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“Teorema de los lugares raros” – Ángel Minaya

Opino que la poesía es siempre algo personal. Todos los libros de poemas tienen en sí una parte del autor o autora. Y de todos ellos puede aprenderse rasgos de la persona que los ha escrito. Esto se puede aplicar también a aquellas obras en las que el autor intenta dejar el “yo” totalmente fuera, puesto que esta decisión, en sí misma, refleja también un aspecto de la persona detrás de la voz autoral.

Teorema de los lugares raros es el primer poemario de Ángel Minaya. Publicado en la editorial El sastre de Apollinaire teniendo el autor cincuenta y cuatro años en el momento en el que escribo esta reseña. Debido que me interesa la poesía viva, la actual, estoy acostumbrado a leer “primeros poemarios”. Y este, concretamente, no parece la primera obra del autor.

Recuerdo haber oído a un crítico de poesía mucho mejor que yo decir que a veces no le gusta leer obras de autores noveles, puesto que todos ellos cometen los mismos errores y tropiezan en las mismas piedras. Y creo que al menos la mitad de estas palabras son ciertas: los “primeros poemarios” generalmente comparten una serie de características que per se no tienen por qué mejorar o empeorar o empeorar la obra. Simplemente son rasgos que suelen estar ahí. Y es aquí donde destaca Teorema de los lugares raros, no tiene una gran cantidad de estos rasgos. No parece el primer poemario de Ángel Minaya, Y creo que realmente, no lo es.

Los poemas que forman Teorema de los lugares raros parten de una serie de principios bastante comunes en la poesía actual: poesía que explora sentimientos en su contexto, la vida cotidiana. Minaya utiliza el verso como medio para definir y entender lo que sintió en momentos determinados de su existencia. Estos, sin embargo, aparecen codificados de forma que el lector pueda entender lo sentido sin conocer a las personas que lo sienten.

En cuanto el lenguaje, la poesía de Ángel Minaya tiende hacia la experimentación: a medida que avanzamos en los poemas, vamos viendo como el lenguaje de los poemas va despojándose de sus normas en favor de reforzar el propio contenido de cada poema.

Tras haber leído Teorema de los lugares raros, pienso que este no es el primer poemario de Ángel Minaya y que El sastre de Apollinaire hizo bien al denominarlo “primer poemario publicado” en la biografía del autor. Este poemario da la impresión de ser el último episodio de una serie, excepto que no podemos ver el resto. E incluso puede que no existan.

Quién sabe, quizás Ángel Minaya tenga una serie de poemarios durmiendo el sueño de los justos en un cajón.  Libros que reflejarían una evolución autoral de la que Teorema de los lugares raros es producto. Triste destino el de esos libros de poemas olvidados: ahora no podrían publicarse sin convertirse en precuelas de este.

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“Sombra” – Miguel Ángel Gómez

¿Cuánto podría saber de nosotros nuestra sombra, si nuestra sombra pudiera hablar? Después de seguirnos durante toda nuestra vida, irremediablemente pegada a nosotros, la mayoría de las veces sin que siquiera notemos su presencia o le demos importancia. Sin duda, muchísimo. A este conocimiento íntimo y absoluto es a lo que aspira Miguel Ángel Gómez en su sexto libro de poemas, titulado de forma muy apropiada Sombra y publicado en Ediciones Camelot.

Una característica clara de la poesía de Miguel Ángel Gómez se aprecia en el proceso de escritura: no estamos ante un poeta que escribe poemas para luego someterlos a un proceso de selección donde se separe trigo y paja. Por el contrario, tanto Sombra como los dos últimos poemarios del autor ovetense (La polilla oblicua y Monelle, los pájaros) muestran una cierta planificación previa a la escritura. No estamos ante un poeta que escribe sin saber muy bien a donde va.

En el caso de Sombra, estamos ante un poemario de “observación”. Miguel Ángel Gómez aspira a convertirse en la sombra de la persona que ama, para conocerla mejor que nadie y retratar en verso cada faceta de su personalidad, convirtiéndolas en diferentes imágenes a través de las cuales el poeta define como percibe a esa persona.

Así, a través de los poemas que dan forma a Sombra vemos aparecer diferentes personalidades de la misma persona, convertidas en distintas versiones de esta. Algunos poemas hablan de momentos, como por ejemplo discusiones, para dar así una visión completa de la relación. La construcción de la persona amada es algo característico de la obra de Miguel Ángel Gómez, pero en esta ocasión, su poesía da un paso más allá y esta construcción incluye también las interacciones con el poeta. Al fin y al cabo, nuestra percepción de los otros también esta marcada por nuestras interacciones con ellos.

Terminan de dar formas al poemario algunos poemas de naturaleza metapoética en los que el autor conversa con autores anteriores, como Jack Kerouac, o reflexiona sobre diferentes aspectos de la poesía, como el efecto que produce entre sus seguidores.

Y todo esto viene salpicado de una cierta bohemia. Los poemas de Miguel Ángel Gómez, observados con distancia, dejan ver una parte muy concreta de su personalidad, concretamente su faceta de amante. Al mostrar tan solo esta parte de él mismo, resulta inevitable que Sombra adquiera unos ciertos aires bohemios. No obstante (y esto es algo que intento tener en cuenta al leer cualquier poemario), debe tenerse en cuenta que lo que vemos en estas páginas es solo una parte del autor. La sensación de bohemia, que no sabría decir si es buscada o no, es artificial, resultado de una visión parcial de la personalidad del autor.

En líneas generales, Sombra es un poemario donde el amor se expresa a través de la curiosidad, el querer saber más y más de la persona que uno ama, aunque esto lleve a reducirse, a convertirse en poco menos que en sombra, en polvo, en nada, porque la persona que amamos acaba convirtiéndose en nuestro todo.

Sombra puede comprarse a través de la página de la Librería Cervantes.

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Guerra, paz y más: “El cuaderno de la guerra” – Juan Ignacio González

Juan Ignacio González nace en Mieres en 1960. En 1985 nace como poeta al ver publicada su primera obra: Otros labios acaso, desde entonces, han visto la luz otros ocho poemarios suyos, de los cuales, El cuaderno de la guerra (y algunas notas sobre la paz) es el más reciente, publicado en la nueva y vigorosa Bajamar Ediciones.

Una lectura atenta de la poesía de Juan Ignacio González en El cuaderno de la guerra deja ver el método que el autor sigue para escribir. Estamos ante una poesía de “proyectos” es decir, González no deja lugar para las musas, sino que se plantea de antemano que es lo que quiere hacer, que tipo de poesía y que efecto producirá esta. Una forma de creación que avanza sobre un camino asfaltado previamente.

Este tipo de proceso formativo, que el autor comparte con otros muchos autores y autoras contemporáneos (se me viene a la mente Xaime Martínez) deja una serie de marcas muy reconocibles para el ojo atento. El cuaderno de la guerra es un libro ecléctico, donde vemos como los poemas van cambiando a lo largo de sus páginas, un eclecticismo que aporta frescura a la obra y que mantiene firme la atención del lector.

Por momentos, vemos como los versos de El cuaderno de guerra tienen una gran longitud acompañada de metáforas y un tono solemne, como acerándose al salmo bíblico, para luego convertirse en poemas donde el autor intenta ponerse en la piel de otras personas en otro tiempo o lugar, intentando así comprender o más bien explicar puntos de vista ajenos. Otras veces, los poemas de Juan Ignacio González surgen de una raíz aforística que se desarrolla y florece en el poema.

Esta forma de creación, no obstante, tiene un problema, al menos en mi opinión. Soy una de esas personas que aprecia la unidad en los libros de poesía, que los poemas tengan una cierta cohesión entre ellos y vayan creando una especie de arco argumental, aunque sea a un nivel abstracto. Por el contrario, poemarios como El cuaderno de guerra, a pesar de tener frescura y variedad, no tiene mucha cohesión entre sus distintas partes y estilos, pareciendo más bien una recopilación del trabajo de Juan Ignacio González en un periodo de tiempo determinado. La suma de varios proyectos más pequeños, en lugar de un gran proyecto que abarque toda la obra.

El cuaderno de guerra no obstante, es un libro más que recomendable. La variedad de sus poemas hace que sea difícil que cualquier lector no encuentre un asidero en estos poemas. Un poco como Juego de tronos, en ese sentido: si no te gusta una parte, seguro que te gustará otra.

El cuaderno de la guerra puede comprarse online a través de la página de la Librería Cervantes.

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Yo al cuadrado: Todo lo que yo existo no existe – Le Corbeau

Le Corbeu (el cuervo) es el pseudónimo de Víctor Martínez (Madrid, 1995). La biografía que incluye su primer libro de poemas, titulado Todo lo q yo existo no existe y publicado en la editorial El sastre de Apollinaire, lo define como “artista gráfico y poeta” y define su obra como una mezcla de lo académico y el arte urbano. Una mezcla de cultura y contracultura, a pesar de que en mi opinión, este poemario bien encajaría dentro de la categoría de “poesía de twitter” (sea lo que sea eso), la poesía más de moda actualmente, sobre todo si nos fijamos en las listas de ventas (o superventas) de la poesía actual.

Todo lo que yo existo no existe es una especie de selfie poético con varios filtros encima. En sus páginas asistimos la construcción del “yo” poético de Víctor Martínez. Algo similar a la creación de nuestra persona digital a través de cuentas, de micro publicaciones en twitter, fotos en Facebook, selfies en Instagram. El individualismo, o más bien, la individualización extrema en la que vivimos y la filosofía que hay detrás de ello es probablemente la mayor influencia que reciben los nuevos poetas de twitter. Esta es la estética nueva que nos traen estos habitantes de internet. Los que se promocionan a través de redes sociales no porque sea mejor o más lucrativo, sino porque es el sitio que conocen y acostumbran a recorrer, el primer sitio donde se les ocurrió darse publicidad y bombo.

Así pues, lo que más destaca de este poemario es el esfuerzo desmedido del autor por aparecer como alguien diferente a todo el mundo. Martínez no quiere parecerse a nadie lo más mínimo y quizás por ello, no respeta ningún tipo de regla o convención poética: sus poemas son una mezcla entre verso y prosa, las normas ortográficas son las mismas que sigue el lenguaje de los SMS y en prácticamente todos los poemas se nos habla del propio autor, de diferentes aspectos de su personalidad, de sus inquietudes, que a veces son las mismas inquietudes que llevan inquietando a poetas desde finales del siglo XVIII, pero bueno, this is my rifle, there are many like this, but this is mine.

Resulta irónico que, debido a este esfuerzo por no seguir ninguna regla, los poemas de todo lo q yo existo no existe, o más bien las estrofas de cada poema se parecen tuits, como si las publicaciones de twitter fuesen la unidad mínima e indivisible de la poesía de Víctor Martínez. Todo esto tiene una capa extra de ironía, puesto que fui incapaz de encontrar a Le Corbeau en Twitter.

No obstante, hay muchas cosas que elogiar de este poemario. Para empezar, no es el tipo de poesía amorosa romanticona y patriarcal a la que nos tienen acostumbrados una buena parte de la nómina de los “poetas de twitter”, ni se presenta el poeta como un bohemio soñador que no tiene mayor preocupación que buscar un nuevo romance, ni se pueden apreciar los hilos y el plástico de los atrezzos. No se nos intenta vender un personaje creado para el consumo y el beneficio. Por el contrario, hay una gran sinceridad en estos poemas. Todo lo q yo existo no existe cae una y otra vez en los mismos tópicos en los que llevan cayendo poetas desde hace siglos, pero es voluntad del autor caer en esos tópicos y oye, lo consigue.

Leyendo poemarios como este, veo que hay luz al final del túnel en este tipo de poesía. No es un plato de mi gusto, pero veo que es un plato con material de sobra para masticar. Incluso da ganas de seguir indagando entre este mar de autoras y autoras, como si fuese una promesa de la existencia de gemas escondidas entre toneladas de ganga.

Todo lo q yo existo no existe puede comprarse a través de la página de El sastre de Apollinaire.

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El amor en tiempos de Twitter: “Dejar de ser” – Carlos Asensio

Dejar de ser es el primer poemario de Carlos Asensio (Mallorca, 1986), quien además de poeta es también sociólogo, pollitólogo y director de marketing (detalle a través del cual se pueden entender muchas cosas de este libro) Llega publicado en Chiado, editorial lisboeta que merece ser aplaudida tanto por tener el rostro de Fernando Pessoa como logo como por no tener reparos en publicar poesía en castellano, una aceptación de la realidad multilingüe de la Peninsula Ibérica que todos sus habitantes deberíamos fijarnos. 

Los poemas que forman Dejar de ser encajan a la perfección con lo que se denomina de forma burlona (por no decir despectiva) “poesía de twitter”. Me llama la atención esta forma de catalogar a cierta poesía porque creo que existe una mínima contradicción en aquellos que lo utilizan como algo peyorativo ¿Hay acaso algún autor o autora de poesía que no utilice twitter u otras redes sociales para promocionar su poesía? Quizás deberíamos ir buscando un nuevo nombre para estos versos. Algo así como “poesía pop” o “poesía lírica juvenil

Al margen del nombre, a través de estos poemas podemos ver las características elementales de esta poesía. La primera, quizá la más importante, es el intimismo o confesionalismo. Casi todos los poemas de Dejar de ser tienen la característica de estar escritos a una segunda persona no definida con la que en teoría el lector (o más bien lectora, este libro no deja dudas sobre la audiencia a la que va dirigido). Son, en fin, confesiones. La revelación de un supuesto sentimiento para generar un cierto lazo de unión a través de la suspensión de credibilidad. Tan importante es el intimismo en esta poesía que incluso influye en su estética: el verso libre, largo y descuidado no es casualidad ni pereza, sino que responde a la necesidad de generar una atmósfera de sinceridad, como si solo una persona fuese a leer estos textos y por tanto, su métrica y su forma dan un poco igual.

Otra característica de este tipo de poemas es la nostalgia, cosa en la que coincide con la poesía clásica de Asia. A través de estos versos se evocan experiencias amorosas pasadas, momentos con una gran carga sentimental y/o erótica que el autor inmortaliza a través del recuerdo en los poemas. Algo así como “¿Recuerdas aquella noche cuando bailamos y acabamos liándonos? Que bien lo pasé esa noche” o “¿Recuerdas aquella noche cuando hicimos el amor? Que bien lo pasé esa noche”. Cabe decir que el erotismo de estos poemas es bastante tibio: en ningún momento se cruza la línea que haría que estos poemas fuesen para mayores de dieciocho años (más sobre esto, al final).

La tercera propiedad de estos poemas es la sencillez, tanto en el lenguaje como en los recursos que Dejar de ser utiliza. De hecho, diría que en líneas generales, estos poemas son muy poco poéticos. El lenguaje es simple, llano, y salvo la metáfora o comparación ocasional, aparecen muy pocos recursos poéticos. De hecho, en algunos momentos incluso se nos recuerda que estamos leyendo poesía: por ejemplo, el poemario viene introducido por par de textos de considerable extensión en los que se habla muy por encima de lo que es “la poesía” e incluso se nos menciona de forma muy sutil que “la poesía comienza aquí”, como si el lector necesitase que le recordasen lo que está leyendo.

Repasando lo que acabo de describir, no puedo evitar pensar que esta reseña se parece mucho a la que escribí hace tiempo sobre el primer poemario de Marwan. No obstante, no puedo evitar ver las similitudes entre aquel poemario y Dejar de ser. Comparten características esenciales y también defectos estructurales. Estos poemas son algo así como el total recall de la poesía: una serie de recuerdos, probablemente artificiales, diseñados desde cero para ser estereotípicamente bonitos y cuyas lectoras o lectores deben asumir como propios para que los poemas consigan su efecto. Luego también está el hecho de que represente el clásico sentimentalismo heterosexual masculino, pero eso no tiene nada de malo, ¿verdad?

No obstante, una lectura atenta de Dejar de ser deja al descubierto todo el engranaje de esta poesía, la artificiosidad de sus estereotipos. Y la tibieza, la calculada tibieza de todo lo que aparece en estos versos. Ser demasiado erótico o demasiado bohemio podría hacer que el poemario pierda lectores potenciales. He aquí el punto donde se rompe esta magia. Donde vemos que el castillo en el que estamos no está construido con bloques de piedra, sino con paneles de plástico.  En mi opinión, por detalles como este, la poesía sentimental que forma Dejar de ser exige un esfuerzo demasiado grande al lector para ser eficaz.

La poesía lírica necesita tener una chispa de veracidad o al menos, sugerirla. Si el poema fracasa a la hora de esto, sus vísceras quedan al descubierto y como todos los seres vivos que acaban con sus vísceras al descubierto, muere.

Este tipo de poesía, desde luego, no es plato de mi gusto, pero eso no quiere decir que no vaya a ser del gusto de nadie. Si después de leer esto te parece que los problemas que yo veo en Dejar de ser te dan igual, pues cómpralo y léelo. Disfruta con él y no dejes que ningún capullo como yo te diga que tipo de poesía está bien o mal.

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Ritmo latino – Jorge Blanco Ingelmo

¿Para qué sirve la poesía? ¿Qué buscan aquellos que deciden escribir libros de poesía? ¿Qué función tienen las humanidades hoy en día? A través de estas preguntas, o más bien, de las respuestas que hoy en día algunos dan a esas preguntas, Jorge Blanco Ingelmo escribe los poemas que forman Ritmo Latino, poemario ganador de la última edición del Premio Emilio Alarcos de Poesía y como todos los ganadores de susodicho premio, publicado en la editorial Visor.

La poesía que Jorge Barco Ingelmo recoge en Ritmo Latino es de corte conservador, no en la forma, si no en el contenido. En estos versos se revindica el estado, o más bien estatus, que la poesía tenía cuando la literatura en general no se tenía en mayor o menor consideración en función del mercado, es decir, de la mayor o menor aceptación que pueda tener el público. El objeto de estos poemas es aquel tiempo en el que se consideraba que la calidad de la literatura escrita en verso se puede medir en base a una serie de reglas establecidas e independientes de las modas del público. Una visión más pura donde lo importante eran los poemas y no las ventas, los costes, la promoción etc. Incluso puede notarse una cierta envidia por aquellos que desarrollaron su carrera como poetas bajo el paraguas de aquella idea. A través de esta idea, Barco Ingelmo establece una crítica a la filosofía que cada vez gobierna más nuestra sociedad, en donde todo se mide en base a su utilidad material. Todo aquello que no encaja en este esquema, se desprecia por ser considerado inútil, innecesario.

Lo que comienza como una forma de revindicar la poesía, acaba por ser una reivindicación de todas las humanidades, todo lo que nos hace crecer no en el cuerpo, si no en la mente. Esta idea, por supuesto, no tiene por qué ser conservadora de por sí: la razón de ello es que Ritmo latino mira al pasado, a la concepción más tradicionalista de la literatura para defender esta postura, en lugar de buscar un planteamiento nuevo. Cabe decir que el conservadurismo ideológico de este poemario se limita solo a la concepción de las humanidades como bien necesario para cualquier sociedad.

La defensa de estas ideas se realiza en el poema a través de la ironía, que al igual que en los buenos memes, es el recurso principal de Ritmo Latino junto al humor. Barco Ingelmo en sus poemas compara esta visión nostálgica e idealista de las humanidades con la actual, con un resultado cómico. Se nos presenta de forma caricaturesca al poeta como alguien que aspira a ser una especie de estrella del rock, despreocupándose de la poesía en general y retrata el interés por las humanidades como algo bohemio y casi irracional. El poeta afronta el triste destino de la poesía con humor ¿Con que si no?

Hacia el final de Ritmo Latino, comienzan a aparecer en los poemas algunos versos que recuerdan a slogans publicitarios. He aquí la gran ironía de clamar que la poesía no sirve para nada: la publicidad se nutre de recursos poéticos. Es una especie de alivio que Barco Ingelmo ofrece al final del libro. Por mucho que se desprecie y se tache de inútil la poesía, sobrevivirá, aunque sea a través del uso que se le da en los anuncios que vemos todos los días. De forma velada y elegante, Ingelmo muestra la utilidad de la poesía a aquellos que consideran que no sirve para nada.

El ganador del último Premio Emilio Alarcos de Poesía es un libro lleno de humor e ironía, que sin dejar de ser una lectura ligera, consigue hacer una crítica profunda al desprecio que sufren las humanidades en la sociedad actual.  Una lectura donde entretener al lector no se ve reñido con hacerle reflexionar. Educar y deleitar, como decían los ilustrados.

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«Donde la ebriedad» — David Refoyo

Publicado en La Bella Varsovia y con una referencia clara a cierto libro de Claudio Rodriguez en el título, Donde la ebriedad es el tercer poemario de David Refoyo (Zamora, 1983), quien además de poeta también ejerce de narrador (tiene publicadas un par de novelas) y lidera un proyecto performativo, Refoyo y SusHijas, en el que mezcla poesía, música y performance.

David Refoyo hace de su poesía una búsqueda constante del más allá en la forma. Esto, por supuesto, le lleva a dejar atrás todas las formas establecidas que puede tener un poema como punto de partida. Esta búsqueda de lo nuevo por encima de todo, que al fin y al cabo no tiene más método que el experimento (y esto, hablando en lenguaje más llano, consiste en la mayoría de los casos en dar palos de ciego e ir viendo lo que sale) le lleva a incluir elementos peculiares en sus poemas, como por ejemplo, incluir textos paralelos que dan un cierto contexto al poema unas veces y otras, aportan una voz paralela, una serie de versos que hablan del propio poema desde dentro, como si tuviera varias capas que interpretar. Otras veces, incluye llamadas al pie de página para introducir pequeños fragmentos de prosa que aumenten el significado de ciertas palabras dentro del poema. Añade intensidad, pero también hace más difícil (y a veces, más confusa) la lectura.

Esta búsqueda de lo nuevo a veces flaquea y se limita a añadir pequeños pasajes de lenguajes de programación o menciones a series o elementos de la cultura pop actual. También aparecen códigos QR al final de buena parte de los poemas de Donde la ebriedad, pero no tengo claro si forman parte de ellos o no. Toda esta experimentación hace que los poemas más “tradicionales” destaquen como si fueran ellos los “raros”, un efecto peculiar en el que el lector de forma instintiva considera extraño lo que en otros poemarios sería “normal”.

Más allá de los artificios y trucos que caracterizan a estos poemas, se trata de un poemario bohemio bastante clásico. En él, se nos presentan una serie de escenas de bohemia, supuestamente vividas por el autor, acompañadas de reflexiones sobre las mismas y una cierta nostalgia que surge del recuerdo de la experiencia. En ese sentido, Donde la ebriedad es un poemario bastante conservador en el que se nos cuenta lo que aquellos que pueden permitirse ser bohemios llevan contándonos desde el siglo XIX, pero con menos referencias al alcohol y la droga en general, así como un cierto optimismo frente a la vida.

David Refoyo hace de Donde la ebriedad  un laboratorio donde encontrar cuales son los límites de la forma en poesía con la mera intención de sobrepasarlos y establecerlos de nuevo. Esto es, querer pisar praderas que nadie ha pisado antes. Tarea difícil, sin duda.

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“Tienes que irte” – José Luis Piquero

Tienes que irte es el último poemario del poeta mierense José Luis Piquero (1967) desde la publicación de su primera antología personal, titulada Cincuenta poemas (Antología personal, 1989-2014), ambos publicados en la misma casa editorial, Isla de Siltolá. En él, se recogen una serie de poemas escritos a lo largo de ocho años en los que Piquero busca dar un bofetón al lector a través del verso punzante, pero inteligente.

Los poemas de Tienes que irte pretenden romper la subjetividad y entender la otredad de los que nos rodean. A través de grandes de humor negro, Piquero analiza los motivos que pueden llevar a alguien a cometer actos que, en principio, pueden parecer impensables o ponerse en la piel de quien vive situaciones que la mayoría no somos capaces de concebir, como el suicidio o la añoranza de la muerte. Es una poesía del entendimiento, de acercamiento al otro, lo que provoca un efecto agridulce. Me recuerda a la gran tragicomedia Underground, película dirigida por el director serbio Emir Kusturica, donde consigue que el espectador primero se ría y después, se sienta mal por haberse reído.

Al fin y al cabo, las tragedias, como todo en esta vida, son algo subjetivo. Entenderlas implica conocer a quien las sufre, es decir, a través de ellas podemos romper la cárcel que es nuestro cuerpo, nuestra percepción de la realidad y acercarnos a la fenomenología del otro. Esto genera un gran placer, que en estos poemas por lo general viene acompañada de una buena dosis de tristeza y en ocasiones, dolor. Un contraste de sabores verdaderamente delicioso. Una sensación intensa. Al leer Tienes que irte, no vivimos la experiencia que aparece en cada poema, más bien estamos ahí como espectadores, entendemos y respetamos los motivos, sin que se nos ocurra intentar evitar el acontecimiento.

El propio José Luis Piquero dice en una nota al final que algunos poemas están inspirados en ciertas personas que conoce, pero creo que eso es irrelevante. Los individuos que pudieron inspirar los poemas de Tienes que irte son totalmente secundarios al lado de sus motivos y sus acciones. Quizás, por otra parte, lo que hacemos y las razones por lo que lo hacemos sea lo que nos define, más allá de nombres o apellidos.

Ante todo, Tienes que irte es una experiencia intensa, una lectura que traslada al lector sentimientos opuestos. Un viaje interesante escrito con un lenguaje que no renuncia a lo coloquial ni pretende deslumbrar. Y lo más importante, un ejercicio de comprensión hacia los demás. Una habilidad que todos deberíamos ejercitar de vez en cuando.

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Lar – Ramiro Gairín

El tercer poemario de Ramiro Gairín Muñoz se títula Lar. Tiene una edición que apuesta por la sencillez y que al igual que los libros de Pre-Textos, apela más al tacto que a la vista. Nada que objetar.

Este poemario se divide en tres partes: “Física”, “Ética” y “Lógica”. Esta división puede parecer la ya casi tradicional estructura de los poemarios actuales, es decir, presentar un poemario formado por varias partes, casi independientes entre sí en la temática y a veces la forma, que funcionan como mini-poemarios presentados de forma conjunta, como si fuera una recopilación categorizada de la obra del poeta. No obstante, Lar cuenta con un único núcleo temático que gira en torno a la relación que la voz en primera persona de todos los poemas mantiene con un “tú” al que van dirigidos la totalidad de estos versos.

Es Lar una oda a la transición que ocurre en todas las relaciones cuando se pasa de “novios en serio” a “pareja de hecho”, es decir, el momento en el que te vas a vivir con tu novia para comprobar si vivir juntos se os da igual de bien que los noviazgos tardioadolescentes. Los versos que pueblan este libro pintan un serie de escenas cotidianas de una pareja de novios que comienza su vida juntos y sus dos “yoes” se van fundiendo poco a poco en un “yo” colectivo, también conocido como “nosotros”. Aunque por momentos Gairín se pasea muy cerca de la línea donde empieza el sentimentalismo excesivo y la cursilería, en ningún momento la cruza de forma definitiva.

Es curioso todo lo que uno puede aprender sobre un autor al leer su poesía. En este caso, lo que más me llamó la atención fue la libertad de estos versos. No me refiero al hecho de que Ramiro Gairín escriba en verso libre, sino a algo más profundo. Los que escriben suelen ser curiosamente, los principales consumidores de la misma. Que poesía y de que época puede variar, pero algo que une a la mayoría de los poetas, especialmente hoy que tenemos acceso a una cantidad casi absurda de autores y obras de ayer y hoy a través de internet, es el peso de la historia de la literatura, el saber que inevitablemente, al publicar tu obra, pasas a jugar en la misma liga que los autores que previamente leíste, es decir, tus maestros y claro, ¿De verdad eres tan bueno como los antiguos maestros? ¿Podrás ser algún día tan bueno como los antiguos maestros? Pues eso.

Después de leer Lar, creo que puedo decir con seguridad que Gairín está libre de esta presión histórica que acecha a muchos poetas actuales, algo de lo que probablemente muchos deberíamos tomar nota. Los poemas de este poemario emanan campechanía, sinceridad y sencillez. Se presentan como producto natural de una persona que sentía la necesidad de expresar unos sentimientos de una manera u otra y al final, se decantó por el verso. Como es poesía, uno no puede saber si lo que dicen es cierto o no (cosa que en el fondo, da igual), pero a mí me gusta creer que lo que dicen es cierto y está basado en hechos reales. Cosa mía, supongo.

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33 — Alejandro Mallada

Alejandro Mallada escribe una poesía personal como pocas. Describirla es poco menos que hacer una descripción de su autor: Nace en Gijón, en el barrio de La Calzada, de familia humilde y obrera. En sus versos pueden verse reflejadas todo esto y alguna característica más derivada del determinismo que aun habita los barrios de la clase trabajadora, como la rebeldía innata del que tiene poco que perder o la camaradería masculina. 33 es su primera obra, publicado en Ediciones en huida.

Llama la atención como la personalidad del autor también se ve reflejada en la propia forma de los poemas. Prácticamente todos los versos de 33 son de menos de ochos sílabas, lo que desde la academia se denomina como verso de arte menor. Esto refleja una vida acostumbrada al trabajo manual poco remunerado, al trabajador que está más acostumbrado a escuchar que a hablar y por ello, habla poco. Los poemas de Alejandro Mallada son mínimos en cuanto a la expresión, como si fueran frases cortas que se dicen apresuradamente. Además, Mallada no siente reparo en escribir como habla e incluir términos del asturiano, que salpican las páginas y aportan al poemario una dosis de realismo.

Un aspecto clave de este poemario es la urbe, que en 33 aparece como un ecosistema donde el autor es un animal más que busca su sitio. Es común encontrar en estos poemas descripciones de Gijón, así como de sus habitantes. No obstante, la ciudad no es un ambiente agradable: muchos de estos poemas tratan sobre sentirse atrapado por las circustancias, intentar medrar en la vida a través del trabajo y ver los esfuerzos tirados por el suelo por una razón u otra, una especie de rueda que siempre retorna a la misma posición y que se refleja a través de la repetición. En cierta medida, podría decirse que 33 pertenece al llamado realismo sucio, aunque no se  reboza en la suciedad, sino que trata (en vano) de huir de ella.

Todo el entorno, el ecosistema que aparece en 33 parte de la individualidad del propio autor. En ese sentido, el resto de personajes que aparecen en estas páginas resultan extrañamente lejanos, ya sea porque su relación con el poeta es violenta (como es el caso de la policía), o bien porque es el propio autor quien nos habla de ellos en sus versos, como si ya no estuvieran presentes en su vida. A pesar de que muchos de estos poemas intentan imitar la estructura ( o más bien, falta de ella), de las anécdotas, da la impresión de que quien los cuenta siempre se encuentra solo.

Con 33, Alejandro Mallada nos trae una poesía desgarrada, fresca y sin complejos. Poesía creada a raíz de la pura pulsión, la necesidad inescapable de escribir, de volcar al papel los versos que se llevan dentro, sin necesidad de aprender ningún oficio de poeta. Quizás por ello Mallada rechaza la idea de denominarse a sí mismo poeta: no le fue necesario aprender a crear versos, puesto que ya los tenía dentro, incubándose.

33 puede comprarse a través de Casadellibro