«Siete mundos: selección de nueva poesía» – VV.AA.

Asturias constituye un terreno húmedo y fértil para la literatura, contando a día de hoy con una de las escenas más importantes de poesía del estado. Rastrear las huellas de donde empezó todo esto resultaría difícil y largo, por lo que podemos delimitar el inicio de esta racha en los maestros como Ángel González o Víctor Botas, se perpetua en la nueva oleada de poetas asturianos como Xuan Bello o Javier Almuzara y llega a nuestros dias con la “novísima” poesía de autores jóvenes asturianos, como los de esta antología, que representan la punta de lanza del verso asturiano actual. Pablo Núñez y Carlos Diez con este trabajo afilan la punta de la lanza haciendo una selección de siete de los mejores autores asturianos de actualidad. No obstante, podría argumentarse que en realidad ya no son tan nuevos, puesto que todos los autores que aparecen en Siete mundos ya han ganado premios a nivel nacional y la mayoría de ellos ya han publicado poemarios más de una vez.

Por supuesto que faltan autores. Seguirían faltando autores aunque la obra se llamase “Diecisiete mundos”. Incluso los antólogos Carlos Iglesias y Pablo Núñez nos dejan entrever esto mencionando a los muchos poetas que quedan fuera del libro: Sara A. Palicio, Miguel Floriano, Ruth Llana, Cristian David López etc. Sobran los planetas habitables en la galaxia asturiana. De todas formas, en todas las antologías siempre falta alguien, es un poco como intentar describir un aleph borgiano.

Una característica que creo fundamental en esta antología es la falta de tendencias claras a la hora de catalogar a los poetas. Atras quedan ya los poetas que se catalogan a sí mismos como seguidores de una doctrina marcada y delimitada (al menos, los que lo hacen totalmente en serio). Esto posiblemente se deba al impacto que causo internet en la poesía contemporánea. Obviamente, internet ha cambiado mucho la vida de todo el mundo en general, y los poetas no iban a ser menos. Hoy en día, cualquier persona que quiera escribir versos puede conectarse y tener acceso a una cantidad prácticamente ilimitada de poemas de autores de todas las épocas y tendencias, así como otros autores contemporáneos. Esto genera una mayor conciencia de la tradición poética y de la individualidad de la obra propia, lo que genera un poco de vértigo ante la magnitud de la poesía a lo largo de la historia, pero también ayuda a encontrarse dentro de este “esquema universal” del verso, a delimitar la síntesis poética personal de cada uno. Quizás por esto el libro incluye un breve texto introductorio a cada poeta escritos de su propio puño y letra, donde nos explican cuál es su metodología y sus objetivos. La razón de ser de sus poemas.

No obstante, hay similitudes entre estos poetas. La primera característica que comparten es difícil de ver, aunque esta en todos. Es internet. Internet como medio, como lugar que habitan todos estos poetas de manera más o menos tímida. La obra de todos estos poetas ha sido influida por la “wide web” en mayor o menor medida. Ya sea a través del acceso a una biblioteca babilónica de poemas o de películas, libros y cultura en general. Raquel Menéndez en su poética reconoce la influencia de cineastas como Pasolini o Haneke y se puede apreciar la misma influencia del séptimo arte en prácticamente todos los autores de este libro, especialmente Rodrigo Olay, Xaime Martinez y Alba Gonzalez Sanz. Siendo sincero, no me imagino a estos poetas siendo grandes asiduos al cine que tenga más a mano. No, la manera que tenían de empaparse de cine es su ordenador. Emule, Bittorrent e incluso Ares han hecho mucho por la poesía contemporánea, aunque nadie se dé cuenta.

No es internet el único nexo de unión entre estos poetas. Podríamos establecer una relación entre Diego Álvarez Miguel y Xaime Martínez a través de la técnica patarrealista (a la que también se acerca a veces con cierta timidez Rodrigo Olay), o señalar como hay un punto de unión entre Alba González Sanz y Raquel Menéndez, quienes en su poesía construyen su identidad poética a través del entorno y la memoria familiar.

En general, Siete mundos es una obra pulida meticulosamente, donde además de los poemas se nos ofrece todo un estudio de la poesía actual junto a ella. Los versos no aparecen desnudos en este libro, sino que vienen acompañados de todo su contexto, a modo de guarnición. Una excelente lectura para cualquier apasionado de la poesía viva y palpitante.

Este libro puede adquirirse en Casadellibro

«Parentesco» – Alba González Sanz

Los eventos que marcan nuestra vida son finitos. Tienen un principio y un final, y a partir de ahí, solo nos queda el recuerdo. Podríamos decir que lo único que nos queda de estos sucesos vitales es la memoria de ellos, de ahí que algunos consideren la memoria, tanto personal como histórica, algo tan importante. La manera que tengamos de recordar algo condiciona nuestra noción del suceso. Teniendo esto en cuenta, podemos ver como la poesía, a veces, constituye un lugar donde poder fijar estos recuerdos, definirlos y evitar que puedan sufrir algún cambio por parte de la caprichosa memoria. Para algunos autores, como es el caso de Alba González, la poesía constituye además, un espacio para reflexionar sobre estos recuerdos que la marcaron. Una mesa de análisis para todas las “personas” que forman su “yo”, tanto las que se presentan en sociedad, como las que se reservan para ambientes más íntimos.

Parentesco constituye una construcción de la autora a través de recuerdos personales y memorias familiares, así como una definición de los propios recuerdos de la infancia. En esencia, Alba González estudia y define su familia, su entorno y su juventud para poder definirse a sí misma. Una vez construido este mundo a partir de memorias, la poeta tiene un objeto de análisis y reflexión, ya sea sobre el propio concepto de memoria, sobre lo que constituye una autobiografía o sobre la manera que tienen de transmitírsenos los recuerdos, incluso recuerdos que se heredan de generación en generación, el reflejo de una misma en fotos familiares antiguas, en blanco y negro, que el tiempo va tiñendo de amarillo. La transmisión de recuerdos es un tema tratado a fondo en el poemario. Incluso hay espacio para reflexionar sobre la transmisión de recuerdos en un futuro (Jpg). En la época de las redes sociales y los álbumes de fotos digitales, quizás hayamos perdido el ritual de ojear el viejo álbum de fotos u ordenar la caja de fotos antiguos, que espera escondida en el rincón más oscuro de algún armario o trastero.

A través del verso, de esta definición de la propia persona, Alba González Sanz se muestra libre, libre para ser lo que ella quiere ser, para recordar lo que ella escoge recordar y eso se refleja en la métrica. La poeta respira profundamente en cada verso y no permite que ninguna forma le imponga sus propias reglas. Por ello, prácticamente, no aparece ninguna forma establecida en el poemario. No obstante, tampoco parece que busque una ruptura con las formas y se puede apreciar que cada poema ha sido pulido. Forma y contenido se adaptan el uno, poniéndose ambos a disposición de la autora. Por ello, encontramos tanto verso largo como verso corto. El verso corto se utiliza para expresar recuerdos breves, fugaces, como chispazos de la memoria, mientras que el verso largo aparece para definir espacios o reflexiones. La fotografía también tiene una gran importancia en este libro y se puede apreciar la búsqueda de una exactitud fotográfica en algunos versos.

En las páginas de Parentesco encontramos la construcción del “yo” de la autora. Un ejercicio de conocimiento y crítica de uno mismo. La lectura de este poemario es como conocer a Alba González Sanz, o más bien, conocer lo que hace que Alba sea la persona que es.

Alba González Sanz cuenta con su propio blog, donde pueden leerse algunos de sus poemas. así como información sobre la autora.

Presentación de «Siete mundos»

Plantando cara al futbol, al frio y a los niños ruidosos, los dos valientes antólogos Carlos Iglesias Díez y Pablo Núñez se sentaron en el espacio que la Librería Santa Teresa había reservado para la presentación de la antología de poetas asturianos que llevaban preparando durante algo más de un año. Al frente, un nutrido público, a sus lados, cuatro de los siete mundos que participan en esta antología: Alba González Sanz, Diego Álvarez Miguel, Rodrigo Olay y Raquel Menéndez, acompañados del profesor y poeta Javier García Rodríguez, quien hizo las veces de presentador del evento.

Hacer esta antología debió ser una tarea terriblemente difícil, principalmente porque en Asturies sobran los poetas de calidad. Las razones son varias y diversas y sobre ellas se podría debatir durante días. Debe comenzarse por la huella de maestros como Carlos Bousoño, Víctor Botas, Ángel González o José Luis García Martín, combinada con los esfuerzos de la Universidad de Oviedo. Actualmente, la institución asturiana cuenta con dos cátedras que prácticamente dedican todos sus esfuerzos a la poesía, la “Emilio Alarcos” y la “Ángel González”. Ligadas también al ambiente universitario están tertulias como la del café Olivier y son los muchos recitales, jams y “micros libres” que se organizan por todo el territorio astur (al mismo tiempo que se presentaba este libro en Oviedo, hubo un recital en Avilés). Esta combinación de academicismo, iniciativa e innovación popular han creado una escena poética que nada tiene que envidiarle a lugares como Barcelona, Madrid o Granada.

El producto de esto: eventos de poesía prácticamente todas las semanas y una gran cantidad de poetas, mejores o peores, pero en su mayoría mejores. Parafraseando al slogan de una discoteca ya cerrada, “la poesía se mueve en Asturies”. Estoy seguro de que habrá quien vea el índice de esta antología y piense “falta alguien”, pero es que, aunque en lugar de siete, fuesen diecisiete, probablemente se echaría de menos a alguien. Navegar en este océano de versos y escoger a siete autores de entre todos ellos es una tarea odiosa y bárbara. Además, todas las antologías están incompletas en mayor en menor medida en cuanto a autoría se refiere.

Los siete mundos que aparecen en esta antología responden a las características de “nuevos” y “jóvenes”, sin embargo ni son tan nuevos, ni son tan jóvenes. Todos ya han publicado obras, han ganado premios, han sido reconocidos y empiezan a tener un cierto grado de veteranía en esto de ser jóvenes. Más bien, son la poesía actual, la que no es nueva, pero tampoco del pasado, la que está en su mejor momento después de haberse asentado.

Tras la presentación, los antologistas explicaron los métodos que siguieron para construir esta recopilación, como que, en lugar de dejar escoger a los poetas, fueron ellos mismos quienes escogieron los poemas que aparecen de cada autor. Los mundos allí presentes leyeron uno o dos poemas cada uno, dependiendo de la longitud del poema. De todos ellos, destacó Rodrigo Olay, quien leyó un poema de tres páginas de longitud sin ni siquiera despeinarse.

Fue una autentica pena que ayer no estuviesen todos los mundos de esta antología. Concretamente, no pudieron estar Laura Casielles, Xaime Martínez y Sara Torres. No obstante, su obra sí que estuvieron, gracias a la voz que les aportaron Pablo Núñez y Carlos Iglesias al leer un poema de cada autor. En líneas generales, la velada fue esplendida. Un refugio para todos aquellos que priorizan la poesía en lugar del futbol en su vida.