pedro Gomilla Martorell

A veces, la poesía es el único lenguaje a través del que podemos expresar ciertos sentimientos. Incluso puede ser el único terreno en el que descubrir ciertas cosas que nos ocurren o nos alijen y que ni siquiera somos capaces de entender. En la tierra de Nod bien podría ser un ejemplo de estas dos últimas. Pedro Gomilla escribe en estos versos su propio viaje de autodescubrimiento personal, aunque es un camino que probablemente muchas personas hayan recorrido o se encuentren en el medio de él.

Estos poemas se caracterizan por su larga extensión, que frecuentemente sobrepasa las once silabas y puede incluso llegar hasta el pentadecasílabo. Asimismo, prácticamente todos tienen más de veinte versos, sin embargo, el hecho de que carezcan de título y la estructura similar que comparten entre sí, hace En la tierra de Nod genere la impresión de ser un único poema inmenso en lugar de varios poemas. A pesar de que el objetivo de este poemario es indudablemente contarnos una historia, en ningún momento se desliza hacia el prosaísmo o lo narrativo. Pedro Gomilla camina sobre una línea muy delgada entre la continuidad y lo episódico, construyendo una historia a través de momentos clave de la misma, omitiendo toda lo demás, pero logrando que cada poema muestre una conexión con el anterior y el siguiente.

En la tierra de Nod narra la historia de un viaje. No un viaje físico, sino espiritual por parte del autor. El propio título nos da una importante pista de lo que se cuenta en estas páginas. Gomilla cruza la tierra de Nod, de nadie, donde la incertidumbre domina hasta donde alcanza la vista y la única manera de escapar de ella es avanzar sin temor a dejarlo todo atrás ni a lo que espera más allá. Pedro Gomilla nos cuenta en estos versos el terrible viaje, lleno de dificultades, en el que descubrió su propia sexualidad y decidió aceptarla como único medio para poder alcanzar la felicidad. Esta ardua travesía comienza con el descubrimiento de “el Otro”, la encarnación física de lo que supuestamente es correcto, o mejor dicho, de lo que se le ha enseñado que es correcto. La lucha es feroz, puesto que ese otro tiene el beneplácito de la sociedad, en ese enfrentamiento el autor debe conquistarse a sí mismo, su derecho por decidir su propia sexualidad y por ende, por decidir quién y qué forma su propia persona, aunque ello conlleve el asesinato de este doble, que también forma parte de su ser. Rechazar esta parte resulta un sacrificio duro, pero necesario para la conquista de su propio destino. Después de verse a sí mismo como su único dueño, Gomilla afronta las consecuencias de sus propios actos y se enfrente a la sociedad que primero intento definirlo y ahora lo rechaza. Esta historia, con su viaje y sus batallas, ocurre dentro de la consciencia del propio autor, por lo que para definirla se crea una atmosfera alegórica, probablemente la mejor manera de definir estos devenires de la mente y el autoconocimiento. Destaca el simbolismo relacionado con la sexualidad a través de la religión. Aparecen símbolos de la religión cristiana y la helena, con los que Gomilla construye los dos polos opuestos de la sexualidad que marcan el principio y el fin de estos viajes.

Cabe decir que En la tierra de Nod no es un poemario para el gusto de todos. Estos poemas pueden llegar a ser oscuros, tristes y duros, pero al fin y al cabo, lo que cuentan no son sucesos alegres, sino una lucha cruenta por la supervivencia y la felicidad. Me recuerda a la respuesta que Roberto Rosellini dio cuando le preguntaron por qué su película, Roma ciudad abierta era tan violencia: “porque la vida en Roma durante esos años era así de violenta”. Cruzar la tierra de Nod no es fácil, pero hay muchas lecciones que aprender de este viaje.

Este libro se puede comprar a través de Amazon

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Tercer Poetry Slam de Oviedo

11986326_1615229785409374_1406781794265415794_nLo reconozco. Por mucho que escuche a Gil Scott Heron o Mutabaruka, la poesía de slam y los Slams de poesía siguen sonándome a chino. Afortunadamente, creo que no soy el único, así que me he obligado a investigar un poco y hacer un brevísimo resumen sobre esta nueva manera de entender la poesía.

Aparentemente, el origen de los slams está en los clubs de jazz de Chicago de finales de los 70. Allí, una serie de poetas alejados de los círculos de poesía académicos participaban en eventos de lectura de poemas en bares. Uno de ellos, Jerome Salla, un buen diía (o noche, más bien), leyó  en uno de estos clubes y otro poeta, Jimmy Desmond, al que no le gustó nada el poema, le tiro una silla mientras aun estaba recitando. Días mas tarde, se organizó un “combate poético a muerte en 10 asaltos” en una discoteca cercana. Incluso montaron un ring de boxeo, con chicas en bikini, jueces y campana. La idea era que cada poeta leería un poema en cada asalto, de 3 minutos, y el jurado decidiría quien gana. Los poetas incluso salieron al ring disfrazados de boxeadores. El vencedor de este esperpéntico combate fue Jerome Salla. Un par de semanas después se organizó un rematch al que acudieron casi dos mil personas.

Este fue el primer slam, dos poetas enfrentados como si fuese un combate. No obstante, a principios de los 80, Marc Smith promovió una reforma de este espectáculo, que consideraba que “se quemaría muy rápido. Añadió mas poetas a cada evento, de forma que fuese una batalla, mas que un combate entre dos poetas.  Dividió el evento en rondas con descansos, aunque mantuvo la simbología del boxeo, otorgando 3 minutos para cada participante, decidió elegir a los jueces al azar entre el público (tres o cinco, si el slam es grande), para buscar una mayor interacción entre poeta y público. Estas reglas acabarían siendo las reglas oficiales de los poetry slams. Con esta nueva configuración, estos eventos se convirtieron rápidamente en el pilar central de la escena poética de Chicago y poco a poco, fueron pasando a otras ciudades de Estados Unidos y del otro lado del charco.

Resumiendo, la poesía de slam es poesía en la que se valora por igual la interpretacion y el texto. Ir a un poetry slam es ir a ver poesía como quien va a ver teatro. Esto da pie a varios estilos, desde cambios de voz e interpretaciones casi teatrales, hasta recitar como si se tratase de rap o dub. Es una forma de poesía no-académica que busca llevar el verso a la gente. El propio Marc Smith manifestó que su objetivo era crear un espacio donde estuviesen presentes todos los estilos de poesía posibles.

A Oviedo esta tendencia llego hace poco a través de tres organizadores: Estela Gónzalez, Llamazares Miguel y Mentxu M. Blasco. Ya llevan tres Poetry slams y el público está respondiendo bien (cada uno atrae más que el anterior). Se organizan en el pub Per se, donde venden pintas de Guinness a 3,50 y tienen una tarta de queso excelente.

En esta edición participaron nueve poetas, dos menos que en la anterior. Honestamente, mejor. En el anterior slam había demasiados poetas y el evento se alargó demasiado. Yo que no vivo en Oviedo y dependo del transporte público no pude quedarme hasta el final.

La presentadora, otra vez, fue Mentxu M. Blanco, que demostró bien su habilidad para encandilar al público y hacerle gritar “uno, dos, tres, ¡Slam!”. En los descansos, para aportar un poco de variedad al evento, hubo música. En el primer descanso Llamazares Miguel nos obsequió con una versión de “I´ve got the blues” de Joss Stone. En el segundo, una de las participantes, Irene de Filandera, inundó la sala con las notas celtas que surgían de su violín.

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De los participantes, el que más destaco fue el ganador, Pablo Cortina. Obtuvo la victoria en este slam con un poema que traía una reinterpretación de la Rima XXI de Bécquer, aderezado con una buena interpretación. Su lectura fue espontánea, como una conversación que se va de las manos, como una bofetada de palabras. Para los interesados, tiene su propio blog donde publica sus poemas.

Más información sobre los Poetry Slams en la pagina de Facebook de Poetry Slam Oviedo.

Bibliografía:
“A incomplete story of slam” (en ingles)
Verbs on asphalt: “The story of nuyorican Poetry Slam” (en ingles)

“Gil de Biedma 25 años después” Homenaje a Jaime Gil de Biedma

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El octavo día de enero de mil novecientos noventa, moría Jaime Gil de Biedma a causa del sida. Veinticinco años después, en la Universidad de Oviedo, se le rinde un homenaje auspiciado por la Cátedra Emilio Alarcos. Los encargados de ello fueron Carlos Marzal, Jose Luis García Martín, Josefina Martínez y Luis García Montero. El lugar, el salón de actos de la Biblioteca del Campus del Milán.

Ocurrió a eso de las 12 de la mañana del 30 de septiembre, con algo de retraso, ya que los micros, siguiendo una especie de tradición no escrita de este campus, decidieron fallar en el último momento. No tardaron en ser arreglados y el homenaje empezó con la intervención de la decana en funciones de la facultad, Dª Carmen Alfonso, mientras los fotógrafos fusilaban a público y conferenciantes con sus copitos de nieve.

Comenzaron con un resumen de la vida y obra del autor catalán, sus gustos y su percepción de la poesía. De los temas que se trataron, pueden destacarse dos. El primero sería la evolución de la figura de Jaime Gil de Biedma. Durante los años setenta, era admirado, pero no como poeta, de hecho, su obra contaba con pocas ediciones y escasa difusión. Hasta que en el 75 publican sus poemas completos y los lectores pudieron conocerle al fin, esto se acrecentaría con la publicación en 1980 de sus estudios literarios. No obstante, lo que cambiaría la concepción de Jaime Gil de Biedma sería una biografía escrita por Daniel Dalmau en la que consultó a una expareja del poeta. Esta biografía, pues, descubrió al público la homosexualidad de Jaime Gil de Biedma, lo que le convirtió en un icono gay. No es que este mal ser un icono de la homosexualidad, pero Jaime Gil de Biedma simplemente no quería ser eso. Sus poemas no se centran en el amor o el erotismo homosexual, sino en el universal. Al hacerse pública su homosexualidad, sus poemas adquirieron un matiz nuevo que en cierta manera cambió su significado.

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La otra interesante cuestión que me gustaría destacar viene marcada por esto último. A partir de 1956, Jaime Gil de Biedma empezó a interesarse por la política, convirtiéndose en uno de esos burgueses que se identificaban con la izquierda (nada raro en los poetas de los cincuenta). Esto se cristalizaría con su intento de entrar en el Partido Comunista, en esos momentos en la clandestinidad. El Partido Comunista, no obstante, lo rechazo por homosexual.

Dicho así suena totalmente homófobo, pero no es tan simple. El partido estaba en la clandestinidad, el descubrimiento de un miembro en aquellos años duros del franquismo significaba la muerte. Si la policía conseguía que un miembro confirmado dijese los nombres de sus compañeros, el resultado podía ser la muerte de todos los miembros del partido. La homosexualidad de Jaime era una brecha por la que la policía podía presionar y los comunistas no querían arriesgar sus vidas. Por otra parte, en aquellos años Gil de Biedma llevaba una vida casi bohemia, bebiendo mucho, saliendo por las noches y armando escándalo (incluso llego a estrellar el coche de su padre, borracho). No era la vida espartana y disimulada que debía llevar un militante de un partido político clandestino. En  resumen, el Partido Comunista tenía muchas razones para rechazar su entrada y la homofobia no era una de ellas

Al final, el tiempo se les echó encima a los conferenciantes y no se pudieron leer tantos poemas como me hubiese gustado oír. No obstante, este homenaje de poetas a otro poeta estuvo bien y nos sirvió para profundizar en la figura del poeta barcelonés. Nadie menciono el curioso detalle de que Jaime Gil de Biedma es tío de Esperanza Aguirre. Casi que mejor.