Anáfora número 8 – Años diez número 3

Anafora y Años diez representan la cara y la cruz de las revistas de literatura. Ambas son revistas excelentes, por supuesto, pero parten de planteamientos radicalmente distintos.  Tan grande es la oposición entre estas dos revistas que incluso el lugar donde surgen difícilmente puede ser más opuesto: la primera nace en una imprenta gijonesa, mientras que la segunda llega a este mundo a través de una imprenta granadina.

La revista Anáfora, que ya ha alcanzado su octavo número, está orientada al público que simplemente disfruta leyendo poesía (si es que existe tal público), centrándose mayoritariamente en ofrecer una selección de poesía y prosa frescas, recién creadas. Junto a esto, ofrece también algo de poesía distante del lector ya sea en el tiempo o en el espacio, a veces en ambos, con una sección dedicada a la traducción de poesía y una sección final de crítica centrada en la literatura actual. Concretamente, en este número podemos encontrar poemas de Lorenzo Olivan, Ricardo Labra o Lola Mascarell, entre otros, traducciones de versos de Marcial, Voltaire y dos poetas alemanes: Gottfried Benn y Georg Trakl, obra de Adrés Gutierrez Termiño, Águeda García Garrido y Marcos Tramón, respectivamente. En la sección de prosa encontramos, obras de autores como Nina Anghelidis o Saul F. Borel.

Por su parte, la revista Años diez cuenta con una naturaleza quizá demasiado robusta y académica para el gran público (jajajaja), de la poesía, siendo una revista para entendidos. Esto se refleja tanto en la densidad de su contenido como en su precio (14 euros, más incluso que el libro de poesía medio). Surge de la mano de Juan Carlos Recche y Abraham Gragera, auspiciados por la editorial Cuadernos del Vigía como un lugar de reflexión y debate sobre la literatura española de hoy en día, cuyo objetivo es superar las viejas carencias de la crítica poética de este país. Su tercer número tiene como título El lugar del poeta (poesía española para el siglo XXI), y se centra, además del estado del verso castellano actual, del propio lugar del poeta en la sociedad actual, así como la renovación del signo en el poema. Incluye ensayos de diversos autores entre los que se incluyen Martín López-Vega, Lorena Ventura o Unai Velasco. Tambien cuenta con una sección de dialogo en la que poetas hablan de lo que más les gusta hablar, es decir, poesía, entre ellos, en este número encontramos a Luis Muñoz, Ana Gorría o Álvaro García. Por supuesto, esta revista también incluye poemas, en este caso de Martha Asunción Alonso, Mariano Peyrou o Luis Melgarejo, entre otros.

La revista Anáfora puede comprarse a través de la págin de Impronta

Años diez puede comprarse a través de la página de Cuadernos del Vigía

Anáfora nº 7 y Maremágnun nº6

Con la llegada de la primavera a Asturias han llegado casi a la vez, por un lado el clima enloquecido, capaz de regalar rayos de sol y gotas de agua por igual en la misma hora y por otro, los nuevos números de las dos revistas literarias asturianas por excelencia, Anáfora y Maremágnum, que han visto la luz prácticamente a la vez, a pesar de estar fechadas en marzo y mayo, respectivamente. En ellas podemos encontrar, a modo de antología breve, una pequeña selección de la literatura que se está cocinando actualmente en nuestro país.

El séptimo número de Anáfora, editada por Pablo Núñez y Cristian David López e impresa por la editorial Impronta estrena nuevo diseño y nuevos colores seleccionados por Marina Lobo para marcar el inicio de su segunda temporada. Destaca en este número la abundante presencia de prosa, que incluso cuenta con mayor espacio que la poesía. En esta sección podemos encontrar, entre otros, una selección de aforismos de José Luis Argüelles, una serie de fragmentos del diario de Ángela Arambarri durante su estancia en Dublín (que por momentos, de forma muy leve, recuerda a la lejana Sei Shonagon), y un repaso a al género de los diarios y su auge actual escrito por Juan Bonilla. En la sección de poesía, podemos encontrar nombres como Ben Clark, Rodrigo Olay, Julio Martinez Mesanza o Rocio Acebal, así como unos poemas del italiano Sandro Penna traducidos por Andrés Catalán y una interesante entrevista a Luis Alberto de Cuenca en la que el veterano poeta nos descubre algunas intimidades sobre sus gustos literarios, su pasión sobre el cine de Howard Hawks o la creación poética en general.

Por su lado, la revista Maremágnum, dirigida por Juan Gonzalez, Rocio Acebal, Lorenzo Roal y Mario Vega también presenta cambios. Quizás sea la primavera la que fuerza a las revistas literarias a cambiar, o más bien embellecerse, florecer. En este caso, el cambio está en la organización, que toma su inspiración de las columnas de la antigua Grecia. No obstante, mantienen su esfuerzo de combinar literatura con arte, por lo que cuentan en este número con Miguel Rual como artista encargado de la portada y las numerosas ilustraciones que pueblan sus páginas. Abre la veda de esta revista una precisa editorial que trata la importancia de leer a todo tipo de autores, más allá de la costumbre innata a cualquier lectores de establecer en su mente listas de autores “buenos y “malos”. Entre los poetas que participan en este número podemos encontrar a Narcisso Raffo, quien aporta una serie de tankas, Aitor Francos con tres haiukus  y un poema sobre la memoria o Gema Palacios, que nos ofrece un pequeño adelanto de su nuevo poemario, Treinta y seis mujeres. En la sección de prosa podemos encontrar un relato breve de Cristian David López titulado La tripa y dos ensayos de Myriam García y Miguel Vega Manrique.

El séptimo número de la Revista Anáfora puede adquirirse a través de una suscripción a la revista, que no cuesta casi nada y puede hacerse a través de la web de Impronta.

El sexto número de la Revista Maremágnum puede adquirirse a través de su página de Facebook. Los números anteriores están disponibles en su blog.

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Presentación del nº6 de Anáfora

Una vez más, la poesía se reunió en la librería café Santa Teresa, esta vez para la presentación del sexto número de la Revista Anáfora, con el que cierran su primera tirada de ejemplares. La presentación del acto corrió a cargo de uno de sus editores, Cristian David López junto a José Luis García Martín y contó con una lectura de poemas de dos colaboradores de la revista, Mario Vega y Candela de las Heras. La librería se llenó hasta la bandera, quedándose bastantes personas sin silla. Yo entre ellos.

La presentación comenzó con una breve introducción de Cristian David López en la que recalco como este número era el último de la primera etapa de la revista y por ello incluye un índice onomástico donde aparecen todos los colaboradores junto a su colaboración, ya sea en forma de artículo, reseña o poesía. A continuación, el veterano José Luis García Martín dio una pequeña charla sobre la importancia de las revistas literarias en el panorama literario del siglo XX. El maestro diferenció entre dos tipos de revistas de literatura, por un lado las que informan sobre las novedades literarias y por otro, las que son formadas por autores jóvenes que pretenden hacerse un hueco como autores y crean una revista para promocionarse, estas normalmente cuentan con una tirada menor que las primeras, así como muchos menos números, pero son las que trascienden como revistas realmente importantes para la literatura. Con esto, García Martín nos recuerda indirectamente que revistas como Anáfora suelen tender a revalorizarse con el tiempo.

La lectura de poemas comenzó con la alicantina Candela de las Heras, quien además de leer un poema suyo y otro de Víctor Botas, regaló al público un pequeño adelanto del siguiente poemario que está preparando, al que piensa en titular El hogar compartido. Mario Vega leyó dos poemas, uno de los cuales era el que viene incluido en este número de Anáfora. Tras esto, los cuatro autores respondieron preguntas del abundante público, en la que entre otras cosas hablaron de cómo surgió el propio nombre de “Anáfora”, la importancia de las revistas físicas en la era digital de la información, el papel de las revistas literarias hoy en día o el impacto que generaron las redes sociales como Twitter en la promoción de los poetas actuales. Mario Vega concretamente habló de su experiencia como editor de otra revista, Maremagnum, a la que el autor ovetense considera “hermana pequeña de Anáfora”.

Para finalizar, Candela de las Heras y Mario Vega leyeron otro de sus poemas. También leyó un poema Cristian David López de otro colaborador de Anáfora que no pudo asistir a la presentación. Se notaba que tanto por parte del público como por parte de los presentadores había voluntad de sobra para seguir leyendo poemas, quizás toda la noche si fuera necesario, pero el horario de la propia Santa Teresa hizo que la presentación tuviese que terminar. Eso sí, nadie se marchó insatisfecho del local. Incluso hubo tiempo para que algunos admiradores, una vez terminado el evento, pudiesen hablar con los poetas.

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Anáfora nº 6 – Maremágnum nº5

Las dos revistas de creación más importantes de Asturias, Anáfora y Maremágnum, acaban de sacar casi a la vez su primera publicación de este año. En sus páginas nos traen los últimos flechazos de la poesía viva y coleando. Anáfora cierra su primer ciclo con este, su sexto número. Por su parte, Maremágnum simplemente publica su quinto número, aunque presenta muchos cambios tanto en sus secciones como en su edición y formato.

Parece que Maremágnum ha traspasado las fronteras de Asturias. En sus páginas encontramos poemas de autores de lugares tan dispersos como Murcia, Sevilla o Riohacha (Colombia). La revista comienza, como nos tiene acostumbrados, con un editorial, esta vez defendiendo la necesidad de conocer la forma y la tradición poética como antesala de la innovación. Personalmente, no estoy de acuerdo con el editorial. Considero que cada cual debe formar su propia “tradición” indagando en poesía, leyendo de todo y quedándose con los autores y los poemas que más le gusten. No creo que sea necesario seguir una tradición estandarizada y obligarse a uno mismo a leer ciertos poemas de forma desganada, teniendo que luchar contra el sueño y el aburrimiento. Si acaso, eso solo sirve para desengañarse y abandonar la creación literaria. Me estoy yendo por las ramas. Ante todo, decir que el editorial de este número, aunque se puede estar a favor o en contra de él, sirve para reflexionar sobre aspectos de metaliteratura como el aprendizaje del “ars poëtica” de cada uno.

La revista contiene poemas de autores que escriben con formas y temática muy variadas. Desde temas sentimentales, como Joaquín A. Mejía o Sara Alonso Palicio, hasta poesía decadentista como Jesús García Díaz, pasando por otros poemas experimentales, casi post-estructuralistas, como el de Samuel Isaac o sonetos clásicos como el de Nekae Trigo Serena. Asimismo, aparecen dos relatos, de Aida Fernández y Dalia Alonso y dos ensayos, de Myriam García y Miguel Vega Manrique. La portada y el interior de la revista aparecen decorados por Víctor Botas (hijo).

Como indicamos en el principio del artículo, Anáfora cierra su primer ciclo con este número, que técnicamente es de diciembre del 2015, aunque si no me equivoco (es posible que lo haga), no llego a las librerías hasta enero de este año. Al final del número encontramos un índice con todos los autores que han colaborado en la revista hasta la fecha, desde Diego Álvarez Miguel hasta el poeta chino Yu Xiang. Este internacionalismo es uno de los puntos más fuertes de la revista Anáfora, que en cada número nos descubre versos de poetas exóticos ya sea en el tiempo o en el espacio. O en ambos.

Entre los quince poemas publicados en este número, hay una extraña constante del mar. Aparece en al menos cuatro de estos autores: Sara Alonso Palicio, Aitor Francos, Mario Vega y Rocío Arana. Además, destacan los poemas de Antonio Manilla, Concha García, Luis García Montero y Martín López-Vega. La sección de traducción aparece con un tono muy aristocrático en este número, en el que podemos encontramos un poema del anglo-irlandés Lord Dunsany (traducido por Victoria León), y otro del emperador Adriano (traducido por Juan Antonio González Iglesias). En la sección de prosa aparecen un texto intimista de José Luis Garci y unos fragmentos del diario de Hilario Barrero. Por último, la revista incluye una entrevista a Abelardo Linares, realizada por José Cereijo.

Ambas revistas pueden encontrarse en varios establecimientos de Oviedo y Gijón, aunque es difícil encontrar alguna página que las venda online. Algunos números de Anáfora pueden conseguirse a través de Iberlibro o desde la página de la librería Cervantes. Maremágnum no tiene tanta suerte. Supongo para quien sea imposible acercarse a alguna librería a comprarlas, su mejor opción sería mandar un email a sus editores.

 

Revista “Anáfora” nº5

Las revistas de literatura, ya sean poesía o prosa, son clave para entender la literatura a partir del siglo XX. A día de hoy, al igual que la prensa escrita, se están empezando a ver acorraladas por las revistas digitales y los medios de expresión que ofrece internet. No obstante, sobreviven, incluso se crean algunas nuevas, como Anáfora. Personalmente, creo que la relación es la misma que hay entre los libros y los ebooks. Aún queda mucho encanto en comprar una de estas revistas y descubrir a autores jóvenes (y no tan jóvenes).

Otra razón por la que me encantan estas publicaciones periódicas es que ayudan a romper con el nihilismo que tenemos los lectores de poesía con la lírica contemporánea. A la hora de comprar un libro de poemas, lo clásico se impone a lo contemporáneo, quizás porque hay más líneas de tinta detrás, más información, más estudios. Pero esos clásicos también fueron contemporáneos en su día, también sufrieron esa presión y también vendieron poco. Todo el mundo que lea poesía debería leer más poesía contemporánea, sin excusas. Para ello viene bien comprar una publicación como esta de cuando en cuando.

El núcleo central de Anáfora es la poesía. En este número, dos autores veteranos, Miguel D’Ors y Javier Almuzara acompañan a otros más noveles como Marcos Tramón, Raquel F.Menendez o Mónica Lanieri, quien escribe “Puedo ver la libido / de un árbol, / y es de noche / (la noche permite / licencias lujuriosas).” También cuenta con una interesantísima sección de traducción que incluye dos traducciones. Por un lado, una oda de Horacio traducida por Emilio Martínez Mata y tres poemas de John Clare con una pequeña nota biográfica, versión de Antonio Rivero Taravillo. Esta es una de las versiones más interesantes de la revista, es muy interesante poder ver un poema en su versión original junto a la traducción y la sonoridad de su versión original.

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En la sección de prosa se incluyen cuatro aportaciones, Francisco Rodríguez Adrados, Laura Freixas, Miguel Floriano y Saúl Borel, quien publica un texto defendiendo la finitud del número de libros de la biblioteca de Babel, debate que marco la presentación del número y donde, sin las presiones del oponente Jose Luis García Martín, se puede entender mucho mejor la argumentación (e incluso compartirla, como es mi caso). Destacar también el fragmento de “Todos llevan máscara” de Laura Freixas, adelanto de un diario íntimo que la autora publicara a finales de este año.

Por último, la revista tiene una sección de reseñas de libros. Esta sección me recuerda a los fanzines que mi hermano leía (y escribía, a veces), a principios de siglo. Me recuerdan a esa época cuando internet no estaba tan extendido, o al menos, tan desarrollado y no era tan sencillo encontrar información sobre lo que sea. En aquellos días, las secciones de reseñas eran reinas, incluso había fanzines dedicados exclusivamente a reseñar discos. Volviendo a la revista, en este apartado, varios colaboradores habituales de la revista, como Rodrigo Olay, Carlos Iglesias o Miguel Floriano repasan las últimas publicaciones de poesía de este país, como intentando animarnos a romper con el nihilismo que mencione anteriormente.

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Pagina de Facebook de Anáfora

Presentación del nº5 de Anáfora: La reyerta infinita

            12011318_695637867204419_8313216589111775526_nJose Luis García Martín y Saul Borel se saludan antes del encuentro

Por raro que parezca, la presentación de este número se hizo en la Facultad de Ciencias, territorio que para mí siempre había sido desconocido. No puedo evitar sentirme extranjero en otras facultades de la Universidad de Oviedo, no sé por qué. Me parece que los pasillos, los suelos, la gente, todo es diferente, aunque no lo parezca a simple vista, me hace sentir una sensación parecida a visitar otro país. Decir que, aunque me encanta viajar al extranjero, suelo evitar visitar otras facultades. Quizás estas sensaciones sean un derivado del espíritu territorial que había en la Universidad de Oviedo cuando comencé la carrera, (¿Gente de letras en la facultad de ciencias? ¡Habrase visto!).

Para los que no lo sepan, Anáfora es una revista de creación y crítica dirigida por Cristian David Lopez y Pablo Núñez donde aparecen textos en prosa, poesías y críticas literarias de autores jóvenes (y no tan jóvenes), de hoy en día. Tienen pagina en facebook y puedes suscribirte a sus numeros aquí.

Las premisas de este evento eran demasiado buenas: presentación de un nuevo numero de Anáfora, lectura de poesía y un autentico fight of the century, Jose Luis García Martín, the champ defendiéndose ante el aspirante Saul Borel. Una pelea que dejó en evidencia al duelo entre Pacquiao y Mayweather. La razón de este choque, el relato de Borges “La biblioteca de Babel, mas concretamente, la posibilidad de la existencia de una biblioteca total, Martín defiende, desde hace 20 años, la imposibilidad de la existencia de esta, mientras que Borel, por su parte, defiende que podría existir. “A” o “no A”, posturas antagónicas que no pueden convivir en la misma mesa de debate.

La expectación era altísima y la sala estaba a reventar. A modo de entremeses, los poetas Rodrigo Olay, Aida Masip y Carlos Iglesias, colaboradores de Anáfora. Leyeron antes y después del combate y sus versos, desgraciadamente, se vieron un poco eclipsados por la magnitud del evento principal de la velada. Personalmente, quien mas me gusto fue Rodrigo Olay, con su dicción clara y su manera soberbia de recitar versos. Ojalá los tres hubiesen tenido algo más de tiempo para leer más poemas, pero no va a ser todo el monte orégano.

El combate principal fue largo, denso, divertido y por partes, quizás demasiado técnico (nada que no se esperase, por otra parte), para resumirlo, voy a recurrir a esa frase que tanto aparece en los foros de ultras, “los que estuvimos allí sabemos lo que pasó, solo decir que al final las primeras filas estaban salpicadas de sangre y números finitos e infinitos. Por suerte, mi editora Elena Avanzas estaba allí haciendo un resumen de la encarnizada batalla. Adjunto los apuntes que recogió.

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Al final, los murmullos de los matemáticos, físicos y otras gentes de ciencia que asistieron al evento eran enormes, como rugidos de un león con hambre. El combate fue como uno de boxeo, de esos de los 70, en el que los dos púgiles aguantaban hasta el decimoquinto asalto, terminaban con la cara y el alma destrozados y los jueces daban una victoria unánime que no satisface a nadie (aunque este no fue el caso), todo el mundo vuelve a casa y discute sobre como la decisión fue justa o injusta y sobre la necesidad de un rematch. O dos.

El problema, como bien apuntó el poeta Xaime Martinez desde el público, es que los dos contrincantes jugaban en campos diferentes con reglas diferentes. Jose Luis García Martín defendía su crítica desde la lógica, mientras que Saúl Borel se movía en el materialismo. Honestamente, si alguien me preguntase quien fue el ganador (y no pudiese reírme y evitar el tema), diría (que no digo), que el vencedor del encuentro fue el señor Borel. No sé, a mí me parece que sus argumentos basados en las matemáticas eran mas convincentes y mucho menos abstractos y además, su artículo en el ultimo número de Anáfora resulta claro y convincente. De todas formas, mi opinión no es justa, ya que no he tenido la oportunidad de leer el artículo de J.L.G Martín, publicado en 1973, por falta de disponibilidad, pero me encantaría leerlo.

Después del combate, por cortesía de Saúl Borel, hubo una chocolatada en una sala contigua. Desgraciadamente, la certeza de que el chocolate no era infinito no se puso en duda en ningún momento, aunque yo creo que había de sobra para el abundante, pero finito publico que asistió al evento. El propio Saúl reconoció que no sabía si habría chocolate para todos, lo cual debió hacer que muchos se fueran sin ni siquiera intentar conseguir un vasito. Más para los que nos quedamos.

Fotos del evento cortesía de la Revista Anáfora
Apuntes del combate dialéctico, cortesia de Elena Avanzas