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“Teorema de los lugares raros” – Ángel Minaya

Opino que la poesía es siempre algo personal. Todos los libros de poemas tienen en sí una parte del autor o autora. Y de todos ellos puede aprenderse rasgos de la persona que los ha escrito. Esto se puede aplicar también a aquellas obras en las que el autor intenta dejar el “yo” totalmente fuera, puesto que esta decisión, en sí misma, refleja también un aspecto de la persona detrás de la voz autoral.

Teorema de los lugares raros es el primer poemario de Ángel Minaya. Publicado en la editorial El sastre de Apollinaire teniendo el autor cincuenta y cuatro años en el momento en el que escribo esta reseña. Debido que me interesa la poesía viva, la actual, estoy acostumbrado a leer “primeros poemarios”. Y este, concretamente, no parece la primera obra del autor.

Recuerdo haber oído a un crítico de poesía mucho mejor que yo decir que a veces no le gusta leer obras de autores noveles, puesto que todos ellos cometen los mismos errores y tropiezan en las mismas piedras. Y creo que al menos la mitad de estas palabras son ciertas: los “primeros poemarios” generalmente comparten una serie de características que per se no tienen por qué mejorar o empeorar o empeorar la obra. Simplemente son rasgos que suelen estar ahí. Y es aquí donde destaca Teorema de los lugares raros, no tiene una gran cantidad de estos rasgos. No parece el primer poemario de Ángel Minaya, Y creo que realmente, no lo es.

Los poemas que forman Teorema de los lugares raros parten de una serie de principios bastante comunes en la poesía actual: poesía que explora sentimientos en su contexto, la vida cotidiana. Minaya utiliza el verso como medio para definir y entender lo que sintió en momentos determinados de su existencia. Estos, sin embargo, aparecen codificados de forma que el lector pueda entender lo sentido sin conocer a las personas que lo sienten.

En cuanto el lenguaje, la poesía de Ángel Minaya tiende hacia la experimentación: a medida que avanzamos en los poemas, vamos viendo como el lenguaje de los poemas va despojándose de sus normas en favor de reforzar el propio contenido de cada poema.

Tras haber leído Teorema de los lugares raros, pienso que este no es el primer poemario de Ángel Minaya y que El sastre de Apollinaire hizo bien al denominarlo “primer poemario publicado” en la biografía del autor. Este poemario da la impresión de ser el último episodio de una serie, excepto que no podemos ver el resto. E incluso puede que no existan.

Quién sabe, quizás Ángel Minaya tenga una serie de poemarios durmiendo el sueño de los justos en un cajón.  Libros que reflejarían una evolución autoral de la que Teorema de los lugares raros es producto. Triste destino el de esos libros de poemas olvidados: ahora no podrían publicarse sin convertirse en precuelas de este.

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“Sombra” – Miguel Ángel Gómez

¿Cuánto podría saber de nosotros nuestra sombra, si nuestra sombra pudiera hablar? Después de seguirnos durante toda nuestra vida, irremediablemente pegada a nosotros, la mayoría de las veces sin que siquiera notemos su presencia o le demos importancia. Sin duda, muchísimo. A este conocimiento íntimo y absoluto es a lo que aspira Miguel Ángel Gómez en su sexto libro de poemas, titulado de forma muy apropiada Sombra y publicado en Ediciones Camelot.

Una característica clara de la poesía de Miguel Ángel Gómez se aprecia en el proceso de escritura: no estamos ante un poeta que escribe poemas para luego someterlos a un proceso de selección donde se separe trigo y paja. Por el contrario, tanto Sombra como los dos últimos poemarios del autor ovetense (La polilla oblicua y Monelle, los pájaros) muestran una cierta planificación previa a la escritura. No estamos ante un poeta que escribe sin saber muy bien a donde va.

En el caso de Sombra, estamos ante un poemario de “observación”. Miguel Ángel Gómez aspira a convertirse en la sombra de la persona que ama, para conocerla mejor que nadie y retratar en verso cada faceta de su personalidad, convirtiéndolas en diferentes imágenes a través de las cuales el poeta define como percibe a esa persona.

Así, a través de los poemas que dan forma a Sombra vemos aparecer diferentes personalidades de la misma persona, convertidas en distintas versiones de esta. Algunos poemas hablan de momentos, como por ejemplo discusiones, para dar así una visión completa de la relación. La construcción de la persona amada es algo característico de la obra de Miguel Ángel Gómez, pero en esta ocasión, su poesía da un paso más allá y esta construcción incluye también las interacciones con el poeta. Al fin y al cabo, nuestra percepción de los otros también esta marcada por nuestras interacciones con ellos.

Terminan de dar formas al poemario algunos poemas de naturaleza metapoética en los que el autor conversa con autores anteriores, como Jack Kerouac, o reflexiona sobre diferentes aspectos de la poesía, como el efecto que produce entre sus seguidores.

Y todo esto viene salpicado de una cierta bohemia. Los poemas de Miguel Ángel Gómez, observados con distancia, dejan ver una parte muy concreta de su personalidad, concretamente su faceta de amante. Al mostrar tan solo esta parte de él mismo, resulta inevitable que Sombra adquiera unos ciertos aires bohemios. No obstante (y esto es algo que intento tener en cuenta al leer cualquier poemario), debe tenerse en cuenta que lo que vemos en estas páginas es solo una parte del autor. La sensación de bohemia, que no sabría decir si es buscada o no, es artificial, resultado de una visión parcial de la personalidad del autor.

En líneas generales, Sombra es un poemario donde el amor se expresa a través de la curiosidad, el querer saber más y más de la persona que uno ama, aunque esto lleve a reducirse, a convertirse en poco menos que en sombra, en polvo, en nada, porque la persona que amamos acaba convirtiéndose en nuestro todo.

Sombra puede comprarse a través de la página de la Librería Cervantes.

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“Liberalismo político” – Francisco José Chamorro

Llegar a tu casa después del trabajo, ese piso que alquilas gracias al trabajo temporal que conseguiste después de terminar la carrera. Un master era quizá demasiado costoso y lo importante era tener tiempo para buscar otra ocupación mejor, tener tiempo para tus proyectos. Llevas ya dos años en tu casa y trabajos provisionales, viviendo una vida provisional que poco a poco, parece que se asienta cada vez más. ¿Te suena eso? Pues de eso trata Liberalismo político, escrito por Francisco José Chamorro y publicado en Poesía Hyperión tras haber ganado la XX edición del Premio de Poesía Joven “Antonio Carbajal”

Los poemas de Liberalismo político son una crítica al sistema filosófico e ideológico en el que se sostiene nuestra sociedad, un amargo análisis de los resultados de esas ideas, lo cual hace que este sea un poemario muy político en el mismo sentido que El club de la lucha es una novela muy política, aunque de primeras no lo parezca. Chamorro hace de sus poemas un espacio para la crítica al materialismo e individualismo de la sociedad actual. Vemos al pasar las páginas como van surgiendo marcas de productos e incluso lenguaje comercial, pero estos productos no acaban de rellenar el hueco, el ansia vital que inquieta al poeta. Hay algo que falta en la vida de muchas personas hoy en día y que ninguna marca, ningún producto puede llenar, aunque sea “premium”,

Hay un cierto desencanto en la poesía de Francisco José Chamorro. Como si el autor se entregase al consumismo para ahogar sus penas, pero este es incapaz de saciar su sed de vida. El también filósofo Slavoj Zizek defiende la idea de que el consumismo actual consiste en no solo consumir un producto, sino también su marca. Disfrutar no solo por beber un refresco de cola, sino por estar bebiendo Coca Cola. Pero este supuesto efecto no siempre nos llena, al menos no como esperamos. Quizá las muchas repeticiones que pueblan estos poemas sean producto del desencanto, de la falta de satisfacción que produce el consumo de marcas en Chamorro. La única respuesta del actual sistema ante la falta de satisfacción al consumir es volver a hacerlo y esperar que la siguiente vez funcione.

Puede apreciarse una ruptura generacional en este poema: por un lado aparece la casa del autor, que según sus propias palabras, no es una casa, frente al hogar materno, que en este poema no aparece como un nicho de nostalgia de la infancia (y eso por si solo ya me parece destacable), sino como la viva imagen de un mundo que ya no existe, al menos no al alcance de la generación de Chamorro, a pesar de ser ese el mundo al que aspiraba a replicar, aunque sea tan solo un deseo de continuismo que surge debido a la imposibilidad de llevarlo a cabo.

En buena medida, Liberalismo político me recuerda a Ritmo latino en tanto que ambos parten del desacuerdo con la ideología que domina la sociedad actual, aunque el primero desarrolla esa idea con un tono mucho menos esperanzador donde no hay salida, ni sitio para el humor o la ironía.

Liberalismo político puede comprarse a través de la Librería Cervantes

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Guerra, paz y más: “El cuaderno de la guerra” – Juan Ignacio González

Juan Ignacio González nace en Mieres en 1960. En 1985 nace como poeta al ver publicada su primera obra: Otros labios acaso, desde entonces, han visto la luz otros ocho poemarios suyos, de los cuales, El cuaderno de la guerra (y algunas notas sobre la paz) es el más reciente, publicado en la nueva y vigorosa Bajamar Ediciones.

Una lectura atenta de la poesía de Juan Ignacio González en El cuaderno de la guerra deja ver el método que el autor sigue para escribir. Estamos ante una poesía de “proyectos” es decir, González no deja lugar para las musas, sino que se plantea de antemano que es lo que quiere hacer, que tipo de poesía y que efecto producirá esta. Una forma de creación que avanza sobre un camino asfaltado previamente.

Este tipo de proceso formativo, que el autor comparte con otros muchos autores y autoras contemporáneos (se me viene a la mente Xaime Martínez) deja una serie de marcas muy reconocibles para el ojo atento. El cuaderno de la guerra es un libro ecléctico, donde vemos como los poemas van cambiando a lo largo de sus páginas, un eclecticismo que aporta frescura a la obra y que mantiene firme la atención del lector.

Por momentos, vemos como los versos de El cuaderno de guerra tienen una gran longitud acompañada de metáforas y un tono solemne, como acerándose al salmo bíblico, para luego convertirse en poemas donde el autor intenta ponerse en la piel de otras personas en otro tiempo o lugar, intentando así comprender o más bien explicar puntos de vista ajenos. Otras veces, los poemas de Juan Ignacio González surgen de una raíz aforística que se desarrolla y florece en el poema.

Esta forma de creación, no obstante, tiene un problema, al menos en mi opinión. Soy una de esas personas que aprecia la unidad en los libros de poesía, que los poemas tengan una cierta cohesión entre ellos y vayan creando una especie de arco argumental, aunque sea a un nivel abstracto. Por el contrario, poemarios como El cuaderno de guerra, a pesar de tener frescura y variedad, no tiene mucha cohesión entre sus distintas partes y estilos, pareciendo más bien una recopilación del trabajo de Juan Ignacio González en un periodo de tiempo determinado. La suma de varios proyectos más pequeños, en lugar de un gran proyecto que abarque toda la obra.

El cuaderno de guerra no obstante, es un libro más que recomendable. La variedad de sus poemas hace que sea difícil que cualquier lector no encuentre un asidero en estos poemas. Un poco como Juego de tronos, en ese sentido: si no te gusta una parte, seguro que te gustará otra.

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Yo al cuadrado: Todo lo que yo existo no existe – Le Corbeau

Le Corbeu (el cuervo) es el pseudónimo de Víctor Martínez (Madrid, 1995). La biografía que incluye su primer libro de poemas, titulado Todo lo q yo existo no existe y publicado en la editorial El sastre de Apollinaire, lo define como “artista gráfico y poeta” y define su obra como una mezcla de lo académico y el arte urbano. Una mezcla de cultura y contracultura, a pesar de que en mi opinión, este poemario bien encajaría dentro de la categoría de “poesía de twitter” (sea lo que sea eso), la poesía más de moda actualmente, sobre todo si nos fijamos en las listas de ventas (o superventas) de la poesía actual.

Todo lo que yo existo no existe es una especie de selfie poético con varios filtros encima. En sus páginas asistimos la construcción del “yo” poético de Víctor Martínez. Algo similar a la creación de nuestra persona digital a través de cuentas, de micro publicaciones en twitter, fotos en Facebook, selfies en Instagram. El individualismo, o más bien, la individualización extrema en la que vivimos y la filosofía que hay detrás de ello es probablemente la mayor influencia que reciben los nuevos poetas de twitter. Esta es la estética nueva que nos traen estos habitantes de internet. Los que se promocionan a través de redes sociales no porque sea mejor o más lucrativo, sino porque es el sitio que conocen y acostumbran a recorrer, el primer sitio donde se les ocurrió darse publicidad y bombo.

Así pues, lo que más destaca de este poemario es el esfuerzo desmedido del autor por aparecer como alguien diferente a todo el mundo. Martínez no quiere parecerse a nadie lo más mínimo y quizás por ello, no respeta ningún tipo de regla o convención poética: sus poemas son una mezcla entre verso y prosa, las normas ortográficas son las mismas que sigue el lenguaje de los SMS y en prácticamente todos los poemas se nos habla del propio autor, de diferentes aspectos de su personalidad, de sus inquietudes, que a veces son las mismas inquietudes que llevan inquietando a poetas desde finales del siglo XVIII, pero bueno, this is my rifle, there are many like this, but this is mine.

Resulta irónico que, debido a este esfuerzo por no seguir ninguna regla, los poemas de todo lo q yo existo no existe, o más bien las estrofas de cada poema se parecen tuits, como si las publicaciones de twitter fuesen la unidad mínima e indivisible de la poesía de Víctor Martínez. Todo esto tiene una capa extra de ironía, puesto que fui incapaz de encontrar a Le Corbeau en Twitter.

No obstante, hay muchas cosas que elogiar de este poemario. Para empezar, no es el tipo de poesía amorosa romanticona y patriarcal a la que nos tienen acostumbrados una buena parte de la nómina de los “poetas de twitter”, ni se presenta el poeta como un bohemio soñador que no tiene mayor preocupación que buscar un nuevo romance, ni se pueden apreciar los hilos y el plástico de los atrezzos. No se nos intenta vender un personaje creado para el consumo y el beneficio. Por el contrario, hay una gran sinceridad en estos poemas. Todo lo q yo existo no existe cae una y otra vez en los mismos tópicos en los que llevan cayendo poetas desde hace siglos, pero es voluntad del autor caer en esos tópicos y oye, lo consigue.

Leyendo poemarios como este, veo que hay luz al final del túnel en este tipo de poesía. No es un plato de mi gusto, pero veo que es un plato con material de sobra para masticar. Incluso da ganas de seguir indagando entre este mar de autoras y autoras, como si fuese una promesa de la existencia de gemas escondidas entre toneladas de ganga.

Todo lo q yo existo no existe puede comprarse a través de la página de El sastre de Apollinaire.

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El amor en tiempos de Twitter: “Dejar de ser” – Carlos Asensio

Dejar de ser es el primer poemario de Carlos Asensio (Mallorca, 1986), quien además de poeta es también sociólogo, pollitólogo y director de marketing (detalle a través del cual se pueden entender muchas cosas de este libro) Llega publicado en Chiado, editorial lisboeta que merece ser aplaudida tanto por tener el rostro de Fernando Pessoa como logo como por no tener reparos en publicar poesía en castellano, una aceptación de la realidad multilingüe de la Peninsula Ibérica que todos sus habitantes deberíamos fijarnos. 

Los poemas que forman Dejar de ser encajan a la perfección con lo que se denomina de forma burlona (por no decir despectiva) “poesía de twitter”. Me llama la atención esta forma de catalogar a cierta poesía porque creo que existe una mínima contradicción en aquellos que lo utilizan como algo peyorativo ¿Hay acaso algún autor o autora de poesía que no utilice twitter u otras redes sociales para promocionar su poesía? Quizás deberíamos ir buscando un nuevo nombre para estos versos. Algo así como “poesía pop” o “poesía lírica juvenil

Al margen del nombre, a través de estos poemas podemos ver las características elementales de esta poesía. La primera, quizá la más importante, es el intimismo o confesionalismo. Casi todos los poemas de Dejar de ser tienen la característica de estar escritos a una segunda persona no definida con la que en teoría el lector (o más bien lectora, este libro no deja dudas sobre la audiencia a la que va dirigido). Son, en fin, confesiones. La revelación de un supuesto sentimiento para generar un cierto lazo de unión a través de la suspensión de credibilidad. Tan importante es el intimismo en esta poesía que incluso influye en su estética: el verso libre, largo y descuidado no es casualidad ni pereza, sino que responde a la necesidad de generar una atmósfera de sinceridad, como si solo una persona fuese a leer estos textos y por tanto, su métrica y su forma dan un poco igual.

Otra característica de este tipo de poemas es la nostalgia, cosa en la que coincide con la poesía clásica de Asia. A través de estos versos se evocan experiencias amorosas pasadas, momentos con una gran carga sentimental y/o erótica que el autor inmortaliza a través del recuerdo en los poemas. Algo así como “¿Recuerdas aquella noche cuando bailamos y acabamos liándonos? Que bien lo pasé esa noche” o “¿Recuerdas aquella noche cuando hicimos el amor? Que bien lo pasé esa noche”. Cabe decir que el erotismo de estos poemas es bastante tibio: en ningún momento se cruza la línea que haría que estos poemas fuesen para mayores de dieciocho años (más sobre esto, al final).

La tercera propiedad de estos poemas es la sencillez, tanto en el lenguaje como en los recursos que Dejar de ser utiliza. De hecho, diría que en líneas generales, estos poemas son muy poco poéticos. El lenguaje es simple, llano, y salvo la metáfora o comparación ocasional, aparecen muy pocos recursos poéticos. De hecho, en algunos momentos incluso se nos recuerda que estamos leyendo poesía: por ejemplo, el poemario viene introducido por par de textos de considerable extensión en los que se habla muy por encima de lo que es “la poesía” e incluso se nos menciona de forma muy sutil que “la poesía comienza aquí”, como si el lector necesitase que le recordasen lo que está leyendo.

Repasando lo que acabo de describir, no puedo evitar pensar que esta reseña se parece mucho a la que escribí hace tiempo sobre el primer poemario de Marwan. No obstante, no puedo evitar ver las similitudes entre aquel poemario y Dejar de ser. Comparten características esenciales y también defectos estructurales. Estos poemas son algo así como el total recall de la poesía: una serie de recuerdos, probablemente artificiales, diseñados desde cero para ser estereotípicamente bonitos y cuyas lectoras o lectores deben asumir como propios para que los poemas consigan su efecto. Luego también está el hecho de que represente el clásico sentimentalismo heterosexual masculino, pero eso no tiene nada de malo, ¿verdad?

No obstante, una lectura atenta de Dejar de ser deja al descubierto todo el engranaje de esta poesía, la artificiosidad de sus estereotipos. Y la tibieza, la calculada tibieza de todo lo que aparece en estos versos. Ser demasiado erótico o demasiado bohemio podría hacer que el poemario pierda lectores potenciales. He aquí el punto donde se rompe esta magia. Donde vemos que el castillo en el que estamos no está construido con bloques de piedra, sino con paneles de plástico.  En mi opinión, por detalles como este, la poesía sentimental que forma Dejar de ser exige un esfuerzo demasiado grande al lector para ser eficaz.

La poesía lírica necesita tener una chispa de veracidad o al menos, sugerirla. Si el poema fracasa a la hora de esto, sus vísceras quedan al descubierto y como todos los seres vivos que acaban con sus vísceras al descubierto, muere.

Este tipo de poesía, desde luego, no es plato de mi gusto, pero eso no quiere decir que no vaya a ser del gusto de nadie. Si después de leer esto te parece que los problemas que yo veo en Dejar de ser te dan igual, pues cómpralo y léelo. Disfruta con él y no dejes que ningún capullo como yo te diga que tipo de poesía está bien o mal.

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La mística moderna: “Libérame Domine” – Gracia Aguilar Almendros

Editado en la valenciana Pre-Textos, ganador del XVIII Premio de Poesía “Emilio Prados”, con cincuenta y dos páginas y una encuadernación que es una delicia al tacto, Libérame Domine es el último poemario de Gracia Aguilar Almendros (1982), poeta nacida en Albacete que reside actualmente en Oviedo. Es su primera obra en solitario tras haber publicado poemas en revistas como “Barcarola” o “la siesta del lobo” y aparecer en una larga lista de antologías como Fractal: antología poética, Desde el mar a la estepa o El llano en llamas.

La poesía de Gracia Aguilar es una especie de poesía mística moderna. En sus páginas se mezcla el tono bíblico de los salmos y de los poetas que en su día buscaban acercarse a Dios a través del verso con la cultura pop y la realidad actual. Lo tradicional y lo moderno. Una poesía mística, pero no trascendental, no busca Aguilar la poesía en lo diario, sino que a lo cotidiano añade su visión, su interpretación, reconvirtiendo estas experiencias en algo diferente. En este caso, en poesía. Por momentos, la autora muestra que a través del verso pudo sobreponerse a los momentos más duros de su vida, lo cual me hace preguntarme ¿Será esta la razón por la que comenzó a escribir poesía? ¿Contribuir, pagar la deuda quizá, a aquello que nos ha dado tanto? ¿Será esta la razón por la que la mayoría de los y las poetas escriben poesía?

En líneas generales, Libérame Domine es un poemario catártico. Una serie de poemas donde se vierten las frustraciones que asaltan a los que comenzaron a buscarse la vida, a querer vivir por sí mismos a partir del 2006 (a veces me pregunto cuando podremos empezar a hablar de “poesía de la crisis” o de una supuesta “generación del 2006”) y que se encontraron un camino con muchas más piedras, cuando no trampas y clavos, de los que nadie podía esperar (yo preferiría que se llamase generación del seis, en lugar de generación del dos mil seis). Un diario de resistencia frente al existir y búsqueda de un espacio habitable propio, donde poder intentar ser feliz con tranquilidad.

Son, no obstante, experiencias adulteradas. No hay magia ni belleza en la existencia de los que luchan por sobrevivir. Por ello, Gracia Aguilar añade las especias que le hicieron la ración diaria de vida más apetecible. El resultado es un poemario templado, que habla de experiencias mundanas, en las que tantos nos podemos ver reflejados, de forma que estas parezcan interesantes.

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La identidad a través de objetos cortantes: “Navajazo”, de Julián Cañizares

Hace no mucho, conocí en la Tertulia Olivier de Oviedo a la poeta Gracia Aguilar, quien se mudo a Asturias recientemente. Nació en Albacete y por lo tanto, era algo casi de rigor que alguien mencionase el acero albaceteño, concretamente las navajas. Yo pensaba que ese tema sería una de esas cosas que hacen girar los ojos a los lugareños, pero no. Resultó que si que tenía una navaja y que es bastante típico para los nacidos en Albacete tener una pequeña hoja de acero. Ese mismo día, no sin un poco de humor, llegó a mis manos Navajazo, del también albanense Julián Cañizares Mata, publicado en La Isla de Siltolá, en esa colección que deja atrás sus portadas de cuadros (un diseño reconocible como pocos, una autentica marca de la casa) en favor de las portadas sencillas, con un solo color y las letras de título y autor bien grandes. Siltolá no defrauda a los fans de la edición, aun cuando hacen ediciones que buscan la sencillez.

Los poemas de Navajazo tienen a las navajas como protagonistas o más bien, la importancia de las navajas dentro de la esencia albaceteña es el núcleo de este poemario. En estas páginas descubrimos toda una serie de tradiciones que giran en torno a estos pequeños objetos cortantes, como la tradición de dar una moneda a quien te regala una navaja. Tradiciones que por momentos recuerdan a la importancia que tienen las navajas en otras culturas, como por ejemplo, los gauchos de Borges.

Llama la atención un concepto que se repite una y otra vez a lo largo de Navajazo: caber. Se nos habla de la importancia de “caber” en los sitios donde uno está. Es una especie de aspiración a ser parte del entorno, pero sin camuflarse o pasar desapercibido. Adaptarse al paisaje que uno habita, ser parte de él sin tener la necesidad de encajar, sin que haga falta cambiar nada para ello, como si fuera una obligación el mostrar respeto por el lugar en el que se vive.

Otro aspecto importante en la construcción de la identidad de Albacete (que como todas las construcciones humanas, tendrá sus cosas ciertas, pero también tiende a la idealización, por lo que con seguridad tendrá otras cosas que no serán tan ciertas) son los intentos en vano por parte de los padres para que sus hijos no hereden ciertas tradiciones. Se repite la imagen de un niño intentando coger una navaja o directamente recibiendo una y sus progenitores intentando quitársela o alejarla de él, para que no se corte, pero siempre en vano. Siempre acaba cortándose. Un punto interesante que nos habla de como es imposible que las tradiciones que por una u otra razón no queremos que se hereden, acaben pasando de generación en generación. No podemos esperar que los que vendrán después de nosotros no comentan nuestros mismos errores.

O quizás se refiere a ese punto concreto de la historia en la que una generación de padres, debido a esa supuesta globalización de finales de los noventa, quisieron que sus hijos fuesen menos locales, más globales, para lo cual debían abandonar todo lo considerado excesivamente local, que es como pedir a alguien que deje de ser su propia esencia. Pero esto es solo lo una interpretación mía.

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Enjambre – Alberto Arce

Existen muchas razones por las que a alguien se le ocurra escribir poesía. Unas veces, queremos expresar cosas que en principio no podemos hacer mediante el lenguaje común, ya sea para que las entiendan otros o para entenderlas nosotros mismos. También hay quien busca un ideal de “belleza” a través del verso. En el caso de Enjambre, de Alberto Arce, el verso es un fin en si mismo. Un territorio que explorar y que comprender.

La poesía que puebla las páginas de Enjambre viene cargada de ecos de otras épocas. Hay una influencia evidente de las vanguardias, en tanto que a Alberto Arce parece preocuparle mucho la poesía misma, dedicando varios poemas a la reflexión sobre la propia naturaleza del verso. También puede apreciarse una influencia clara de la poesía del siglo XIX en los temas: abunda la nocturnidad, la reflexión solitaria durante la noche, el poeta enfrentado a su propio yo etc. La bohemia viva, adaptada a la realidad de hoy.

Llama la atención que Alberto Arce parece tener poca confianza en que sus poemas sean entendidos como él quiere: aparecen de forma casi constantes apelaciones al lector, momentos en los que se rompe la “cuarta pantalla”, ya sea bien para ofrecer pistas sobre el buen entendimiento de lo que se está leyendo o bien, ofrecer una cierta complicidad entre autor y lector.   Por momentos, da la impresión de que Arce es consciente de la propia dificultad de su poesía, del peligro que yace escondido tras la metáfora: que el lector no consiga entenderla, que la relación entre términos sea demasiado abstracta, demasiado personal.

El objetivo de Enjambre es una especie de oxímoron en sí mismo: ser poesía. Para alcanzar esto, Arce intenta llegar a conocer la poesía en sí, su ser, su manera de funcionar. Y para alcanzar este grado de conocimiento por un lado reflexiona sobre estas cuestiones en el mejor terreno posible: el poema. Además, intenta ajustarse a las normas clásicas de la poesía, especialmente el ritmo y en menor medida, la forma. Estas reglas, no obstante, no están interiorizadas en el autor, sino que aparecen como meros escalones que recorrer para alcanzar el dominio del verso. El resultado es un poemario de progreso avanzado, una obra en la que su autor, a través de la práctica, busca desprenderse de las que considera sus trabas, evolucionar como poeta mediante la creación de poemas. Aprender a andar andando.

Quizás debido a este reconocimiento del eterno proceso formativo del poeta explique las inseguridades que se dejan ver en la primera parte de la obra. Como si pudiéramos ver la evolución de Alberto Arce a lo largo de las páginas de Enjambre, las referencias al lector desaparecen a medida que progresa la lectura.

Enjambre es un poemario de experimentación o más bien, evolución. A través de sus páginas, podemos encontrar una especie de “diario de trabajo” donde vemos a un poeta preocupado por su poesía de misma forma que un corredor olímpico se preocupa por sus marcas.

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Ritmo latino – Jorge Blanco Ingelmo

¿Para qué sirve la poesía? ¿Qué buscan aquellos que deciden escribir libros de poesía? ¿Qué función tienen las humanidades hoy en día? A través de estas preguntas, o más bien, de las respuestas que hoy en día algunos dan a esas preguntas, Jorge Blanco Ingelmo escribe los poemas que forman Ritmo Latino, poemario ganador de la última edición del Premio Emilio Alarcos de Poesía y como todos los ganadores de susodicho premio, publicado en la editorial Visor.

La poesía que Jorge Barco Ingelmo recoge en Ritmo Latino es de corte conservador, no en la forma, si no en el contenido. En estos versos se revindica el estado, o más bien estatus, que la poesía tenía cuando la literatura en general no se tenía en mayor o menor consideración en función del mercado, es decir, de la mayor o menor aceptación que pueda tener el público. El objeto de estos poemas es aquel tiempo en el que se consideraba que la calidad de la literatura escrita en verso se puede medir en base a una serie de reglas establecidas e independientes de las modas del público. Una visión más pura donde lo importante eran los poemas y no las ventas, los costes, la promoción etc. Incluso puede notarse una cierta envidia por aquellos que desarrollaron su carrera como poetas bajo el paraguas de aquella idea. A través de esta idea, Barco Ingelmo establece una crítica a la filosofía que cada vez gobierna más nuestra sociedad, en donde todo se mide en base a su utilidad material. Todo aquello que no encaja en este esquema, se desprecia por ser considerado inútil, innecesario.

Lo que comienza como una forma de revindicar la poesía, acaba por ser una reivindicación de todas las humanidades, todo lo que nos hace crecer no en el cuerpo, si no en la mente. Esta idea, por supuesto, no tiene por qué ser conservadora de por sí: la razón de ello es que Ritmo latino mira al pasado, a la concepción más tradicionalista de la literatura para defender esta postura, en lugar de buscar un planteamiento nuevo. Cabe decir que el conservadurismo ideológico de este poemario se limita solo a la concepción de las humanidades como bien necesario para cualquier sociedad.

La defensa de estas ideas se realiza en el poema a través de la ironía, que al igual que en los buenos memes, es el recurso principal de Ritmo Latino junto al humor. Barco Ingelmo en sus poemas compara esta visión nostálgica e idealista de las humanidades con la actual, con un resultado cómico. Se nos presenta de forma caricaturesca al poeta como alguien que aspira a ser una especie de estrella del rock, despreocupándose de la poesía en general y retrata el interés por las humanidades como algo bohemio y casi irracional. El poeta afronta el triste destino de la poesía con humor ¿Con que si no?

Hacia el final de Ritmo Latino, comienzan a aparecer en los poemas algunos versos que recuerdan a slogans publicitarios. He aquí la gran ironía de clamar que la poesía no sirve para nada: la publicidad se nutre de recursos poéticos. Es una especie de alivio que Barco Ingelmo ofrece al final del libro. Por mucho que se desprecie y se tache de inútil la poesía, sobrevivirá, aunque sea a través del uso que se le da en los anuncios que vemos todos los días. De forma velada y elegante, Ingelmo muestra la utilidad de la poesía a aquellos que consideran que no sirve para nada.

El ganador del último Premio Emilio Alarcos de Poesía es un libro lleno de humor e ironía, que sin dejar de ser una lectura ligera, consigue hacer una crítica profunda al desprecio que sufren las humanidades en la sociedad actual.  Una lectura donde entretener al lector no se ve reñido con hacerle reflexionar. Educar y deleitar, como decían los ilustrados.

Ritmo latino puede comprarse a través de Casadellibro