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«Donde la ebriedad» — David Refoyo

Publicado en La Bella Varsovia y con una referencia clara a cierto libro de Claudio Rodriguez en el título, Donde la ebriedad es el tercer poemario de David Refoyo (Zamora, 1983), quien además de poeta también ejerce de narrador (tiene publicadas un par de novelas) y lidera un proyecto performativo, Refoyo y SusHijas, en el que mezcla poesía, música y performance.

David Refoyo hace de su poesía una búsqueda constante del más allá en la forma. Esto, por supuesto, le lleva a dejar atrás todas las formas establecidas que puede tener un poema como punto de partida. Esta búsqueda de lo nuevo por encima de todo, que al fin y al cabo no tiene más método que el experimento (y esto, hablando en lenguaje más llano, consiste en la mayoría de los casos en dar palos de ciego e ir viendo lo que sale) le lleva a incluir elementos peculiares en sus poemas, como por ejemplo, incluir textos paralelos que dan un cierto contexto al poema unas veces y otras, aportan una voz paralela, una serie de versos que hablan del propio poema desde dentro, como si tuviera varias capas que interpretar. Otras veces, incluye llamadas al pie de página para introducir pequeños fragmentos de prosa que aumenten el significado de ciertas palabras dentro del poema. Añade intensidad, pero también hace más difícil (y a veces, más confusa) la lectura.

Esta búsqueda de lo nuevo a veces flaquea y se limita a añadir pequeños pasajes de lenguajes de programación o menciones a series o elementos de la cultura pop actual. También aparecen códigos QR al final de buena parte de los poemas de Donde la ebriedad, pero no tengo claro si forman parte de ellos o no. Toda esta experimentación hace que los poemas más “tradicionales” destaquen como si fueran ellos los “raros”, un efecto peculiar en el que el lector de forma instintiva considera extraño lo que en otros poemarios sería “normal”.

Más allá de los artificios y trucos que caracterizan a estos poemas, se trata de un poemario bohemio bastante clásico. En él, se nos presentan una serie de escenas de bohemia, supuestamente vividas por el autor, acompañadas de reflexiones sobre las mismas y una cierta nostalgia que surge del recuerdo de la experiencia. En ese sentido, Donde la ebriedad es un poemario bastante conservador en el que se nos cuenta lo que aquellos que pueden permitirse ser bohemios llevan contándonos desde el siglo XIX, pero con menos referencias al alcohol y la droga en general, así como un cierto optimismo frente a la vida.

David Refoyo hace de Donde la ebriedad  un laboratorio donde encontrar cuales son los límites de la forma en poesía con la mera intención de sobrepasarlos y establecerlos de nuevo. Esto es, querer pisar praderas que nadie ha pisado antes. Tarea difícil, sin duda.

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“Tienes que irte” – José Luis Piquero

Tienes que irte es el último poemario del poeta mierense José Luis Piquero (1967) desde la publicación de su primera antología personal, titulada Cincuenta poemas (Antología personal, 1989-2014), ambos publicados en la misma casa editorial, Isla de Siltolá. En él, se recogen una serie de poemas escritos a lo largo de ocho años en los que Piquero busca dar un bofetón al lector a través del verso punzante, pero inteligente.

Los poemas de Tienes que irte pretenden romper la subjetividad y entender la otredad de los que nos rodean. A través de grandes de humor negro, Piquero analiza los motivos que pueden llevar a alguien a cometer actos que, en principio, pueden parecer impensables o ponerse en la piel de quien vive situaciones que la mayoría no somos capaces de concebir, como el suicidio o la añoranza de la muerte. Es una poesía del entendimiento, de acercamiento al otro, lo que provoca un efecto agridulce. Me recuerda a la gran tragicomedia Underground, película dirigida por el director serbio Emir Kusturica, donde consigue que el espectador primero se ría y después, se sienta mal por haberse reído.

Al fin y al cabo, las tragedias, como todo en esta vida, son algo subjetivo. Entenderlas implica conocer a quien las sufre, es decir, a través de ellas podemos romper la cárcel que es nuestro cuerpo, nuestra percepción de la realidad y acercarnos a la fenomenología del otro. Esto genera un gran placer, que en estos poemas por lo general viene acompañada de una buena dosis de tristeza y en ocasiones, dolor. Un contraste de sabores verdaderamente delicioso. Una sensación intensa. Al leer Tienes que irte, no vivimos la experiencia que aparece en cada poema, más bien estamos ahí como espectadores, entendemos y respetamos los motivos, sin que se nos ocurra intentar evitar el acontecimiento.

El propio José Luis Piquero dice en una nota al final que algunos poemas están inspirados en ciertas personas que conoce, pero creo que eso es irrelevante. Los individuos que pudieron inspirar los poemas de Tienes que irte son totalmente secundarios al lado de sus motivos y sus acciones. Quizás, por otra parte, lo que hacemos y las razones por lo que lo hacemos sea lo que nos define, más allá de nombres o apellidos.

Ante todo, Tienes que irte es una experiencia intensa, una lectura que traslada al lector sentimientos opuestos. Un viaje interesante escrito con un lenguaje que no renuncia a lo coloquial ni pretende deslumbrar. Y lo más importante, un ejercicio de comprensión hacia los demás. Una habilidad que todos deberíamos ejercitar de vez en cuando.

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“Los líquidos íntimos” – Olga Novo

Una de las peculiaridades de la literatura española, que quizás no sea lo sea tanto (imagino que en las literaturas de otros países ocurrirá lo mismo) es la existencia de otras “literaturas” independientes que surgen en zonas con una lengua y una cultura propias, ajenas a la oficial, que en este caso sería la del castellano. En España, quizás el ejemplo más evidente sea el modernismo catalán, que ya a principios del siglo XX consiguió su independencia del modernismo español sin necesidad de referendum ni nada.

Otras de estas literaturas underground de España es la Galicia, que se origina en la Edad Media con la lírica en gallego-portugués, renace en el siglo XIX ligada a poetas como Rosalía de Castro y hoy tiene una de sus voces más destacadas en la poesía de Olga Novo (Villarmao, Lugo, 1975), quien comenzó su carrera poética en 1996 con la publicación de A teta sobre o sol, poemario al que siguieron Nós nou (1997), A cousa vermella (2004), Monocromos (2006) y Cráter (2011). En Los líquidos intimos, publicado en 2016 por Ediciones Cálamo, Novo traduce parte de su obra al castellano para su primera antología bilingue. Cabe destacar la edición de esta obra, que consigue publicar los poemas en ambos idiomas sin multiplicar por dos el número de páginas.

La poesía de Olga Novo llama la atención por su diferencia respecto a los demás autores y autoras de su tiempo. Frente a la perfección formal de algunos y la simpleza y storytelling de otros, Novo plantea una poesía cercana al surrealismo y la vanguardia en general, haciendo de la metáfora y la alegoría sus dos mayores armas. Versos salvajes y libres donde prima el contenido, la densidad y no aparece ningún molde: es el propio poema el que define su forma.

Comparte Olga Novo alguna temática con la poesía femenina y feminista actual: el cuerpo, la maternidad, la lucha política por la igualdad, la memoria materna, etc. Pero también trata temas que entroncan con la tradición oral gallega, como la presencia de los muertos a través de la memoria y el dialogo que los vivos mantienen con ellos. En algunos poemas estas dos vertientes parecen fundirse de forma natural a través de la voz de Novo. Hay también algo de poesía telúrica, es decir, de la tierra, en estos poemas, una evidente conexión con lo rural y lo agrario.

En el aspecto más técnico, Novo se caracteriza por un lenguaje coloquial que gusta de juegos de palabras simples, naturales, y que no está reñido con el culturalismo (a través del cual nos deja entrever algunas de sus influencias, como Walt Whitman o Virginia Woolf). Son estos versos libres, despreocupados, que ni quieren ni necesitan ajustarse a ningún canon, por muy clásico que sea.

Con Los líquidos íntimos, Ediciones Cálamo pretende acercar la poesía de Olga Novo a todos los lectores españoles. El hecho de que la autora haya tenido que traducir su obra para esta antología refleja la terrible situación lingüística de este país. Novo no debería tener que traducirse a si misma para ser leída por la masa lectora española. Una poesía de esta calidad no debería tener que adaptarse a la lengua castellana para acceder al gran público. Al fin y al cabo, estamos hablando de gallego, no de cantonés, y de la misma forma que un hablante nativo de castellano no tiene (o más bien, no debería tener) problema en leer a Pessoa en versión original, tampoco debería tenerlo a la hora de leer los poemas que forman Los líquidos íntimos sin traducción al castellano.

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Lar – Ramiro Gairín

El tercer poemario de Ramiro Gairín Muñoz se títula Lar. Tiene una edición que apuesta por la sencillez y que al igual que los libros de Pre-Textos, apela más al tacto que a la vista. Nada que objetar.

Este poemario se divide en tres partes: “Física”, “Ética” y “Lógica”. Esta división puede parecer la ya casi tradicional estructura de los poemarios actuales, es decir, presentar un poemario formado por varias partes, casi independientes entre sí en la temática y a veces la forma, que funcionan como mini-poemarios presentados de forma conjunta, como si fuera una recopilación categorizada de la obra del poeta. No obstante, Lar cuenta con un único núcleo temático que gira en torno a la relación que la voz en primera persona de todos los poemas mantiene con un “tú” al que van dirigidos la totalidad de estos versos.

Es Lar una oda a la transición que ocurre en todas las relaciones cuando se pasa de “novios en serio” a “pareja de hecho”, es decir, el momento en el que te vas a vivir con tu novia para comprobar si vivir juntos se os da igual de bien que los noviazgos tardioadolescentes. Los versos que pueblan este libro pintan un serie de escenas cotidianas de una pareja de novios que comienza su vida juntos y sus dos “yoes” se van fundiendo poco a poco en un “yo” colectivo, también conocido como “nosotros”. Aunque por momentos Gairín se pasea muy cerca de la línea donde empieza el sentimentalismo excesivo y la cursilería, en ningún momento la cruza de forma definitiva.

Es curioso todo lo que uno puede aprender sobre un autor al leer su poesía. En este caso, lo que más me llamó la atención fue la libertad de estos versos. No me refiero al hecho de que Ramiro Gairín escriba en verso libre, sino a algo más profundo. Los que escriben suelen ser curiosamente, los principales consumidores de la misma. Que poesía y de que época puede variar, pero algo que une a la mayoría de los poetas, especialmente hoy que tenemos acceso a una cantidad casi absurda de autores y obras de ayer y hoy a través de internet, es el peso de la historia de la literatura, el saber que inevitablemente, al publicar tu obra, pasas a jugar en la misma liga que los autores que previamente leíste, es decir, tus maestros y claro, ¿De verdad eres tan bueno como los antiguos maestros? ¿Podrás ser algún día tan bueno como los antiguos maestros? Pues eso.

Después de leer Lar, creo que puedo decir con seguridad que Gairín está libre de esta presión histórica que acecha a muchos poetas actuales, algo de lo que probablemente muchos deberíamos tomar nota. Los poemas de este poemario emanan campechanía, sinceridad y sencillez. Se presentan como producto natural de una persona que sentía la necesidad de expresar unos sentimientos de una manera u otra y al final, se decantó por el verso. Como es poesía, uno no puede saber si lo que dicen es cierto o no (cosa que en el fondo, da igual), pero a mí me gusta creer que lo que dicen es cierto y está basado en hechos reales. Cosa mía, supongo.

Lar, de Ramiro Gairín puede comprarse a través de la web de Casadellibro

 

33 — Alejandro Mallada

Alejandro Mallada escribe una poesía personal como pocas. Describirla es poco menos que hacer una descripción de su autor: Nace en Gijón, en el barrio de La Calzada, de familia humilde y obrera. En sus versos pueden verse reflejadas todo esto y alguna característica más derivada del determinismo que aun habita los barrios de la clase trabajadora, como la rebeldía innata del que tiene poco que perder o la camaradería masculina. 33 es su primera obra, publicado en Ediciones en huida.

Llama la atención como la personalidad del autor también se ve reflejada en la propia forma de los poemas. Prácticamente todos los versos de 33 son de menos de ochos sílabas, lo que desde la academia se denomina como verso de arte menor. Esto refleja una vida acostumbrada al trabajo manual poco remunerado, al trabajador que está más acostumbrado a escuchar que a hablar y por ello, habla poco. Los poemas de Alejandro Mallada son mínimos en cuanto a la expresión, como si fueran frases cortas que se dicen apresuradamente. Además, Mallada no siente reparo en escribir como habla e incluir términos del asturiano, que salpican las páginas y aportan al poemario una dosis de realismo.

Un aspecto clave de este poemario es la urbe, que en 33 aparece como un ecosistema donde el autor es un animal más que busca su sitio. Es común encontrar en estos poemas descripciones de Gijón, así como de sus habitantes. No obstante, la ciudad no es un ambiente agradable: muchos de estos poemas tratan sobre sentirse atrapado por las circustancias, intentar medrar en la vida a través del trabajo y ver los esfuerzos tirados por el suelo por una razón u otra, una especie de rueda que siempre retorna a la misma posición y que se refleja a través de la repetición. En cierta medida, podría decirse que 33 pertenece al llamado realismo sucio, aunque no se  reboza en la suciedad, sino que trata (en vano) de huir de ella.

Todo el entorno, el ecosistema que aparece en 33 parte de la individualidad del propio autor. En ese sentido, el resto de personajes que aparecen en estas páginas resultan extrañamente lejanos, ya sea porque su relación con el poeta es violenta (como es el caso de la policía), o bien porque es el propio autor quien nos habla de ellos en sus versos, como si ya no estuvieran presentes en su vida. A pesar de que muchos de estos poemas intentan imitar la estructura ( o más bien, falta de ella), de las anécdotas, da la impresión de que quien los cuenta siempre se encuentra solo.

Con 33, Alejandro Mallada nos trae una poesía desgarrada, fresca y sin complejos. Poesía creada a raíz de la pura pulsión, la necesidad inescapable de escribir, de volcar al papel los versos que se llevan dentro, sin necesidad de aprender ningún oficio de poeta. Quizás por ello Mallada rechaza la idea de denominarse a sí mismo poeta: no le fue necesario aprender a crear versos, puesto que ya los tenía dentro, incubándose.

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“Ombligos y universos” – Julia Navas Moreno

Desde que existe la poesía, existe la poesía amorosa. Y desde que existe la poesía amorosa, el amor ha sido descrito a través de la metáfora. Desde la madonna angelicata del Renacimiento, a la alegría de los pronombres de Pedro Salinas, el romance siempre se ha descrito a través de comparaciones o idealizaciones del mismo. Esto con los años ha ido generando una visión de la relación en pareja que a la hora de la verdad, choca contra la realidad y en un buen número de los casos, no acaba bien. Ombligos y universos, escrito por Julia Navas y publicado en Ediciones Canalla, explora este enfrentamiento, esta especie de guerra entre lo idealizado y lo real.

Al igual que muchos poetas actuales, Julia Navas utiliza la poesía como terreno donde aclarar los sentimientos que sintió en momentos específicos, poniendo a la experiencia en una posición secundaria respecto a la reacción que tenemos respecto a ella. Esto hace que Ombligos y universos tenga un ligero toque a “diario sentimental”. En la lectura del poemario podemos ver como ciertos temas ganas o pierden intensidad a medida que recorremos sus páginas, reflejando así las inquietudes de la autora en diferentes momentos. Es interesante ver todo esto desprovisto de contexto: el lector no sabe los detalles que propiciaron la creación de estos poemas, ni las fechas en las que fueron escritos. Son experiencias desprovistas de la propia experiencia, dejando tan solo lo relevante de las mismas, el efecto que generan. Leer estos poemas permite conocer aspectos muy íntimos de su autora, pero obviando los más superficiales.

El tema principal de Ombligos y universos es el choque entre idealización y realidad en una relación sentimental. El descubrimiento de la parte mala de nuestra pareja que intentamos ignorar, pero que se va imponiendo poco a poco.  Esta “desidealización” va dando paso a un ansia de libertad y resilencia: ante la montaña rusa de alegrías y penas de una relación que cojea, que no era lo se esperaba de ella, se empieza a buscar la tranquilidad y libre albedrío del que se disfrutaba cuando no había nada que nos limitase. La cruda realidad, no obstante, empieza a propagarse a todos los aspectos de la vida. No era solo la vida en pareja lo que nos limita, en cierta manera, estamos determinados por muchas más cosas que el amor.

No obstante, el descubrimiento de esto también nos trae una cierta liberación. Aunque la visión idealizada de la vida, esa visión que todos en algún momento entendemos por cierta, se cae por su propio peso y nos deja sin un asidero donde mantenernos firmes ante el torrente de la vida puede parecer algo desesperanzador, la autora se aferra a la vida y se siente libre dejándose llevar por la corriente. Rota la visión romántica de la vida, la autora siente que al fin puede comenzar a vivir, a disfrutar la propia vida.

Ombligos y universos esta formado por una serie de poemas que al juntarse, crean una historia basada en un fragmento de la vida de la autora. Un uso de la poesía para crear una historia a partir de lo vivido, quizá para darle sentido, quizá para convertirlo en algo en lo que los demás se puedan identificar.

Ombligos y universos puede comprarse online a través de la página web de Ediciones Canalla

“Los dones del otoño” – José Cereijo

(esta reseña fue publicada por primera vez en el número 9 de la Revista Anáfora en octubre del 2016)

Si Aristóteles hubiese tenido razón en todo y todo tuviese una finalidad, sin duda el otoño sería la estación del año diseñada para la reflexión. La naturaleza verde y exuberante comienza a disolverse lentamente, tiñéndose de dorado y más tarde de marrón. El cielo se oscurece y la noche cada vez llega antes, acompañada de la lluvia y el frio. Todo parece indicarnos a permanecer dentro de nuestras casas y distraernos con actividades de la mente. Sin embargo, el otoño también puede ser un tiempo excelente para extraer reflexiones de la naturaleza moribunda, siendo estas buen material para la poesía, como vemos en Los dones del otoño, de José Cereijo (Redondela, Pontevedra, 1957).

Es este un  poemario de reflexión frente a la vida tras haber vivido ya buena parte de ella. En Los dones del otoño, como en el otoño mismo, la muerte (o más bien, el fin), se encuentra por todas partes, de ahí que la mayoría de las imágenes que pueblan este libro se relacionan con ella, como el ocaso, la hoja que cae o la flor en el vaso de agua que va perdiendo su belleza poco a poco, aunque otras veces se presenta a través de la ausencia de aquellos que ya se han ido. No en vano, gran parte de estos poemas tratan sobre la realización de haber superado ya la mayoría de la vida, de descubrir ese punto en el que estamos más cerca del final que del principio. Llama la atención como llegado a este punto, José Cereijo desarrolla tímidamente la espiritualidad, siendo constantes las referencias a Dios y su silencio o ausencia durante todo el poemario.

Hay dos tipos de poemas en Los dones del otoño. Los primeros son aquellos que contienen recomendaciones sobre la vida, caracterizados por verbos que rompen la cuarta pantalla (si es que existe cuarta pantalla en la poesía y no es un dialogo cerrado entre poeta y lector), para ofrecer consejos, casi mandatos, que ayudan a apreciar mejor el milagro desinteresado que es la vida . Los otros, por su parte, también nos ofrecen reflexiones para entender mejor la propia existencia, pero lo hacen acompañados de observaciones e imágenes de la naturaleza, que propician los primeros.

Todo esto aparece en versos libres de cualquier forma o medida, sin adornos ni lenguaje grandilocuente que adorne el contenido. José Cereijo no necesita ningún tipo de adorno  que pueda distraer al lector del mensaje que sus versos transmiten. A través del lenguaje sencillo, cotidiano, el poeta logra trascender los propios límites de las propias palabras y transmitir unos conocimientos que apelan más al alma que a la mente.

En esencia, Los dones del otoño es como un paseo junto al autor por un camino poco transitado, lleno de paisajes otoñales, en el que lector y poeta van manteniendo una conversación sobre la vida, como vivirla y cómo afrontar su inevitable final. Al final, la conclusión a la que llega Cereijo es que la única cura frente a la muerte, la única solución, es vivir. Vivir hasta estar satisfecho y no se quiera vivir más, aunque esto parezca imposible. Vivir hasta que la muerte llegue como el momento en el que una hoja se separa del árbol en otoño.

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“La triste historia de tu cuerpo sobre el mío” – Marwan

Marwan Abu-Tahoun Recio nace en Madrid en 1979. Tras una breve carrera como cantautor (que mantiene en la actualidad), publica en 2011, bajo el amparo de la editorial Origami, el poemario La triste historia de tu cuerpo sobre el mío, en donde pasó a ser conocido con su nombre artístico: Marwan.

La triste historia de tu cuerpo sobre el mío es el primer ladrillo de la construcción de un poeta. Marwan, construye una imagen de sí mismo como autor de poesía. Este detalle puede apreciarse desde la propia biografía que viene incluida en las tapas del libro, donde apenas se incluye información relevante del autor, pero incluye aspectos muy bohemios del mismo, como el lugar donde beso a alguien por primera vez. Esto es una especie de proyecto metapoético en el que por primera vez, se consideran aspectos ajenos a la obra del autor como fundamentales. Este libro no vende tan solo una serie de poemas, sino que también incluye una figura, una imagen del autor que es prácticamente tan importante como sus versos para apreciarlos plenamente.

En efecto, no es extraño encontrar en la historia de la literatura grandes autores y autoras conocidas por su bohemia o sus excentricidades, especialmente a partir del siglo XIX. No obstante, en cierta manera, estos autores no construían esta imagen de forma tan sintética y analítica. Marwan construye su propia “persona” con rasgos que tradicionalmente caracterizaron a la bohemia, pero de forma poco intensa. Por ejemplo, en todo el poemario aparecen referencias al alcohol, pero no como alcoholismo, sino como una ingesta moderada de alcohol como rutina. Estos rasgos y la forma en la que se muestran generan una sensación de artificialidad que inevitablemente lleva al reconocimiento de este proceso y a la ruptura de la “magia” asociada a la bohemia. En cierta medida, es la misma diferencia que puede haber entre Batman y una persona disfrazada de Batman.

Otros rasgos que construyen esta imagen de poeta bohemio se pueden ver reflejados en los propios poemas. Hay una naturalidad buscada en todos los poemas que forman La triste historia de tu cuerpo sobre el mío, para ello, Marwan hace del minimalismo y la sencillez en el lenguaje su rasgo principal, así como una especie de despreocupación por el ritmo y el número de sílabas en sus versos.

Atendiendo al tema, nos encontramos ante una serie de poemas cuyo tema principal es el amor en su vertiente más clásica y romántica. Por ello, La triste historia de tu cuerpo sobre el mío cae en los también clásicos tópicos del amor romántico. A destacar la mala representación de la mujer, quien solo aparece como un objeto de deseo o de odio.

La mayoría de estos poemas siguen una formula parecida. Por un lado, están dirigidos a una segunda persona indeterminada de la que no se nos ofrece ninguna información. Con esto se persigue que el lector o lectora se sienta que los poemas van dirigidos a él o ella a través de la suspensión de la credibilidad. Por otro lado, los poemas siguen un esquema bastante parecido: una sucesión de elementos con una especie de quiebro en los últimos dos versos que comparan todo lo que aparece en el poema con ese al que van dirigidos. Esto busca reforzar la sensación de que los versos van dirigidos al lector.

Quien compra La triste historia de tu cuerpo sobre el mío no compra unos poemas, que pueden gustar más o menos y generalmente acaban durmiendo el sueño de los justos en alguna estantería, sino que compra una marca, unos poemas y una imagen. Frente a la poesía tradicional, que considera que lo importante es el poema y deja lo demás para la anécdota, Marwan ofrece un modelo a seguir que no puede entenderse atendiendo tan solo a sus versos. En buena medida, esto es un uso excelente de las posibilidades comerciales que las redes sociales e interne en general ofrecen a los creadores de cualquier manifestación artística. A quienes estén acostumbrados a un consumo más tradicional de poesía, esto probablemente no sea plato de su gusto.

Este libro puede comprarse a través de la web de Casadellibro, aunque en su re-edición bajo el sello Frida.

 

“Trabajo sucio” – Eva Vaz

Una buena manera de describir a Trabajo sucio, de Eva Vaz, publicado en la editorial sevillana La isla de Siltolá, sería “visceral”. Los poemas que estas páginas contienen son los poemas más líricos que he leído en bastante tiempo. Es decir, reflejan el sentimiento de la autora frente a diferentes experiencias, en este caso, la mayoría de lo que se refleja son cosas malas. No es este un poemario de versos bonitos y coloristas, ni de sentimientos amorosos y bellos. No, pero bueno, la vida no siempre es un caminito de rosas, ¿verdad?

Los poemas de Eva Vaz reflejan el flujo de pensamiento de la propia autora de forma espontánea. En la práctica esto se traduce en poemas con un ritmo muy irregular, que se acelera y se relaja a voluntad de la autora, siendo esto un recurso que genera ansiedad o situación de inmovilismo dependiendo del poema. En otras ocasiones, Eva Vaz rompe la “cuarta pared” del libro y los versos se asemejan más al habla oral, con poemas que se dirigen al lector de tú a tú o bien a tipos concretos de persona hacía los que el poema hace una sátira. También podemos encontrar poemas cuya forma resulta parecida a estos últimos, pero acercándose más al monologo interior, a lo que nos decimos a nosotros mismos sin pronunciar palabra.

Puebla cada página de Trabajo sucio un sentimiento de desamparo, de angustia vital producto de las cicatrices que va dejando en nuestro cuerpo los años. Como si cada poema fuera un recipiente donde verter la angustia que nos devora por dentro, para verterlo y poder al fin mantenerlo atrapado y controlado. No obstante, existe una evolución dentro de los poemas que refleja de forma indirecta una evolución de la autora: de una situación casi apocalíptica, en la que la protagonista de los poemas se ve atrapada en una relación catastrófica pasamos a la vida tras la ruptura y la posterior aparición de su nueva pareja junto a otros factores que propician poco a poco, la mejoría de la vida de la autora.

Llama la atención el carácter casi confesional de la mayoría de los poemas de Trabajo sucio. No sería posible leer a Eva Vaz sin comprender ciertos problemas que vivió y que superó de mejor o peor forma. No obstante, estas confesiones son íntimas. No intenta explicarle nada a nadie, más bien, intenta comprender lo que le pasa (o más bien, lo que le pasó), como si los poemas fuesen una especie de placa Petri desde la que aislar y estudiar las emociones y la situación personal.

En general, Trabajo sucio es un libro que mayoritariamente trata los aspectos más duros y oscuros de una vida que aparece reflejada en estas páginas de forma viva, palpitante. Un viaje desde en el fondo a la superficie, en el que poco a poco vamos viendo como la luz, la resilencia, acaba llegando. Los poemas que forman el último poemario de Eva Vaz, aunque en principio pueden aparecer distantes e inconexos, van formando una historia personal que va desde la oscuridad más absoluta hasta la felicidad, produciendo una especie de catarsis en el lector.

Trabajo sucio puede comprarse a través de Distriiforma.

“Memorias del mar” – Rocío Acebal

La memoria es la base de toda la poesía. Esto se debe a que toda la poesía parte de la experiencia, ya sea real o ficticia. Quizás pueda parecer un poco extraño decirlo así, pero toda la poesía cuenta hechos o encuentra en ellos su razón de ser. De ahí que hoy en día existan una gran cantidas de poetas que encentran en sus experiencias vividas, ya sean vitales o no, el material con el que crear sus versos. Es el caso de Rocío Acebal en Memorias del mar, libro con el que desembarca en la poesía contemporánea tras su paso por alguna que otra revista literaria y antología, así como otras funciones que quizá llaman menos la atención, como ser co-editora de la asturiana Revista Maremagnum o escribir reseñas en su blog y otros medios.

Memorias del mar es un poemario sólido y clásico. Se divide en tres partes, recogiendo cada una poemas que giran en torno a un mismo tema, la primera y la segunda tratan el amor en distintas variantes, mientras que la última tiene una temática más variada, con versos que reflexionan sobre la propia poesía y se ríen de la bohemia o el decadentismo junto a poemas más grises. Esto es, poemas sobre la nostalgia de la infancia perdida, la situación de la mujer en la sociedad actual o el sentimiento de encierro o soledad. La combinación de ambos genera un efecto tragicómico, como si la autora descubriese que demasiados poemas tristes podrían entristecer al lector y decidiera animarle con una serie de poemas burlescos. De hecho, también cabe destacar la organización del poemario, que no es ni mucho menos casual: el orden de los poemas no es casualidad, de hecho, prácticamente nada es casualidad en este libro de poemas pulido hasta el último detalle, hasta la última coma.

Este mimo, este cuidado se refleja principalmente en la forma. Podría decirse que Memorias del mar, prima la forma sobre el contenido, puesto que cada acento está donde tiene que estar, las sílabas aparecen contadas y riman los versos que tienen que rimar. Todo está en su sitio. Abundan los endecasílabos y los versos de arte mayor, no siendo común sin embargo, las formas clásicas (aparte de un par de haikus y algún soneto), en cambio, Rocío Acebal prefiere experimentar con verso libre, pero con versos que no son libres. La ovetense parece sentirse más cómoda en el verso de once sílabas y por ello crea poemas de longitud variable, con endacasílabos sin rima como cuerpo.

Ante todo, Memorias del mar es un poemario trabajado, pulido hasta el más mínimo detalle como una estatua grecolatina. Independientemente de que los temas que se tratan en estos poemas gusten más o menos, es innegable la calidad desde el punto de vista técnico que estos versos emanan. Al fin y al cabo, los gustos son subjetivos (y ojalá no dejen de serlo nunca), pero la calidad formal de un verso, definitivamente es algo lleno de objetividad.

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