«Tratado de identidad» – Miguel Floriano

Desde las calles de Oviedo, llega Miguel Floriano, fundador y cabeza visible del movimiento patarrealista, que cuenta en su nómina a muy buenos poetas, como Xaime Martínez o Saúl Borel. El propio Miguel me regalo este poemario hace tiempo, no sé si consciente de que algún día haría una reseña de él. Obviamente, le pedí que lo firmase. Adoro tener libros firmados.

“Tratado de identidad”, como su título indica, constituye una definición de estilo por parte del autor. Habiéndose curtido ya en los tejemanejes de la edición, y sin tener que haberse presentado a ningún concurso (prostituir los poemas, como diría él), para publicar este, su segundo poemario. Miguel Floriano nos presenta estos versos donde se presenta a sí mismo, como quien se coloca el primero de la fila para hacerse bien visible.

Desde el punto del estilo, este poemario es como un desfile militar de un país que acaba de independizarse, una muestra de poder, de fuerza. Miguel Floriano nos muestra como es capaz de manejar varias formas, sonetos, haikus, verso libre, etc. No obstante, donde más cómodo se siente el poeta es en el verso endecasílabo. La forma predominante de este poemario es el soneto, ya sea en su vertiente española o inglesa. Sin embargo, el autor sabe moverse tanto en los versos de arte mayor, como en las composiciones breves, el libro también incluye algunos interesantes poemas de dos versos, pinceladas precisas que dibujan reflexiones breves, casi aforismos. El fetichista de la forma podría acusar a Floriano de tener algún desliz en la métrica o el ritmo, pero a mí me gustan. Dan cierta personalidad a los poemas y los alejan de la plasticidad que viene unida a la obsesión por lo perfecto.

El prólogo del poemario (firmado por Jose Luis Morante) defiende que el lenguaje del autor ovetense es coloquial. Yo no podría estar más en desacuerdo. Puedo ver por dónde van los tiros, entiendo por qué dice que su lenguaje es coloquial. Algunos poemas incluyen expresiones muy llanas, “(…); aquello / que uno elige recordar, cielo”. Cierto es que versos como este dan al lenguaje un tono más familiar, pero aun así el lenguaje no es coloquial.Resulta demasiado cuidado para ser coloquial, aunque tampoco cae en la artificiosidad o lo barroco.

En el contenido de sus poemas, puede apreciarse la gran influencia que ejerce la música sobre Miguel, especialmente el blues, el soul y el rock ‘n’ roll. Algunos poemas vienen introducidos por citas de grupos como Pink Floid o cantantes de blues como Ray Charles. Tienen títulos no dejan dudas sobre esta influencia (snowy boogie, love boogie), otros, directamente comparten título con canciones (Busted). Podría decirse que Floriano tiene el Blues y compone poemas con la misma fórmula de esta música del sur de Estados Unidos: utiliza sus experiencias, ya sean buenas o malas, y las transforma en poema. Es capaz de convertir su propia experiencia personal en algo de lo que todo el mundo pueda disfrutar, algo universal. Esto hace que el poemario hable de temas muy variados, pero que comparten entre ellos el haber dejado una profunda huella emocional. El amor, el desamor, la pérdida de seres queridos, son solo ejemplos de los muchos temas que aparecen en el poemario. No obstante, no solo hay sitio para la experiencia de lo cotidiano, también aparecen versos más filosóficos donde el poeta reflexiona sobre la vida o la propia poesía, en ellos, se desliza tímidamente hacia lo hermético, lo abstracto.

Resumiendo, en este libro Miguel Floriano se nos presenta a sí mismo sin complejos, sin tener miedo de su propio estilo ni de lo que nadie pueda opinar de él. Es una unión de lo viejo y lo nuevo. Una síntesis de influencias poéticas de autores como Víctor Botas, Miguel D’Ors o Jaime Gil de Biedma con la música popular del siglo XX. Un matrimonio entre lo tradicional y lo moderno.

Este libro puede comprarse a través de Casa de libro. Miguel Floriano tiene un blog donde publica poemas, aforismos y reflexiones sobre poesía.

P.D: Me comunican que el fundador del patarrealismo no es Miguel Floriano, sino Diego Álvarez Miguel, autor de «Hidratante Olivia». Hace no mucho, le hicieron una entrevista en Pieces. Disculpen las molestias.

«Raiz» – Josep M. Rodriguez

Fue Elena Avanzas quien me regalo este libro hace ya algún tiempo. Recuerdo que en ese momento lo deje abandonado en una estantería, porque ya estaba leyendo dos o tres libros a la vez y no me apetecía empezar otro más. Hace unos días lo encontré en esa estantería, ya ni me acordaba de cómo había llegado ahí, así que decidí echarle un ojo. Cuando termine de leerlo sentí una especie de vergüenza. No debí haber dejado olvidado en la estantería a este libro tan genial.

El propio título, “Raíz”, refleja muchos aspectos de la poesía de Josep María Rodríguez recoge en este poemario, ir al núcleo, a lo más básico del lenguaje y buscar la trascendencia.

Se puede apreciar una clara influencia de la poesía japonesa, tanto en la temática como en la expresión. Al igual que en los haikus tradicionales, muchos de los poemas tratan sobre las reflexiones que el autor extrae a partir de la naturaleza, no en vano, tiene poemas sobre estaciones y el efecto que estas provocan en la naturaleza (“Verano”, “Postal de invierno”). Abundan los poemas con descripciones de paisajes que crean paisajes (“Tras la tormenta / el arroyo enfangado / fluye / pesadamente”), de los que el autor extrae reflexiones. En este aspecto, se unen dos tradiciones en el poemario, por un lado, la tradición japonesa y por otro, la tradición de “poetas de la naturaleza” de occidente, donde se encuentran autores como el estadounidense Walt Whitman.

La creación de imágenes es la mayor aspiración del autor en este poemario. Lo consigue sobradamente. Para su formación, nos describe los elementos que la componen, a veces con metáforas o caligramas que ayudan a evocar la sensación que provoca la imagen descrita. El lenguaje es sencillo, primando lo sustantivo sobre lo adjetivo y evitando el lenguaje culto y la virguería verbal. La naturaleza es el marco principal de estos retratos. Algunos versos retratan espacios urbanos, no obstante, se los retrata de la misma forma que a los espacios naturales, como si la ciudad fuese simplemente otro tipo de ecosistema, pero artificial.

La influencia de los versos nipones también se puede apreciar en la estética del poema. Abunda el verso corto, con haikus incrustados en varios poemas (Haikus no-ortodoxos, pero haikus al fin y al cabo). Algunos versos son de arte mayor, pero no por ello restan brevedad expresiva a los poemas. La mayoría de estos versos forman la totalidad de una estrofa, lo que mantiene la brevedad, pero les otorga un ritmo más lento. Los versos largos en este poemario se utilizan como recurso para aportar una atmosfera reflexiva a los poemas.

Leyendo el libro uno comprende por qué fue ganador del VII Premio Emilio Alarcos. Josep María Rodríguez consigue adaptar la tradición oriental a la lírica española a un nivel casi espiritual. Como si fuese el barrio asiático de una ciudad europea, este poemario está salpicado de orientalismo, pero sin dejar de ser algo original y propio.

Se puede adquirir en Casa del libro y Amazon

«La amplitud de una nevera americana» de Pedro Andreu

Salgo de clase un poco antes, a menos cuarto, porque quiero acercarme a la librería Cervantes a comprar algún libro de poemas antes de ir a la estación de tren. Tengo en mente “Búfalo Bill ha muerto”, de E.E. Cummings, el poeta estadounidense de vanguardia. Es el único poeta de vanguardia en habla inglesa que conozco y siento curiosidad, (por alguna razón, toda la poesía vanguardista que he leído hasta ahora procede de autores no angloparlantes)

“Se ha agotado. Para la semana que viene, el martes o el miércoles, llegaran más” – Me dijo la librera. “Vaya por Dios” – Respondí yo.

Vuelvo a la sección de poesía, sin tener muy claro que llevarme a casa. Empiezo a mirar libros a ver si alguno llama mi atención, entonces aparece “La amplitud de una nevera americana”, de Pedro Andreu. Es una edición bonita, abro la portada y leo unos versos que me llaman la atención: Un buen lugar para escribir poemas / es detrás de los tickets de la compra. Miro la hora, debería irme ya o perderé el tren. Decido comprarlo (12 euros), de todas formas, está publicado por Frida Ediciones. Nada que tenga el nombre de Frida Kahlo puede ser malo, ¿verdad?

Dividido en cinco partes de extensión irregular, “La amplitud de una nevera americana” nos retrata varias experiencias de la vida del autor. La calidad de las partes es también irregular, de hecho, todo el libro da una sensación de manierismo, cada parte parece independiente respecto a las demás. De todas ellas, las más destacables son la primera, “A pesar de los hombres y los supermercados” y la segunda, “Tiquets de la compra”.

En la primera parte el autor se sumerge en el mundo de la vida nocturna, la del que trabaja de noche (“Cortometraje en un hipermercado”, “turno de noche”) y la del insomne (“Instrucciones de espera para idiotas enamorados”, “Consejos para uno mismo frente al espejo…”). El autor consigue retratar el mundo de los noctámbulos, la soledad, el silencio y la peculiaridad de las personas que están obligadas, por cualquier razón, a estar despiertas mientras los demás duermen.

La segunda parte consta de poemas cortos, entre dos y doce versos, como si estuviesen escritos, en efecto, por la parte trasera de un tiquet de compra. Tratan sobre reflexiones medio filosóficas sobre la vida cotidiana con algo de sensiblería. Son como pinceladas rápidas que de vez en cuando aciertan, aunque otras muchas veces se pierden en la sensiblería y la profundidad rebuscada.

El resto del poemario, en mi opinión, no merece la pena. Tratan sobre emociones que el autor sintió en ciertos momentos de su vida, escritas de modo (demasiado) personal e íntimo, dirigidas en su mayoría a personas concretas o a un “tú” abstracto. Obligan al lector a sentirse identificado e incluso a imaginarse toda la situación en la que se dirían esas palabras, una especie de suspensión de la incredulidad parecida a la que exige una película. En el caso de la poesía, sin embargo es pedir demasiado.

El poemario, desde un punto de vista estético, busca el minimalismo y la sencillez en la expresión. Quiere sonar espontaneo, que al ser leído en voz alta suene como una conversación o un comentario entre amigos. No obstante, con frecuencia fracasa en ello. Esto se debe a que escribir como hablas está bien, pero solo si hablas bien. El lenguaje del libro está salpicado de palabras malsonantes que buscan aportar naturalidad o intensidad, pero no consiguen ni lo uno ni lo otro. De hecho, si hay algo que consiguen es hacer parecer más forzado el lenguaje. Algunos versos dan la extraña sensación de haber sido traducidos del inglés (no es el caso). Quizás sea que en el lugar donde vivo algunas expresiones que para el autor son coloquiales, aquí no lo son tanto. Este tipo de recursos son un arma de doble filo, al escribir con lenguaje coloquial el poema gana una cierta naturalidad, pero te arriesgas a no sonar nada natural para los lectores que no compartan tus expresiones. Por otro lado, la sencillez excesiva del pomario es la causa de que algunos de sus poemas más cortos caigan en la banalidad.

En general, “La amplitud de una nevera americana” es un poemario demasiado sencillo, demasiado personal y demasiado insignificante. Los poemas no van más allá de una serie de frases bonitas sin ningún subtexto, con la osadía de obligar al lector a imaginarse todo un contexto para que sean realmente efectivos como poemas. Pobre Frida, no se merece que publiquen estas cosas con su nombre.

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