Presentación de “Nostalgia de la acción”

Este mismo sábado, a eso de las doce y media de la mañana, en el café-librería Santa Teresa tuvo lugar la presentación de Nostalgia de la acción en Oviedo, a la que asistieron las dos autoras del libro: la poeta Ana Gorría y la dibujante, Marta Azparren, y que fue presentada por su editora, Alba González Sanz.

Publicado en Ediciones Saltadera, Nostalgia de la acción representa el salto de la editorial asturiana al mercado nacional tras haberse consolidado durante diez años con publicaciones en Asturias, por lo que este evento se enmarca en una gira en la que las dos artistas recorren varias ciudades españolas presentando su obra.

El evento comenzó con unas palabras de Alba González Sanz en las que destacó la naturaleza dual de Nostalgia de la acción. El poemario contiene por un lado los poemas de Ana Gorría y por otro, las ilustraciones de Marta Azparrren, de los cuales surge una simbiosis entre verso y dibujo, una obra multidisciplinar que trasciende a ambas disciplinas. Además, la poeta gijonesa se mostró afortunada de poder editar a la poeta canaria, de la cual se confesó admiradora desde que leyó por primera vez Araña (El gavitero ediciones, 2005).

Terminada la presentación de rigor, se dio paso a la lectura de poemas. Las canarias ofrecieron al abundante público una sesión performativa en la que la Ana Gorría leyó prácticamente la totalidad de los poemas que incluye Nostalgia de la acción mientras Marta Azparren realizada dibujos en vivo. Para ello, colocaron una cámara apuntando al lienzo y conectada a un proyector, de modo que los asistentes pudieron disfrutar en directo de cada trazo, cada movimiento del pincel según iba formando cada imagen. Existe una gran conexión entre las dos artistas y la combinación de verso y pintura generó una atmosfera casi mágica.

Los dibujos que Marta Azparren iba improvisando se hacían sobre una pequeña plaquette con haikus inéditos de Ana Gorría que fueron ofrecidos al público una vez terminado el acto. Reproducimos aquí algunos de ellos.

Hambre del ojo.
Elogio de la mano.
Caligrafía.

Línea en la tierra.
Una mano dibuja.
Línea en el cielo.

“Al umbral de las horas” – Mario Vega

Recuerdo haber leído Al umbral de las horas, de Mario Vega, cuando ni siquiera se llamaba así, cuando no eran más que un puñado de poemas impresos en din A4 y times new roman. Era un poemario inmenso que superaba ampliamente los 800 versos. Recuerdo que Mario decía que él no tenía prisa por publicar, como Jaime Gil de Biedma, que había publicado su primer libro a los 20 y pico años. Y era verdad. Años más tarde, sin prisa pero sin pausa, el poeta ovetense hace su debut en la editorial Valparaiso y decide llamar al descendiente de  ese proto-poemario (que por supuesto, sufrió una grandísima cantidad de cambios y adelgazó un poco su número de versos) con el título que tiene hoy.

Llama la atención el sentido de la tradición poética latente en Al umbral de las horas. En cierta manera parece un poemario de otro tiempo, puesto que este es un poemario que aspira a la perfección en la estructura de sus versos. En ese sentido, hay una supremacía de la forma sobre el contenido. No se aprecia sentimiento puro en estos poemas, más bien un eco de ellos. Una templanza que demuestra que Mario Vega no solo mide sus versos, también el contenido que en ellos se incluye

Cabe decir que este el estilo del poeta ovetense es la suma de sus lecturas. Mario Vega acostumbra a poblar los márgenes de sus poemas con citas de autores que van desde Propercio hasta Joan Manuel Serrat, como si antes de enseñarnos su obra, el autor quisiera mostrarnos a sus maestros.

La poesía que Mario Vega nos brinda en El umbral de las horas puede dividirse en dos estilos: versos de nostalgia y versos de nostalgia. El primero se basa fundamentalmente en poemas que buscan la perfección métrica, estando compuestos principalmente por sonetos u otras formas clásicas. La otra vertiente son poemas donde se hace un ejercicio de nostalgia para dejar plasmados en el papel ciertos momentos de la vida del autor, como queriendo dejarlos plasmados en papel, inmortalizados. No obstante, se deja entrever que todo esto puede ser un juego: los hechos narrados pueden ser verdaderos o no.

Quizás por ser la forma el aspecto principal de este poemario, los temas que en el aparecen son mayoritariamente clásicos. El amor, el descubrimiento del mismo y el intimismo son el principal contenido de los versos de Al umbral de las horas, sazonados con ciertos toques platónicos. Mario Vega encuentra a través de esta serie de experiencias vividas motivos o más bien, justificaciones para seguir viviendo. Aparte de la temática principal, también hay sitio en estas páginas para la reflexión sobre la poesía y los efectos que esta genera en el lector.

En resumen, Al umbral de las horas es un poemario tradicional en absolutamente todos los sentidos de la palabra. Desde las formas, hasta los contenidos, Mario Vega se erige como seguidor de la tradición poética hispánica. Al fin y al cabo, no tiene sentido querer arreglar lo que no está estropeado ¿No?

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33 — Alejandro Mallada

Alejandro Mallada escribe una poesía personal como pocas. Describirla es poco menos que hacer una descripción de su autor: Nace en Gijón, en el barrio de La Calzada, de familia humilde y obrera. En sus versos pueden verse reflejadas todo esto y alguna característica más derivada del determinismo que aun habita los barrios de la clase trabajadora, como la rebeldía innata del que tiene poco que perder o la camaradería masculina. 33 es su primera obra, publicado en Ediciones en huida.

Llama la atención como la personalidad del autor también se ve reflejada en la propia forma de los poemas. Prácticamente todos los versos de 33 son de menos de ochos sílabas, lo que desde la academia se denomina como verso de arte menor. Esto refleja una vida acostumbrada al trabajo manual poco remunerado, al trabajador que está más acostumbrado a escuchar que a hablar y por ello, habla poco. Los poemas de Alejandro Mallada son mínimos en cuanto a la expresión, como si fueran frases cortas que se dicen apresuradamente. Además, Mallada no siente reparo en escribir como habla e incluir términos del asturiano, que salpican las páginas y aportan al poemario una dosis de realismo.

Un aspecto clave de este poemario es la urbe, que en 33 aparece como un ecosistema donde el autor es un animal más que busca su sitio. Es común encontrar en estos poemas descripciones de Gijón, así como de sus habitantes. No obstante, la ciudad no es un ambiente agradable: muchos de estos poemas tratan sobre sentirse atrapado por las circustancias, intentar medrar en la vida a través del trabajo y ver los esfuerzos tirados por el suelo por una razón u otra, una especie de rueda que siempre retorna a la misma posición y que se refleja a través de la repetición. En cierta medida, podría decirse que 33 pertenece al llamado realismo sucio, aunque no se  reboza en la suciedad, sino que trata (en vano) de huir de ella.

Todo el entorno, el ecosistema que aparece en 33 parte de la individualidad del propio autor. En ese sentido, el resto de personajes que aparecen en estas páginas resultan extrañamente lejanos, ya sea porque su relación con el poeta es violenta (como es el caso de la policía), o bien porque es el propio autor quien nos habla de ellos en sus versos, como si ya no estuvieran presentes en su vida. A pesar de que muchos de estos poemas intentan imitar la estructura ( o más bien, falta de ella), de las anécdotas, da la impresión de que quien los cuenta siempre se encuentra solo.

Con 33, Alejandro Mallada nos trae una poesía desgarrada, fresca y sin complejos. Poesía creada a raíz de la pura pulsión, la necesidad inescapable de escribir, de volcar al papel los versos que se llevan dentro, sin necesidad de aprender ningún oficio de poeta. Quizás por ello Mallada rechaza la idea de denominarse a sí mismo poeta: no le fue necesario aprender a crear versos, puesto que ya los tenía dentro, incubándose.

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“Ombligos y universos” – Julia Navas Moreno

Desde que existe la poesía, existe la poesía amorosa. Y desde que existe la poesía amorosa, el amor ha sido descrito a través de la metáfora. Desde la madonna angelicata del Renacimiento, a la alegría de los pronombres de Pedro Salinas, el romance siempre se ha descrito a través de comparaciones o idealizaciones del mismo. Esto con los años ha ido generando una visión de la relación en pareja que a la hora de la verdad, choca contra la realidad y en un buen número de los casos, no acaba bien. Ombligos y universos, escrito por Julia Navas y publicado en Ediciones Canalla, explora este enfrentamiento, esta especie de guerra entre lo idealizado y lo real.

Al igual que muchos poetas actuales, Julia Navas utiliza la poesía como terreno donde aclarar los sentimientos que sintió en momentos específicos, poniendo a la experiencia en una posición secundaria respecto a la reacción que tenemos respecto a ella. Esto hace que Ombligos y universos tenga un ligero toque a “diario sentimental”. En la lectura del poemario podemos ver como ciertos temas ganas o pierden intensidad a medida que recorremos sus páginas, reflejando así las inquietudes de la autora en diferentes momentos. Es interesante ver todo esto desprovisto de contexto: el lector no sabe los detalles que propiciaron la creación de estos poemas, ni las fechas en las que fueron escritos. Son experiencias desprovistas de la propia experiencia, dejando tan solo lo relevante de las mismas, el efecto que generan. Leer estos poemas permite conocer aspectos muy íntimos de su autora, pero obviando los más superficiales.

El tema principal de Ombligos y universos es el choque entre idealización y realidad en una relación sentimental. El descubrimiento de la parte mala de nuestra pareja que intentamos ignorar, pero que se va imponiendo poco a poco.  Esta “desidealización” va dando paso a un ansia de libertad y resilencia: ante la montaña rusa de alegrías y penas de una relación que cojea, que no era lo se esperaba de ella, se empieza a buscar la tranquilidad y libre albedrío del que se disfrutaba cuando no había nada que nos limitase. La cruda realidad, no obstante, empieza a propagarse a todos los aspectos de la vida. No era solo la vida en pareja lo que nos limita, en cierta manera, estamos determinados por muchas más cosas que el amor.

No obstante, el descubrimiento de esto también nos trae una cierta liberación. Aunque la visión idealizada de la vida, esa visión que todos en algún momento entendemos por cierta, se cae por su propio peso y nos deja sin un asidero donde mantenernos firmes ante el torrente de la vida puede parecer algo desesperanzador, la autora se aferra a la vida y se siente libre dejándose llevar por la corriente. Rota la visión romántica de la vida, la autora siente que al fin puede comenzar a vivir, a disfrutar la propia vida.

Ombligos y universos esta formado por una serie de poemas que al juntarse, crean una historia basada en un fragmento de la vida de la autora. Un uso de la poesía para crear una historia a partir de lo vivido, quizá para darle sentido, quizá para convertirlo en algo en lo que los demás se puedan identificar.

Ombligos y universos puede comprarse online a través de la página web de Ediciones Canalla

“Los dones del otoño” – José Cereijo

(esta reseña fue publicada por primera vez en el número 9 de la Revista Anáfora en octubre del 2016)

Si Aristóteles hubiese tenido razón en todo y todo tuviese una finalidad, sin duda el otoño sería la estación del año diseñada para la reflexión. La naturaleza verde y exuberante comienza a disolverse lentamente, tiñéndose de dorado y más tarde de marrón. El cielo se oscurece y la noche cada vez llega antes, acompañada de la lluvia y el frio. Todo parece indicarnos a permanecer dentro de nuestras casas y distraernos con actividades de la mente. Sin embargo, el otoño también puede ser un tiempo excelente para extraer reflexiones de la naturaleza moribunda, siendo estas buen material para la poesía, como vemos en Los dones del otoño, de José Cereijo (Redondela, Pontevedra, 1957).

Es este un  poemario de reflexión frente a la vida tras haber vivido ya buena parte de ella. En Los dones del otoño, como en el otoño mismo, la muerte (o más bien, el fin), se encuentra por todas partes, de ahí que la mayoría de las imágenes que pueblan este libro se relacionan con ella, como el ocaso, la hoja que cae o la flor en el vaso de agua que va perdiendo su belleza poco a poco, aunque otras veces se presenta a través de la ausencia de aquellos que ya se han ido. No en vano, gran parte de estos poemas tratan sobre la realización de haber superado ya la mayoría de la vida, de descubrir ese punto en el que estamos más cerca del final que del principio. Llama la atención como llegado a este punto, José Cereijo desarrolla tímidamente la espiritualidad, siendo constantes las referencias a Dios y su silencio o ausencia durante todo el poemario.

Hay dos tipos de poemas en Los dones del otoño. Los primeros son aquellos que contienen recomendaciones sobre la vida, caracterizados por verbos que rompen la cuarta pantalla (si es que existe cuarta pantalla en la poesía y no es un dialogo cerrado entre poeta y lector), para ofrecer consejos, casi mandatos, que ayudan a apreciar mejor el milagro desinteresado que es la vida . Los otros, por su parte, también nos ofrecen reflexiones para entender mejor la propia existencia, pero lo hacen acompañados de observaciones e imágenes de la naturaleza, que propician los primeros.

Todo esto aparece en versos libres de cualquier forma o medida, sin adornos ni lenguaje grandilocuente que adorne el contenido. José Cereijo no necesita ningún tipo de adorno  que pueda distraer al lector del mensaje que sus versos transmiten. A través del lenguaje sencillo, cotidiano, el poeta logra trascender los propios límites de las propias palabras y transmitir unos conocimientos que apelan más al alma que a la mente.

En esencia, Los dones del otoño es como un paseo junto al autor por un camino poco transitado, lleno de paisajes otoñales, en el que lector y poeta van manteniendo una conversación sobre la vida, como vivirla y cómo afrontar su inevitable final. Al final, la conclusión a la que llega Cereijo es que la única cura frente a la muerte, la única solución, es vivir. Vivir hasta estar satisfecho y no se quiera vivir más, aunque esto parezca imposible. Vivir hasta que la muerte llegue como el momento en el que una hoja se separa del árbol en otoño.

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“La triste historia de tu cuerpo sobre el mío” – Marwan

Marwan Abu-Tahoun Recio nace en Madrid en 1979. Tras una breve carrera como cantautor (que mantiene en la actualidad), publica en 2011, bajo el amparo de la editorial Origami, el poemario La triste historia de tu cuerpo sobre el mío, en donde pasó a ser conocido con su nombre artístico: Marwan.

La triste historia de tu cuerpo sobre el mío es el primer ladrillo de la construcción de un poeta. Marwan, construye una imagen de sí mismo como autor de poesía. Este detalle puede apreciarse desde la propia biografía que viene incluida en las tapas del libro, donde apenas se incluye información relevante del autor, pero incluye aspectos muy bohemios del mismo, como el lugar donde beso a alguien por primera vez. Esto es una especie de proyecto metapoético en el que por primera vez, se consideran aspectos ajenos a la obra del autor como fundamentales. Este libro no vende tan solo una serie de poemas, sino que también incluye una figura, una imagen del autor que es prácticamente tan importante como sus versos para apreciarlos plenamente.

En efecto, no es extraño encontrar en la historia de la literatura grandes autores y autoras conocidas por su bohemia o sus excentricidades, especialmente a partir del siglo XIX. No obstante, en cierta manera, estos autores no construían esta imagen de forma tan sintética y analítica. Marwan construye su propia “persona” con rasgos que tradicionalmente caracterizaron a la bohemia, pero de forma poco intensa. Por ejemplo, en todo el poemario aparecen referencias al alcohol, pero no como alcoholismo, sino como una ingesta moderada de alcohol como rutina. Estos rasgos y la forma en la que se muestran generan una sensación de artificialidad que inevitablemente lleva al reconocimiento de este proceso y a la ruptura de la “magia” asociada a la bohemia. En cierta medida, es la misma diferencia que puede haber entre Batman y una persona disfrazada de Batman.

Otros rasgos que construyen esta imagen de poeta bohemio se pueden ver reflejados en los propios poemas. Hay una naturalidad buscada en todos los poemas que forman La triste historia de tu cuerpo sobre el mío, para ello, Marwan hace del minimalismo y la sencillez en el lenguaje su rasgo principal, así como una especie de despreocupación por el ritmo y el número de sílabas en sus versos.

Atendiendo al tema, nos encontramos ante una serie de poemas cuyo tema principal es el amor en su vertiente más clásica y romántica. Por ello, La triste historia de tu cuerpo sobre el mío cae en los también clásicos tópicos del amor romántico. A destacar la mala representación de la mujer, quien solo aparece como un objeto de deseo o de odio.

La mayoría de estos poemas siguen una formula parecida. Por un lado, están dirigidos a una segunda persona indeterminada de la que no se nos ofrece ninguna información. Con esto se persigue que el lector o lectora se sienta que los poemas van dirigidos a él o ella a través de la suspensión de la credibilidad. Por otro lado, los poemas siguen un esquema bastante parecido: una sucesión de elementos con una especie de quiebro en los últimos dos versos que comparan todo lo que aparece en el poema con ese al que van dirigidos. Esto busca reforzar la sensación de que los versos van dirigidos al lector.

Quien compra La triste historia de tu cuerpo sobre el mío no compra unos poemas, que pueden gustar más o menos y generalmente acaban durmiendo el sueño de los justos en alguna estantería, sino que compra una marca, unos poemas y una imagen. Frente a la poesía tradicional, que considera que lo importante es el poema y deja lo demás para la anécdota, Marwan ofrece un modelo a seguir que no puede entenderse atendiendo tan solo a sus versos. En buena medida, esto es un uso excelente de las posibilidades comerciales que las redes sociales e interne en general ofrecen a los creadores de cualquier manifestación artística. A quienes estén acostumbrados a un consumo más tradicional de poesía, esto probablemente no sea plato de su gusto.

Este libro puede comprarse a través de la web de Casadellibro, aunque en su re-edición bajo el sello Frida.

 

“Trabajo sucio” – Eva Vaz

Una buena manera de describir a Trabajo sucio, de Eva Vaz, publicado en la editorial sevillana La isla de Siltolá, sería “visceral”. Los poemas que estas páginas contienen son los poemas más líricos que he leído en bastante tiempo. Es decir, reflejan el sentimiento de la autora frente a diferentes experiencias, en este caso, la mayoría de lo que se refleja son cosas malas. No es este un poemario de versos bonitos y coloristas, ni de sentimientos amorosos y bellos. No, pero bueno, la vida no siempre es un caminito de rosas, ¿verdad?

Los poemas de Eva Vaz reflejan el flujo de pensamiento de la propia autora de forma espontánea. En la práctica esto se traduce en poemas con un ritmo muy irregular, que se acelera y se relaja a voluntad de la autora, siendo esto un recurso que genera ansiedad o situación de inmovilismo dependiendo del poema. En otras ocasiones, Eva Vaz rompe la “cuarta pared” del libro y los versos se asemejan más al habla oral, con poemas que se dirigen al lector de tú a tú o bien a tipos concretos de persona hacía los que el poema hace una sátira. También podemos encontrar poemas cuya forma resulta parecida a estos últimos, pero acercándose más al monologo interior, a lo que nos decimos a nosotros mismos sin pronunciar palabra.

Puebla cada página de Trabajo sucio un sentimiento de desamparo, de angustia vital producto de las cicatrices que va dejando en nuestro cuerpo los años. Como si cada poema fuera un recipiente donde verter la angustia que nos devora por dentro, para verterlo y poder al fin mantenerlo atrapado y controlado. No obstante, existe una evolución dentro de los poemas que refleja de forma indirecta una evolución de la autora: de una situación casi apocalíptica, en la que la protagonista de los poemas se ve atrapada en una relación catastrófica pasamos a la vida tras la ruptura y la posterior aparición de su nueva pareja junto a otros factores que propician poco a poco, la mejoría de la vida de la autora.

Llama la atención el carácter casi confesional de la mayoría de los poemas de Trabajo sucio. No sería posible leer a Eva Vaz sin comprender ciertos problemas que vivió y que superó de mejor o peor forma. No obstante, estas confesiones son íntimas. No intenta explicarle nada a nadie, más bien, intenta comprender lo que le pasa (o más bien, lo que le pasó), como si los poemas fuesen una especie de placa Petri desde la que aislar y estudiar las emociones y la situación personal.

En general, Trabajo sucio es un libro que mayoritariamente trata los aspectos más duros y oscuros de una vida que aparece reflejada en estas páginas de forma viva, palpitante. Un viaje desde en el fondo a la superficie, en el que poco a poco vamos viendo como la luz, la resilencia, acaba llegando. Los poemas que forman el último poemario de Eva Vaz, aunque en principio pueden aparecer distantes e inconexos, van formando una historia personal que va desde la oscuridad más absoluta hasta la felicidad, produciendo una especie de catarsis en el lector.

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“Memorias del mar” – Rocío Acebal

La memoria es la base de toda la poesía. Esto se debe a que toda la poesía parte de la experiencia, ya sea real o ficticia. Quizás pueda parecer un poco extraño decirlo así, pero toda la poesía cuenta hechos o encuentra en ellos su razón de ser. De ahí que hoy en día existan una gran cantidas de poetas que encentran en sus experiencias vividas, ya sean vitales o no, el material con el que crear sus versos. Es el caso de Rocío Acebal en Memorias del mar, libro con el que desembarca en la poesía contemporánea tras su paso por alguna que otra revista literaria y antología, así como otras funciones que quizá llaman menos la atención, como ser co-editora de la asturiana Revista Maremagnum o escribir reseñas en su blog y otros medios.

Memorias del mar es un poemario sólido y clásico. Se divide en tres partes, recogiendo cada una poemas que giran en torno a un mismo tema, la primera y la segunda tratan el amor en distintas variantes, mientras que la última tiene una temática más variada, con versos que reflexionan sobre la propia poesía y se ríen de la bohemia o el decadentismo junto a poemas más grises. Esto es, poemas sobre la nostalgia de la infancia perdida, la situación de la mujer en la sociedad actual o el sentimiento de encierro o soledad. La combinación de ambos genera un efecto tragicómico, como si la autora descubriese que demasiados poemas tristes podrían entristecer al lector y decidiera animarle con una serie de poemas burlescos. De hecho, también cabe destacar la organización del poemario, que no es ni mucho menos casual: el orden de los poemas no es casualidad, de hecho, prácticamente nada es casualidad en este libro de poemas pulido hasta el último detalle, hasta la última coma.

Este mimo, este cuidado se refleja principalmente en la forma. Podría decirse que Memorias del mar, prima la forma sobre el contenido, puesto que cada acento está donde tiene que estar, las sílabas aparecen contadas y riman los versos que tienen que rimar. Todo está en su sitio. Abundan los endecasílabos y los versos de arte mayor, no siendo común sin embargo, las formas clásicas (aparte de un par de haikus y algún soneto), en cambio, Rocío Acebal prefiere experimentar con verso libre, pero con versos que no son libres. La ovetense parece sentirse más cómoda en el verso de once sílabas y por ello crea poemas de longitud variable, con endacasílabos sin rima como cuerpo.

Ante todo, Memorias del mar es un poemario trabajado, pulido hasta el más mínimo detalle como una estatua grecolatina. Independientemente de que los temas que se tratan en estos poemas gusten más o menos, es innegable la calidad desde el punto de vista técnico que estos versos emanan. Al fin y al cabo, los gustos son subjetivos (y ojalá no dejen de serlo nunca), pero la calidad formal de un verso, definitivamente es algo lleno de objetividad.

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“Raíces aéreas” – Patricia Gonzalo de Jesus

La poesía como refugio. La poesía como un acantilado en el que se grita lo que nos come por dentro. La poesía como herramienta de análisis del mundo y de lo humano. Estas tres frases podrían describir Raíces aéreas poemario con el que Patricia Gonzalo de Jesús se inicia en la  poesía, publicado a principios de este año en la editorial La Bella Varsovia.

El lenguaje de este poemario es sencillo, simple, en ocasiones rozando lo seco, apropiado para tratar estos poemas que llevan generaciones secando la vida de mujeres como la propia autora. La mayoría de los poemas de Raíces aéreas tienen un ritmo abrupto, que por momentos fluye libremente y de repente se paran en seco, como si chocasen contra un obstáculo que le impide seguir, lo que genera una especie de ansiedad al lector. A través de este lenguaje puede apreciarse los sentimientos de Patricia Gonzalo acerca de los temas que habla, el hastío de ser mujer, de tener una alta educación y ver problemas que el mundo en su totalidad, niega. De ver como esos problemas siempre han estado ahí y siempre se ha negado su existencia. Asimismo, la autora se nutre del lenguaje de todo lo que ha leído, ya sean los mitos panhelénicos, el discurso bíblico o el lenguaje de las instrucciones de los medicamentos. Nada humano le es ajeno y no desprecia ninguna voz para expresarse.

Esencialmente, Raíces aéreas es un poemario que trata una serie de problemas que atañen a la mujer desde hace generaciones. El relego a una posición secundaria en la sociedad, las cadenas que atan al segundo sexo al hogar y sus tareas. Estos no se mencionan explícitamente en ningún momento, pero se nos muestra cómo están ahí, como siempre han estado ahí desde siempre, pegados a la mujer como un sello a una carta. Incluso cuando una mujer logra escapar de ellos, siguen persiguiéndola, puesto que vivimos en sociedad y es imposible verlos reflejados en todas partes. El tratamiento que Patricia Gonzalo hace de estas cuestiones es el mismo que la sociedad, en conjunto, hace de todos ellos: no se menciona con la vana esperanza de que así desaparezcan, o bien se menciona en momentos puntuales, cuando es imposible negarlos.

No obstante, es el hastío la parte central de Raíces aéreas. Es de ahí de donde surge una rebeldía frente a una sociedad que se muestra injusta ante una. No hay un llamamiento a la rebelión general, sino una rebelión desde la individualidad, una revolución cotidiana. Patricia Gonzalo analiza su entorno cercano, ya sea en el espacio o en el tiempo, con poemas que tratan sobre el significado de algo tan mundano como un mueble, o el análisis de la propia familia. Destaca la presencia del pasado reciente de España, la Guerra Civil y su posterior dictadura franquista como algo aun latente, aun presente en la memoria que todos los españoles hemos heredado. Algo de lo que nos cuesta hablar, de lo que preferimos no hablar, aunque deberíamos. Aunque muchos pueden opinar que el tema de “las dos Españas” pertenece a la literatura de hace ya casi un siglo, libros como este nos demuestran que sigue siendo un tema pendiente para nuestra sociedad, puesto que no se trata de un tema concreto de un punto concreto de la historia del siglo pasado, sino un continuo, una búsqueda de justicia que sigue sin estar concluida de hoy y que nos devorará por dentro mientras neguemos su existencia.

Los poemas de Patricia Gonzalo de Jesús son una especie de grito silencioso. Una queja ante los problemas que se esconden bajo la manta, los que nunca llegan a ser lo suficiente importantes par que se traten con prioridad (siempre hay algo más prioritario) y que nos devoran de una forma u otra a todos. Raíces aéreas es un poemario necesario, muy necesario, donde se plantean los problemas que la sociedad del siglo XXI sigue sin resolver, aunque cada vez tenga más claro la manera de resolverlos.

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“Todo lo zurdo” – Victor M. Díez

Tradicionalmente, la ciudad es contraria a la mística. Se considera que la ciudad es territorio de lo pragmático, de la bolsa, la producción de dinero y los altos bloques de pisos que luchan en vano por romper su uniformidad. Aquellos que buscaban desarrollar su vena mística se veían más o menos obligados a escapar de las urbes, ya sea de puertas para dentro, en la tranquilidad silenciosa de los conventos o fuera, en la exuberancia caótica de la naturaleza. No obstante desde siempre, pero especialmente a partir del siglo XIX, existen en las ciudades un grupo más o menos numeroso de individuos que pretenden desarrollar la espiritualidad en la urbe, especialmente a partir del arte y sobretodo, la música. Gente que rechaza el pragmatismo de la sociedad moderna en favor de una vida más ligada a la espiritualidad. De esta tradición bebe Victor M. Diez en los poemas que aparecen en su poemario, Todo lo zurdo.

El propio título nos indica por donde van los tiros en este poemario, remitiéndonos a todo lo que no es derecho, a todo lo que no está bien y en el fondo, no desea estarlo. Con una extensión considerable, Todo lo zurdo es un poemario dividido en seis partes con un mínimo de diez poemas cada una (generalmente muchas más), en donde se alterna el verso libre con la prosa poética. El autor va experimentando con formas de acercar el verso escrito a la voz oral, para ello, suprime las comas (aunque no los puntos ortográficos), y prueba con otros modos de marcar el rito, como los dobles espacios entre palabras o la distribución más o menos arbitraria de las palabras dentro de la línea.

No obstante, es en las partes en prosa donde verdaderamente brilla Todo lo zurdo. A destacar la cuarta parte, titulada Del diario imaginario de Denardo Coleman, en la que el protagonista, cuyo nombre aparece en el título, va dibujando poco a poco a su padre, un cantante de jazz, bohemio y poeta que recorre el mundo con su música, visitando cada ciudad como quien visita un bosque y reflexionando sobre la música en sí misma. Diez consigue describir perfectamente a un personaje imaginario a través de acciones y versos, sin necesidad de hablar explícitamente de él.

Esencialmente, Todo lo zurdo se podría encajar perfectamente dentro de la poesía de corte prosaico que se desarrolló durante el siglo XX. No necesita de formas métricas ni rima para establecer el ritmo que genera la poesía, ni necesita un lenguaje excesivamente cuidado para deslumbrar al lector, sino que se basa en el carácter, en la manera de decir algo. En este sentido, Diez se introduce en una larga tradición de autores como Bukowski o el recientemente galardonado con el premio Nobel, Dylan.

Irónicamente, estoy seguro de que la mayoría de los fans de este último no disfrutarían con la lectura de Todo lo zurdo. No sabría explicar a ciencia cierta por qué, pero estoy seguro de ello. Supongo que uno puede escribir como Dylan, pero eso no le convierte a uno en Bob Dylan.

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