«The Poems of Ossian» – James MacPherson.

El siglo XVIII fue un siglo malo para ser escocés. La derrota de los seguidores de la Casa Steward en la batalla de Culloden (1746) y el posterior exilio de Carlos Eduardo Estuardo de las Islas Británicas supuso una autentica derrota de la cultura escocesa frente a la inglesa, una derrota espiritual. La administración británica acabó con el sistema de clanes de Escocia y se prohibieron los kilts e incluso las gaitas. Las escuelas comenzaron a dar clase en inglés en lugar de en gaélico y la cultura escocesa se comenzó a verse como algo bárbaro, haciendo que incluso escoceses ilustres como David Hume rechazasen sus propias raíces.

En este contexto, un buen día de 1761, un tal James MacPherson, publica un poema llamado Fingal, una traducción al inglés de un manuscrito en gaélico que había encontrado en un viaje por las Highlands. El autor, un antiguo bardo caledonio, de nombre Ossian, narraba las hazañas de su padre, Fingal, un héroe que ya aparecía en la poesía épica Irlandesa bajo el nombre de Finn.

El poema fue un auténtico éxito y las traducciones se extendieron por Europa como la pólvora. Aparecen traducciones al alemán, francés, castellano e incluso húngaro. Se sabe que los autores del “sturm und drang” eran muy aficionados al texto (Goethe incluso llegaría a decir que prefería a Ossian antes que a Homero), y que el propio Napoleón nunca salía de casa sin su libro de poemas de Ossian encima. El legendario bardo de Caledonia empezaba a ser conocido como “el Homero celta” por toda Europa y James Macpherson no deja de encontrar misteriosos manuscritos en Gaélico antiguo que formarían lo que hoy se conoce como The Complete Works of Ossian.

De repente, los escoceses, que acababan de ser política y culturalmente derrotados tenían un “Homero celta”. De repente, los escoceses podían sacar pecho frente a los ingleses, que no tenían más que su Beowulf y frente a los irlandeses, ya que los poemas de Ossian databan del siglo III, mucho antes que cualquier composición céltica de origen irlandés. De repente, los escoceses tenían un poeta épico que narraba grandes gestas y fazañas de una serie de “héroes escoces” que llegaría a plantarle cara incluso a Roma.

No obstante, no todo fue tan bonito. Inmediatamente algunos académicos británicos (entre los que se encontraba Samuel Johnson), comenzaron a desconfiar de los supuestos descubrimientos de MacPherson, quien no hacía más que encontrar misteriosos manuscritos en Gaélico, cuya transcripción revelaba un gaélico que no se corresponde con el del siglo III (MacPherson no dominaba el Gaélico antiguo). No obstante, no había manera real de probar la falsedad de los textos. No sería hasta finales del siglo XIX cuando se demostraría que estos poemas del bardo Ossian constituían el mayor fraude literario que se ha visto hasta la fecha.

Estudios posteriores concluyeron que James MacPherson había construido estos poemas mezclando baladas de la tradición oral y aportándoles un tono más apropiado para el siglo XVIII. En realidad los poemas en sí mismos no son tan interesantes como la historia. Ossian se caracteriza por la sencillez y el ritmo. Sus versos relatan de forma épica las gestas de guerreros con algún que otro poema dedicado a otros temas, como un himno al sol.

Curiosamente, en Irlanda todo este asunto se vio desde una óptica diferente. No consideraron a Ossian como una falsificación, sino como un robo. Los académicos Irlandeses del XVIII consideraban que James Macpherson intentaba atribuir para escocia un autor de la tradición celta que debería ser patrimonio de Irlanda. El ciclo Ossianico y la propia existencia de Ossian se consideraban indudables. La popularidad de estos poemas fue tan grande, que la poeta irlandesa de principios del XIX, Jane Wilde decidió llamar a su hijo con el mismo nombre que escogió el legendario bardo, Oscar. Si, su hijo fue Oscar Wilde. Supongo que al menos, más allá de la curiosa historia que rodean a estos poemas, podríamos decir que sin Ossian no hay Oscar Wilde.

P.D: Gracias a la Biblioteca de la Universidad de Oviedo por poner al alcance del publico libros tan antiguos y raros como este.

«Poetry that Comes from Ireland» con Mary O’Malley

Mary O’Malley es una las principales poetas de la Irlanda contemporánea. Nacida en Connamara, estudio en la Universidad de Galway para después irse a vivir a Portugal, donde permaneció varios años. A principios de los 90, vuelve a Irlanda donde empezó su carrera poética, que hasta la fecha nos ha dado seis poemarios, A Consideration of Silk (1990), Where the Rocks Float (1993), The Knife in the Wave (1997), Asylum Road (2001), The Bonning Hall (New and selected) (2002), y A Perfect V (2006), habiendo sido incluida además en varias recopilaciones como Three Irish Poets (2003), donde comparte espacio junto a Paula Meehan y Eavan Boland. Además, fue fundadora del Centro de Estudios de la Mujer de la Universidad de Galway y ha publicado varios trabajos sobre colonización lingüística. Se considera a sí misma una gran defensora de las lenguas minoritarias. Ayer, a eso de las 12, dio una charla en el Campus del Milán, en la Universidad de Oviedo, acompañada por la profesora Luz Mar González Arias.

La irlandesa comenzó alabando la belleza natural de Asturies. Estoy seguro de que le recordó a su Irlanda natal, en mi experiencia, la única diferencia entre el campo asturiano y el irlandés es la falta de montañas que tiene el segundo. Admitió que tenía ganas de visitar el norte de España, ya que aunque reconoció tener mucha relación con España (relación que comenzó con el granadino Federico García Lorca, quien denominó como “su primer amor”), esta relación la llevo principalmente por el sur de España, no habiendo tenido muchas oportunidades de visitar el norte. O’Malley también aprovecho para hablar de la importancia de las traducciones, sin las cuales ella no habría podido introducirse en la poesía española (reconoció que aunque no es muy buena hablándolo, es capaz de entender el castellano), y sin las cuales, probablemente sus lectores en España serían mucho menores en número.

Habló también de las lenguas minoritarias. Sorprendió ver que la autora es consciente de la situación de bilingüismo que hay en Asturies. Contó como su familia tenía una situación lingüística peculiar. No hablaban irlandés, pero deslizaban muchas de sus palabras en el inglés, situación muy parecida a la mayoría de hogares de Asturies con el castellano y el asturiano. Incluso reconoció que a día de hoy, tiene escritos varios poemas en irlandés, pero no se siente con la seguridad necesaria para publicarlos. Durante las preguntas del público, al final de la charla, dijo que cuando escribe poesía y no encuentra las palabras apropiadas del inglés para expresarse, lo escribe en irlandés, lengua que considera su primera lengua. Durante la lectura de poemas, la poeta local Raquel F. Menéndez leyó un poema en asturiano que hizo las delicias de O’Malley, quien nunca había oído la lengua asturiana.

Tras la breve entrevista, comenzó la lectura de poemas. Primero, O’Malley leía uno de sus poemas en inglés y luego González Arias la acompañaba con la versión en castellano, traducción de Julia Piera. La sangre de los antiguos bardos sigue muy presente en las venas de Irlanda. Ver recitar a esta autora fue una auténtica delicia, su voz inundo la sala y consiguió conmover al público, independientemente de si podían entender las palabras o no. Su poesía entronca con la tradición irlandesa, pero introduce algunas novedades, especialmente en el tema. Sus versos hablan de asuntos como el divorcio, el no ser una mujer fuere en una familia de mujeres fuertes y otros temas relacionados con el mundo de la mujer.

Tras la lectura de poemas, la poeta irlandesa respondió a preguntas del público. Habló de la importancia del surgimiento de mujeres críticas literarias, que aportan un punto de vista diferente respecto a la literatura, también de la relación entre poesía y ciencia (algunos de sus poemas hablan de temas de física o química), defendiendo que los físicos descubren la poesía que hay en la naturaleza y mostro su oposición a la polarización entre humanidades y ciencia. De hecho, se mostró defensora de la concepción tradicional de la universidad como un centro donde un grupo de académicos especializados en varias materias ponen en común sus conocimientos.

Tras casi una hora de entrevista y recital, se dio por terminada la sesión y la gente comenzó a abandonar la sala. Sin duda, fue un auténtico placer poder conocer de esta manera a una de las principales figuras de la poesía Irlandesa contemporánea. La única queja en la que puedo pensar es la falta de difusión que hubo del evento (apenas unos pequeños carteles distribuidos por la facultad), la Universidad de Oviedo debería explotar más este tipo de eventos.

Los libros de poemas de Mary O’Malley, asi como otros trabajos suyos, pueden comprarse en Amazon.

«Hidratante Olivia» – Diego Álvarez Miguel

El paterrealismo es un movimiento formado por una serie de autores de Asturies, cuyo fundador es Diego Álvarez Miguel, que aparece como primer firmante del primer manifiesto patarrealista. Habiendo publicado dos libros de poesía tras conquistar un nutrido palmarés de premios (Un día tres otoños, premio Gloria Fuertes de poesía joven y Lugares últimos, premio de poesía de la Universidad de Oviedo), nos presenta su tercer poemario, Hidratante Olivia¸ que también pública a través de un premio, esta vez el XXX premio Hiperión de poesía.

Álvarez Miguel divide este poemario en tres partes, cada una de las cuales forma la frase “Hidratante Olivia, hazme siempre caso, excepto alguna vez”. En el aspecto formal, Diego Álvarez Miguel se decanta por el verso de arte mayor, con predominio del verso libre. También incluye algunos sonetos y un puñado de haikus, siendo estos las únicas composiciones cortas que aparecen en el libro. A través de los versos largos el poeta busca generar la sensación de ser extraídos de una conversación, o más bien, de una especie de susurro íntimo. Los haikus también buscan este efecto, aunque no lo consiguen de una forma tan evidente

El poemario trata fundamentalmente de amor, en sus facetas más y menos románticas. Comienza hablando del enamoramiento por la mujer que da nombre al título, aunque va deslizándose poco a poco hacia encaprichamientos fugaces por mujeres anónimas («Linea seis»), hasta llegar a lo erótico. Una vez allí sigue deslizándose hasta llegar a la versión más carnal y cruda del sexo, con algunos toques de humor. Aparte de estos dos temas, el autor no incluye muchos más, algunos versos tratan sobre experiencias y en otros se nos muestra una poesía más hermética, no obstante, el núcleo principal del libro es el amor. Es difícil hacer un poemario así. La poesía más demandada es, sin duda, la poesía amorosa, pero también hay que tener en cuenta que el amor es el sentimiento más tratado en poesía desde que existe la poesía. Escribir poemas de amor con vistas a ser publicado constituye un acto de valentía, ya que inevitablemente alguien te comparará con los grandes maestros de la poesía clásica.

Con este poemario, Diego Álvarez Miguel continúa la larguísima estela de la poesía amorosa. Un conjunto de poemas frescos y naturales que logran la difícil tarea de hablar del sentimiento amoroso sin caer en el sentimentalismo excesivo ni ser una repetición de voces anteriores.

Este libro puede comprarse en Casadellibro

«Poesia y univerdad»

El edificio histórico de la Universidad Oviedo es uno de esos sitios a los que es un placer ir por cualquier excusa. Yo ayer tenía dos. La primera, asegurarme de la biblioteca central de la Universidad de Oviedo cuenta con al menos un ejemplar de The Complete Poems of Ossian, traducción (¿o quizás más que traducción?), de James MacPherson. La segunda, la charla sobre poesía y universidad de Lorenzo Oliván y la presentación del poemario Homenaje a los poetas de la cátedra Emilio Alarcos, un dos por uno ineludible para cualquier aficionado a la poesía en Asturies. Especialmente si tenemos en cuenta que solo por asistir te regalaban un ejemplar del poemario

El acto comenzó con un pequeño pero sentido homenaje a Carlos Bousoño, recientemente fallecido. El poeta de Boal fue un titán de las letras hispánicas, dejándonos grandes trabajos sobre expresión poética. También tuvo la amistad y el respeto de otros grandes teóricos de las letras de nuestro país como Dámaso Alonso y el propio Emilio Alarcos.

Tras la presentación, Josefina Martínez Álvarez dejó paso al evento principal, la conferencia de Lorenzo Oliván sobre poesía y universidad. Oliván es un poeta-profesor nacido en Castro Urdiales que desde 1995, lleva ya cinco poemarios editados. En el aspecto académico, destacó en el primer año de este siglo por sus estudios sobre su paisano, José Hierro. Actualmente, alterna la enseñanza de lengua con la poesía.

Pese a que el micro, siguiendo una de las más largas tradiciones de la Universidad de Oviedo, funciono mal, Oliván nos ofreció sus reflexiones acerca de lo que significa ser poeta y universitario, el delicado equilibrio que debe tener el poeta entre la rebeldía y la maestría, es decir, la medida justa en la que un poeta debe mantener de academicismo en su producción.

Comenzó leyendo una serie de citas sobre el tema de autores que van desde románticos ingleses (Coleridge, Wordsworth) hasta Juan Ramón Jiménez en la que todos defendían como el exceso de academicismo puede acabar con la calidad de un poeta. En efecto, la poesía es mucho más que contar sílabas e imitar formulas, hay algo más, algo mucho más abstracto e intangible que necesita el poema para no resultar soso. Quizás sea la capacidad de emocionar, de llegar a lo más hondo del lector, cosa que no se puede aprender en ningún libro o escuela.

A pesar de esto, como bien defendió el cántabro, no hay que rechazar la enseñanza de poesía, ni los textos que analizan la forma o expresión poética. Lo académico ayuda a la poesía, pero la poesía tiene que aprender a no depender de ello. El academicismo no está libre de excesos y no es infalible.

Tras la charla, a modo de postre, Jose Luis García Martín presentó el libro Homenaje a los poetas de la cátedra Emilio Alarcos. Recopilación de poesía nueva y vieja. Por parte de lo viejo aparecen grandes autores como José Hierro, Ángel González o el propio Lorenzo Oliván mientras que por lo nuevo aparecen los denominados “poetas del Milán” (“El Milán” es el campus de humanidades de la Universidad de Oviedo), aunque en el libro no aparecen todos los poetas que estos días asisten a clases a en ese campus. En el poemario aparecen poetas actuales como Raquel Menéndez, Xaime Martínez, Rodrigo Olay o Sara Alonso, entre otros.

La presentación consistió en un recital de poemas de algunos de los autores que aparecen en el libro, concretamente Cristian David López, Aida Masip, Diego Solís, Sergio Blanco y Raquel F. Menéndez, quien aprovecho la ocasión para recordar a la recientemente fallecida Amparo Pedregal, feminista, historiadora y fundadora del Máster Oficial en Género y Diversidad en la Universidad de Oviedo.

Homenaje a los poetas de la Cátedra Emilio Alarcos puede comprarse en la Libreria Cervantes.

«El libro de la almohada» – Sei Shonagon

Es difícil hablar sobre El libro de la almohada. Esta pequeña reseña no logra hacer justicia a todo lo que viene incluido en sus páginas. Tratar de definirlo lo hace parecer algo de fuera de este mundo. En cierta manera, lo es. La autora, Sei Shonagon, era una dama de la corte de la emperatriz Sadako, en el Japón feudal del siglo XI. La cultura del país del Sol Naciente permaneció casi aislada del resto del mundo durante siglos, lo cual hace que esta cultura, incluso a día de hoy, nos parezca casi de otro planeta. De hecho, el libro fue el primero de un género que no existe más allá de las islas niponas, el zuihitsu.

Este género, cuyo nombre se traduce como “seguir la escoba” o su versión más elegante, “seguir la pluma”, consiste en diarios de reflexiones, aforismos o poemas, escasamente ligados entre sí, generalmente sobre el entorno del autor (en este caso tenemos autora!) o eventos en los que el autor se ve involucrado. En cierta medida, una especie de mini-ensayos que se acercan a la línea de la prosa poética, pero sin ser claramente ninguno de los dos. Una especie de diario escrito para ser el mejor y más interesante diario que pueda ser.

Este libro, en su versión original, es inmenso. La autora incluyo en él listados de plantas, animales e insectos. El objetivo de esto es inocente, quería catalogarlo todo, absolutamente todo. La autora, por puro pasatiempo (hay pasajes que explican que la escritura era poco más que un pasatiempo para ella), intentó escribir algo que se acerca a el libro del que Borges habla en El libro de arena, un libro infinito donde estuviese absolutamente todo. Sei Shonagon, no obstante, es consciente de su fracaso, quizás por ello no quiso que su libro se editase o siquiera fuese mostrado en público. Esto se puede entrever en algunos pasajes.

Poco se sabe de la autora de esta obra: viene firmada por Sei Shonagon, que viene a ser un nombre bastante genérico, al estilo que acostumbran a tener otros autores de obras cumbres de la literatura asiática como Tsun Zu o Lao Tse. La palabra “Shonagon” hace referencia al título de dama de la corte, mientras que “Sei” es un nombre de familia, por lo que la autora de este libro es, literalmente, “la dama de la familia Sei”. Prácticamente, no se sabe nada más de ella que no sean conjeturas basadas en el contexto histórico en el que fue escrita esta obra. Se calcula que data del año 1002.

La mejor manera de describir este libro en una palabra sería: Listas. La mayoría de los pasajes son listas, una especie de ejercicio intelectual donde la autora intenta clasificar todas las cosas, tanto las que conoce de primera mano, como las que no, en listas. Una especie de intento de clasificación del mundo. Así, podemos encontrar listas de cosas agradables, envidiables o elegantes, junto a otras listas un poco más poéticas o abstractas, como cosas que están lejos, aunque estén cerca o cosas que hacen latir deprisa el corazón

las listas vienen aderezadas con fragmentos de poesía o historias raras o curiosas que acontecían en la corte. Todo escrito desde la sencillez y la elegancia que caracterizaban a alguien de la posición de Sei Shonagon. Esta descripción haga sonar al texto como un escrito muy banal, parece que no ofrece nada más allá de su exotismo. Pero no es así.

Es cierto que cada pasaje tiene virtualmente ninguna conexión con el anterior o el siguiente. No hay trama. No hay protagonista y por poco no puede decirse que no hay personajes (Aparte de la emperatriz, el emperador, la propia autora y un perro llamado Okinamaro, casi no aparecen personajes). Sin embargo, la propia autora nos da una pista al final de la obra, “he incluido cuanto he visto y he sentido”. La clave de esta obra es el contexto, cada lista, cada anécdota, dibujan una pincelada en este cuadro de la vida cortesana en la que se encontraba su autora. Leer este libro es como asistir a la creación de un cuadro de forma pausada, sin ninguna prisa que pueda hacer que el pintor pierda la concentración y sus pinceladas sean menos precisas. Este libro no busca una trama, sino reflejar lo cotidiano, para bien o para mal. Leer esta obra es sumergirse en la corte de un emperador japonés, pero sin asombrarse ni caer en el exotismo.

En cierta manera, esto es la mayor virtud y el mayor defecto de la obra. Sei Shonagon era una mujer criada en una mentalidad feudalista. Se limita a reflejar los aspectos interesantes de la vida palaciega de Japón y oculta todos sus defectos. Cierto es que hay listas de cosas desagradables o malas, pero no pasan de lo anecdotico El libro refleja el mundo visto desde una especie de bola de cristal donde solo entra lo bueno, hasta el punto de que cualquiera cosa que no sea buena o hermosa, es poco más que una curiosidad.

Por otra parte, algunos pasajes alcanzan una profundidad asombrosa. A través de la observación de cosas mundanas, la autora logra trascender lo cotidiano y hacer reflexiones sobre la vida, la muerte y la naturaleza. Incluso pueden apreciarse lamentos acerca del inmovilismo estamental de la sociedad feudal y los sueños frustrados de la autora (que bien podrían ser los sueños frustrados de cualquier mujer culta en aquella época), que preludian, con mil años de antelación al existencialismo.

El libro de la almohada, cuyo título en versión original es Makura no Sōshi, constituye un hito en la literatura universal. Una gema pulida con humildad que logra distanciarse de cualquier género. En sí mismo constituye un fracaso, puesto que la autora no logra completar su tarea de intentar catalogar todas las cosas, pero pocas veces se logra fracasar tan elegantemente.

Se puede comprar en Amazon

«Voces presentes, Voces ausentes»

Ayer, en el edificio que está en medio del Parque San Francisco, en Oviedo (“la granja”, lo llaman), hubo un evento de poesía organizado por la la Red de Bibliotecas del Ayuntamiento de Oviedo en colaboración con la asociación Lectores de Bibliotecas y Teatro Margen. En él, con motivo del día internacional de la biblioteca, se homenajeo a Ángel González y a la estela poética que dejó en su ciudad natal. No sé si sería gracias a Ángel González o no, pero sí que es cierto que en Oviedo existe un ambiente literario bastante extendido y agradable, a pesar de ser una ciudad bastante pequeña.

A nivel personal, tengo una relación extraña con Ángel González. Obviamente, no pude conocerle en vida, solo en obra, pero la manera de conocerle fue un tanto peculiar. Cuando aún iba al instituto, mi afición por escribir poemas (todos horrendos salvo uno, “Oda a la patata”, perdido para siempre), llamó la atención de mi profesora de lengua. A ella también le gustaba la poesía, recuerdo que era muy fan de Ángel González. Quiso que lo leyese, pero yo era muy rebelde y muy punki y lo descarté. Por aquel entonces estaba demasiado deslumbrado por la Generación del 27 y la poesía de los años 20 y 30 en general.

Cuando empecé a estudiar filología en la Universidad de Oviedo, la cosa empeoró. Ángel González había fallecido recientemente y la Universidad de Oviedo se volcaba en el recuerdo de su hijo predilecto. Recuerdo que en el Campus del Milán organizaban eventos sobre el poeta al menos dos veces al mes (reconozco que este recuerdo, probablemente fue exagerándose con los años). Para mí, esto terminó de convertir a Ángel González en mi Leopoldo Lugones personal: un poeta laureado y académico al que yo, en mi rebelde rebeldía, rechazaba por ser demasiado mainstream. Así de tontito puede llegar a ser el hombre.

Hace un año o dos, vi “La primavera avanza”, la antología de Ángel González que obligaban para la PAU (no sé si aún lo hacen), y me vino a la cabeza la historia que acabo de contar. Pensé “¿Qué demonios?” y compré el libro. Cuando lo leí me encantó, especialmente “Grado elemental” y “Prosemas o menos”. En su momento, me dio una rabia tremenda pensar lo ignorante y atrevido que fui durante años, pero al menos ahora tengo una anécdota casi interesante que contar sobre mí y el poeta ovetense.

Pero me estoy yendo por las ramas. El evento de ayer consistía en la lectura de poemas por varios autores jóvenes junto a otros no tan jóvenes, Fernando Menéndez, Carlos Iglesias, Rodrigo Olay, Mario Vega y Julio Rodríguez. Cada dos poemas, los Lectores de Bibliotecas, recitaban poemas de varios autores entre los cuales estaban Fernando Beltrán, Víctor Botas, Francisco Alba y por supuesto, Ángel González. En alguno de estos interludios incluyeron alguna performance donde pintaban o incluso interpretaban poemas a varias voces, algo que me pareció muy interesante.

No sabría decir hasta qué punto se homenajeo al poeta ovetense ayer, más bien se le otorgó voz a una serie de poetas actuales de Asturies, cosa que siempre es interesante. Estoy seguro de que el propio Ángel González preferiría restarle espacio a sus homenajes para dejar sitio a poetas jóvenes o actuales. Esperemos que la Red de Bibliotecas del Ayuntamiento de Oviedo siga organizando eventos tan buenos como este

«La víspera» – Rodrigo Olay

Hace unos años, no estoy seguro de si tres o cuatro, un tipo me paró por la calle un sábado por la noche. Me dijo “Tu eres Miguel Álvarez”. Debo aclarar que en esa época utilizaba mi seudónimo para todo (era Totó, como el niño de “Cinema paradiso”, no como el perro de “El mago de Oz”). Ese tipo conocía una parte de mí que mucha gente que llevaba años siendo mi amigo desconocía. Me sentí obligado a preguntarle por qué sabía mi nombre. Resulta que aquel tipo unos cuantos años más joven que yo era el hermano de Rodrigo Olay. “Mi hermano me habló de ti”. En su momento me sorprendió pensar que Rodrigo hablase de mi a su hermano, al fin y al cabo, solo fuimos a clase poco más de año y medio. En ese momento, también descubrí que Rodrigo Olay no olvida nada, mucho menos a nadie. Su poemario, “La víspera”, en buena parte, es un reflejo de ello.

El núcleo temático de este poemario son las experiencias sentidas. Rodrigo hace poemas de cualquier experiencia que él considera digna de un poema. De hecho, el propio poeta define esto como uno de sus rasgos fundamentales en uno de los primeros poemas del libro (“poética”). La cualidad del poeta es la capacidad de decidir qué cosas pueden constituir un buen poema y cuáles no. Yo no podría estar más de acuerdo con esto, ciertamente, hay algo más que marca la diferencia entre los poemas buenos y los que no lo son, y es tarea del poeta seleccionar los temas sobre los que escribir poemas. No en vano, en la Antigüedad se establecían listas de temas apropiados para la poesía.

Tanto es así que mas adelante aparecen dos versos que dan otra vuelta de tuerca al asunto: “Ya sé lo que escribí / pero mentía”. En efecto, en el poema “Elogio de la locura”, Rodrigo retuerce los poemas sobre experiencias. ¿Y si quiero escribir sobre una experiencia que no he tenido? ¿Puedo hacer eso? Sí, si se puede, de hecho, el poeta explica que ya lo ha hecho. Estos versos llegan a posteriori, como un anuncio de Coca Cola en el que hacen beber cola sin azúcar a un grupo de gente, haciéndola pasar por cola normal. La sensación que genera es puro asombro y da una dimensión diferente a todo el poemario, ya que los poemas sobre experiencias son el tronco central sobre el que se sustenta el poemario. Pese a todo esto, realmente no importa si las experiencias son “legítimas” o no. No podemos saber si todo lo que aparece en el poema es cierto, pero si podemos saber que su veracidad no afecta a la calidad del poema en sí.

La literatura, más que un tema en este libro, es una constante. Olay deslumbra con sus conocimientos de literatura contemporánea, salpicando sus poemas de referencias literarias hasta el punto de que merece la pena enumerarlas. El libro está lleno de ellas, lo mejor de todo es que probablemente hay muchas más que yo no he visto. Algunos poemas se podrían incluso considerar lecciones de literatura (Beat generation), mientras que otros reflexionan sobre aspectos concretos de obras como “El Gran Gatsby” (El último poema de Nick Carraway).

En la forma, Rodrigo gusta de experimentar. La variedad de métrica usada es abundantísima, casi parece una especie de ejercicio. Como si el autor se propusiese escribir bajo ciertos metros por el simple hecho de dominarlos. Así, podemos ver haikus muy tradicionales (tan tradicionales que incluso hablan de estaciones), o versos alejandrinos. Una especie de maestría por la maestría, casi como si fuese un juego.

Resumiendo: “La víspera” es un poemario fundado en las experiencias de su autor, pero va mucho más allá de eso. Rodrigo Olay sintetiza en este poemario la tradición de la poesía de la experiencia con ingredientes propios, como el amor por la literatura en forma de erudición.

Este libro se puede comprarse en Casa del libro. Otro poemario de Rodrigo Olay, «Cerrar los ojos para verte», se puede leer online, asi como algunos poemas de «La Vispera».

«Tratado de identidad» – Miguel Floriano

Desde las calles de Oviedo, llega Miguel Floriano, fundador y cabeza visible del movimiento patarrealista, que cuenta en su nómina a muy buenos poetas, como Xaime Martínez o Saúl Borel. El propio Miguel me regalo este poemario hace tiempo, no sé si consciente de que algún día haría una reseña de él. Obviamente, le pedí que lo firmase. Adoro tener libros firmados.

“Tratado de identidad”, como su título indica, constituye una definición de estilo por parte del autor. Habiéndose curtido ya en los tejemanejes de la edición, y sin tener que haberse presentado a ningún concurso (prostituir los poemas, como diría él), para publicar este, su segundo poemario. Miguel Floriano nos presenta estos versos donde se presenta a sí mismo, como quien se coloca el primero de la fila para hacerse bien visible.

Desde el punto del estilo, este poemario es como un desfile militar de un país que acaba de independizarse, una muestra de poder, de fuerza. Miguel Floriano nos muestra como es capaz de manejar varias formas, sonetos, haikus, verso libre, etc. No obstante, donde más cómodo se siente el poeta es en el verso endecasílabo. La forma predominante de este poemario es el soneto, ya sea en su vertiente española o inglesa. Sin embargo, el autor sabe moverse tanto en los versos de arte mayor, como en las composiciones breves, el libro también incluye algunos interesantes poemas de dos versos, pinceladas precisas que dibujan reflexiones breves, casi aforismos. El fetichista de la forma podría acusar a Floriano de tener algún desliz en la métrica o el ritmo, pero a mí me gustan. Dan cierta personalidad a los poemas y los alejan de la plasticidad que viene unida a la obsesión por lo perfecto.

El prólogo del poemario (firmado por Jose Luis Morante) defiende que el lenguaje del autor ovetense es coloquial. Yo no podría estar más en desacuerdo. Puedo ver por dónde van los tiros, entiendo por qué dice que su lenguaje es coloquial. Algunos poemas incluyen expresiones muy llanas, “(…); aquello / que uno elige recordar, cielo”. Cierto es que versos como este dan al lenguaje un tono más familiar, pero aun así el lenguaje no es coloquial.Resulta demasiado cuidado para ser coloquial, aunque tampoco cae en la artificiosidad o lo barroco.

En el contenido de sus poemas, puede apreciarse la gran influencia que ejerce la música sobre Miguel, especialmente el blues, el soul y el rock ‘n’ roll. Algunos poemas vienen introducidos por citas de grupos como Pink Floid o cantantes de blues como Ray Charles. Tienen títulos no dejan dudas sobre esta influencia (snowy boogie, love boogie), otros, directamente comparten título con canciones (Busted). Podría decirse que Floriano tiene el Blues y compone poemas con la misma fórmula de esta música del sur de Estados Unidos: utiliza sus experiencias, ya sean buenas o malas, y las transforma en poema. Es capaz de convertir su propia experiencia personal en algo de lo que todo el mundo pueda disfrutar, algo universal. Esto hace que el poemario hable de temas muy variados, pero que comparten entre ellos el haber dejado una profunda huella emocional. El amor, el desamor, la pérdida de seres queridos, son solo ejemplos de los muchos temas que aparecen en el poemario. No obstante, no solo hay sitio para la experiencia de lo cotidiano, también aparecen versos más filosóficos donde el poeta reflexiona sobre la vida o la propia poesía, en ellos, se desliza tímidamente hacia lo hermético, lo abstracto.

Resumiendo, en este libro Miguel Floriano se nos presenta a sí mismo sin complejos, sin tener miedo de su propio estilo ni de lo que nadie pueda opinar de él. Es una unión de lo viejo y lo nuevo. Una síntesis de influencias poéticas de autores como Víctor Botas, Miguel D’Ors o Jaime Gil de Biedma con la música popular del siglo XX. Un matrimonio entre lo tradicional y lo moderno.

Este libro puede comprarse a través de Casa de libro. Miguel Floriano tiene un blog donde publica poemas, aforismos y reflexiones sobre poesía.

P.D: Me comunican que el fundador del patarrealismo no es Miguel Floriano, sino Diego Álvarez Miguel, autor de «Hidratante Olivia». Hace no mucho, le hicieron una entrevista en Pieces. Disculpen las molestias.

«Version Externa» – Maribel Fernández Garrido

Hay veces en la vida, en las que ser de un sitio concreto te ayuda. Por ejemplo, este mismo año, la consejería de cultura y deportes del gobierno de Cantabria anuncio que iba a realizar la publicación de una colección de poemarios creados por poetas de la región, con el objetivo de dar visibilidad y promocionar la obra de los poetas cántabros contemporáneos, así como promover la poesía entre la juventud. ¿Por qué? ¿Por qué este año? ¿Porque estos autores y no otros? La respuesta a todas estas preguntas es: no lo sé, pero bienvenido sea.

“A la sombra de los días” recoge diez poetas de Cantabria y cercanías (como es el caso del vasco Eneko Vilches). Esta editada por Miguel Ibáñez y Luis A. Salcines, con portadas realizadas por el pintor Joaquín Martínez Cano. De momento, han sido editados una decena de poemarios, pero es posible que salgan más en el futuro. Investigando un poco se puede ver la razón de que se hayan escogido estos autores y no otros: los diez escogidos fueron ganadores del Premio Nacional de Poesía “José Hierro” que el ayuntamiento de Santander lleva realizando desde hace más de tres décadas. Una interesante manera de barrer para casa y promocionar lo propio

“Versión externa” de Maribel Fernández Garrido ocupa el segundo puesto de esta colección. Es un poemario corto, de apenas unos 300 versos y 45 paginas. La edición, a pesar de ser barata (tapa blanda de cartón, libro pequeño), es muy buena, con un diseño sugerente y agradable a la vista. En la forma, se caracteriza por el uso del verso libre, que refuerza la temática, basada en la experiencia personal.

El poemario narra el viaje que la autora emprendió hacia la maternidad, la mayoría de los poemas que contiene esta obra tratan sobre los diferentes aspectos de ser madre. Algunos versos tratan sobre la experiencia del embarazo “supe que palpitabas ahí / junto a mí / dentro de mí / a través de mí”. Otros poemas tratan los miedos e inseguridades de la madre primeriza, la que aún no conoce todo el proceso del embarazo y asiste, asombrada, a los extraños cambios que sufre su cuerpo y el peculiar vínculo entre madre y nonato que se forma durante los nueve meses previos a la maternidad.

El poemario termina, como uno puede más o menos suponer, con el parto. La última parte trata la espera del parto inminente, “La rosa ya está, / ya vino, ya se acicala / con sus pequeñas manos, / ya hace ademan de buscar su aire”. La autora termina con un poema sobre el parto. Un parto doble, ya que además de su primer hijo o hija, pare también este poemario.

En general, es un libro interesante de leer. Acerca al lector a la experiencia de gestar un ser dentro de uno, explicando las sensaciones que genera todo el proceso. Está hecho para ser comprendido desde fuera (Quizás de ahí haya surgido el título “Versión externa”). Esta obra acerca la maternidad a quienes nunca seremos “madres”, explicando procesos y sensaciones que jamás podremos sentir.

«Raiz» – Josep M. Rodriguez

Fue Elena Avanzas quien me regalo este libro hace ya algún tiempo. Recuerdo que en ese momento lo deje abandonado en una estantería, porque ya estaba leyendo dos o tres libros a la vez y no me apetecía empezar otro más. Hace unos días lo encontré en esa estantería, ya ni me acordaba de cómo había llegado ahí, así que decidí echarle un ojo. Cuando termine de leerlo sentí una especie de vergüenza. No debí haber dejado olvidado en la estantería a este libro tan genial.

El propio título, “Raíz”, refleja muchos aspectos de la poesía de Josep María Rodríguez recoge en este poemario, ir al núcleo, a lo más básico del lenguaje y buscar la trascendencia.

Se puede apreciar una clara influencia de la poesía japonesa, tanto en la temática como en la expresión. Al igual que en los haikus tradicionales, muchos de los poemas tratan sobre las reflexiones que el autor extrae a partir de la naturaleza, no en vano, tiene poemas sobre estaciones y el efecto que estas provocan en la naturaleza (“Verano”, “Postal de invierno”). Abundan los poemas con descripciones de paisajes que crean paisajes (“Tras la tormenta / el arroyo enfangado / fluye / pesadamente”), de los que el autor extrae reflexiones. En este aspecto, se unen dos tradiciones en el poemario, por un lado, la tradición japonesa y por otro, la tradición de “poetas de la naturaleza” de occidente, donde se encuentran autores como el estadounidense Walt Whitman.

La creación de imágenes es la mayor aspiración del autor en este poemario. Lo consigue sobradamente. Para su formación, nos describe los elementos que la componen, a veces con metáforas o caligramas que ayudan a evocar la sensación que provoca la imagen descrita. El lenguaje es sencillo, primando lo sustantivo sobre lo adjetivo y evitando el lenguaje culto y la virguería verbal. La naturaleza es el marco principal de estos retratos. Algunos versos retratan espacios urbanos, no obstante, se los retrata de la misma forma que a los espacios naturales, como si la ciudad fuese simplemente otro tipo de ecosistema, pero artificial.

La influencia de los versos nipones también se puede apreciar en la estética del poema. Abunda el verso corto, con haikus incrustados en varios poemas (Haikus no-ortodoxos, pero haikus al fin y al cabo). Algunos versos son de arte mayor, pero no por ello restan brevedad expresiva a los poemas. La mayoría de estos versos forman la totalidad de una estrofa, lo que mantiene la brevedad, pero les otorga un ritmo más lento. Los versos largos en este poemario se utilizan como recurso para aportar una atmosfera reflexiva a los poemas.

Leyendo el libro uno comprende por qué fue ganador del VII Premio Emilio Alarcos. Josep María Rodríguez consigue adaptar la tradición oriental a la lírica española a un nivel casi espiritual. Como si fuese el barrio asiático de una ciudad europea, este poemario está salpicado de orientalismo, pero sin dejar de ser algo original y propio.

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