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La mística moderna: “Libérame Domine” – Gracia Aguilar Almendros

Editado en la valenciana Pre-Textos, ganador del XVIII Premio de Poesía “Emilio Prados”, con cincuenta y dos páginas y una encuadernación que es una delicia al tacto, Libérame Domine es el último poemario de Gracia Aguilar Almendros (1982), poeta nacida en Albacete que reside actualmente en Oviedo. Es su primera obra en solitario tras haber publicado poemas en revistas como “Barcarola” o “la siesta del lobo” y aparecer en una larga lista de antologías como Fractal: antología poética, Desde el mar a la estepa o El llano en llamas.

La poesía de Gracia Aguilar es una especie de poesía mística moderna. En sus páginas se mezcla el tono bíblico de los salmos y de los poetas que en su día buscaban acercarse a Dios a través del verso con la cultura pop y la realidad actual. Lo tradicional y lo moderno. Una poesía mística, pero no trascendental, no busca Aguilar la poesía en lo diario, sino que a lo cotidiano añade su visión, su interpretación, reconvirtiendo estas experiencias en algo diferente. En este caso, en poesía. Por momentos, la autora muestra que a través del verso pudo sobreponerse a los momentos más duros de su vida, lo cual me hace preguntarme ¿Será esta la razón por la que comenzó a escribir poesía? ¿Contribuir, pagar la deuda quizá, a aquello que nos ha dado tanto? ¿Será esta la razón por la que la mayoría de los y las poetas escriben poesía?

En líneas generales, Libérame Domine es un poemario catártico. Una serie de poemas donde se vierten las frustraciones que asaltan a los que comenzaron a buscarse la vida, a querer vivir por sí mismos a partir del 2006 (a veces me pregunto cuando podremos empezar a hablar de “poesía de la crisis” o de una supuesta “generación del 2006”) y que se encontraron un camino con muchas más piedras, cuando no trampas y clavos, de los que nadie podía esperar (yo preferiría que se llamase generación del seis, en lugar de generación del dos mil seis). Un diario de resistencia frente al existir y búsqueda de un espacio habitable propio, donde poder intentar ser feliz con tranquilidad.

Son, no obstante, experiencias adulteradas. No hay magia ni belleza en la existencia de los que luchan por sobrevivir. Por ello, Gracia Aguilar añade las especias que le hicieron la ración diaria de vida más apetecible. El resultado es un poemario templado, que habla de experiencias mundanas, en las que tantos nos podemos ver reflejados, de forma que estas parezcan interesantes.

Libérame Domine puede comprarse online a través de la página de la Librería Cervantes.

“Los dones del otoño” – José Cereijo

(esta reseña fue publicada por primera vez en el número 9 de la Revista Anáfora en octubre del 2016)

Si Aristóteles hubiese tenido razón en todo y todo tuviese una finalidad, sin duda el otoño sería la estación del año diseñada para la reflexión. La naturaleza verde y exuberante comienza a disolverse lentamente, tiñéndose de dorado y más tarde de marrón. El cielo se oscurece y la noche cada vez llega antes, acompañada de la lluvia y el frio. Todo parece indicarnos a permanecer dentro de nuestras casas y distraernos con actividades de la mente. Sin embargo, el otoño también puede ser un tiempo excelente para extraer reflexiones de la naturaleza moribunda, siendo estas buen material para la poesía, como vemos en Los dones del otoño, de José Cereijo (Redondela, Pontevedra, 1957).

Es este un  poemario de reflexión frente a la vida tras haber vivido ya buena parte de ella. En Los dones del otoño, como en el otoño mismo, la muerte (o más bien, el fin), se encuentra por todas partes, de ahí que la mayoría de las imágenes que pueblan este libro se relacionan con ella, como el ocaso, la hoja que cae o la flor en el vaso de agua que va perdiendo su belleza poco a poco, aunque otras veces se presenta a través de la ausencia de aquellos que ya se han ido. No en vano, gran parte de estos poemas tratan sobre la realización de haber superado ya la mayoría de la vida, de descubrir ese punto en el que estamos más cerca del final que del principio. Llama la atención como llegado a este punto, José Cereijo desarrolla tímidamente la espiritualidad, siendo constantes las referencias a Dios y su silencio o ausencia durante todo el poemario.

Hay dos tipos de poemas en Los dones del otoño. Los primeros son aquellos que contienen recomendaciones sobre la vida, caracterizados por verbos que rompen la cuarta pantalla (si es que existe cuarta pantalla en la poesía y no es un dialogo cerrado entre poeta y lector), para ofrecer consejos, casi mandatos, que ayudan a apreciar mejor el milagro desinteresado que es la vida . Los otros, por su parte, también nos ofrecen reflexiones para entender mejor la propia existencia, pero lo hacen acompañados de observaciones e imágenes de la naturaleza, que propician los primeros.

Todo esto aparece en versos libres de cualquier forma o medida, sin adornos ni lenguaje grandilocuente que adorne el contenido. José Cereijo no necesita ningún tipo de adorno  que pueda distraer al lector del mensaje que sus versos transmiten. A través del lenguaje sencillo, cotidiano, el poeta logra trascender los propios límites de las propias palabras y transmitir unos conocimientos que apelan más al alma que a la mente.

En esencia, Los dones del otoño es como un paseo junto al autor por un camino poco transitado, lleno de paisajes otoñales, en el que lector y poeta van manteniendo una conversación sobre la vida, como vivirla y cómo afrontar su inevitable final. Al final, la conclusión a la que llega Cereijo es que la única cura frente a la muerte, la única solución, es vivir. Vivir hasta estar satisfecho y no se quiera vivir más, aunque esto parezca imposible. Vivir hasta que la muerte llegue como el momento en el que una hoja se separa del árbol en otoño.

Los dones del otoño puede comprarse online a través de Casadellibro