Poesía en lengua asturiana y castellana, hoy

Desde 1999, por decisión de la UNESCO, el veintiuno de marzo, día oficial que marca la llegada de la primavera en el hemisferio norte, es el Día mundial de la poesía. Tiene varios nombres aparte de ese: en varias partes de Europa se lo conoce como Primavera de los poetas y en algunos países de Hispanoamérica donde se celebra se llama Común presencia de poetas. Lo importante es celebrar la poesía y el verso en general. Oviedo no iba a ser menos y la Librería Cervantes se encargó de organizar un evento para conmemorar esta fecha.

A eso de las siete, hubo en la mítica librería ovetense una conferencia titulada “Poesía en lengua asturiana y castellana, hoy” que contó con la presencia de cuatro invitados de lujo: Vanessa Gutiérrez, Rodrigo Olay, Ricardo Labra y Antón García, cuatro figuras clave de la poesía asturiana contemporánea, tanto desde la autoría como desde la propia difusión de la obra.

La velada comenzó con los invitados planteándose por qué el 21 es el día de la poesía. Más o menos todos los sabemos. Es la llegada de la primavera, el día en el que la naturaleza reverdece tras el duro invierno. Esto es bastante apropiado para representar a la poesía, que hoy día sigue a punto de morir pero casi no muere. Todos estaban de acuerdo en que la poesía sobrevivirá, seguiremos teniendo a un grupo de incorregibles que por alguna razón u otra, querrán hacer versos y querrán comprar libros llenos de ellos. Aunque los libros poemas no tienen un grandísimo público, especialmente al lado de la novela, sobrevive.

Sobre el estado de la poesía actual. Antón García resalto la existencia de dos tipos de poesía, una para leer y otra para recitar. Esta última surge hace poco con la aparición de una serie de poetas que impulsaron las timbas poéticas en bares y pubs, llevando la poesía por un camino distinto al tradicional. Esto es solo una muestra tradicional de la enorme diversidad poética que tenemos hoy en día.

Todos los invitados también coincidían en que una de las principales características de la escena poética actual es su enorme diversidad. Como apunto Olay, nunca se leyó tanta poesía extranjera en España y nunca hubo tantos versos a disposición de todo el mundo. Esto llevó a lo que Labra definió como la ruptura del paradigma, ya no hay líneas poéticas claras. No obstante, esto tiene su lado malo. Al existir una variedad tan grande, la novedad o más concretamente, lo nuevo adquiere mucho valor. La búsqueda por ser algo diferente hace que algunos autores quieran ser algo diferente cueste lo que cueste, y en literatura en general es muy difícil (por no decir prácticamente imposible), ser algo nuevo y único, una especie de isla en la tradición literaria.

Esta ronda de preguntas, aunque era interesante, no se alargó mucho para dejar paso al evento principal, la lectura de poemas. Los cuatro invitados tenían carta blanca para leer a quien quisieran. Por la Librería Cervantes ayer se pasaron autores como Catulo, Xuan Manuel Valdés, Jorge Luis Borges, Victor Botas o María Tikkanen. Una auténtica pena que la librería tuviese que cerrar y no pudiese continuar la lectura.

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«Siete mundos: selección de nueva poesía» – VV.AA.

Asturias constituye un terreno húmedo y fértil para la literatura, contando a día de hoy con una de las escenas más importantes de poesía del estado. Rastrear las huellas de donde empezó todo esto resultaría difícil y largo, por lo que podemos delimitar el inicio de esta racha en los maestros como Ángel González o Víctor Botas, se perpetua en la nueva oleada de poetas asturianos como Xuan Bello o Javier Almuzara y llega a nuestros dias con la “novísima” poesía de autores jóvenes asturianos, como los de esta antología, que representan la punta de lanza del verso asturiano actual. Pablo Núñez y Carlos Diez con este trabajo afilan la punta de la lanza haciendo una selección de siete de los mejores autores asturianos de actualidad. No obstante, podría argumentarse que en realidad ya no son tan nuevos, puesto que todos los autores que aparecen en Siete mundos ya han ganado premios a nivel nacional y la mayoría de ellos ya han publicado poemarios más de una vez.

Por supuesto que faltan autores. Seguirían faltando autores aunque la obra se llamase “Diecisiete mundos”. Incluso los antólogos Carlos Iglesias y Pablo Núñez nos dejan entrever esto mencionando a los muchos poetas que quedan fuera del libro: Sara A. Palicio, Miguel Floriano, Ruth Llana, Cristian David López etc. Sobran los planetas habitables en la galaxia asturiana. De todas formas, en todas las antologías siempre falta alguien, es un poco como intentar describir un aleph borgiano.

Una característica que creo fundamental en esta antología es la falta de tendencias claras a la hora de catalogar a los poetas. Atras quedan ya los poetas que se catalogan a sí mismos como seguidores de una doctrina marcada y delimitada (al menos, los que lo hacen totalmente en serio). Esto posiblemente se deba al impacto que causo internet en la poesía contemporánea. Obviamente, internet ha cambiado mucho la vida de todo el mundo en general, y los poetas no iban a ser menos. Hoy en día, cualquier persona que quiera escribir versos puede conectarse y tener acceso a una cantidad prácticamente ilimitada de poemas de autores de todas las épocas y tendencias, así como otros autores contemporáneos. Esto genera una mayor conciencia de la tradición poética y de la individualidad de la obra propia, lo que genera un poco de vértigo ante la magnitud de la poesía a lo largo de la historia, pero también ayuda a encontrarse dentro de este “esquema universal” del verso, a delimitar la síntesis poética personal de cada uno. Quizás por esto el libro incluye un breve texto introductorio a cada poeta escritos de su propio puño y letra, donde nos explican cuál es su metodología y sus objetivos. La razón de ser de sus poemas.

No obstante, hay similitudes entre estos poetas. La primera característica que comparten es difícil de ver, aunque esta en todos. Es internet. Internet como medio, como lugar que habitan todos estos poetas de manera más o menos tímida. La obra de todos estos poetas ha sido influida por la “wide web” en mayor o menor medida. Ya sea a través del acceso a una biblioteca babilónica de poemas o de películas, libros y cultura en general. Raquel Menéndez en su poética reconoce la influencia de cineastas como Pasolini o Haneke y se puede apreciar la misma influencia del séptimo arte en prácticamente todos los autores de este libro, especialmente Rodrigo Olay, Xaime Martinez y Alba Gonzalez Sanz. Siendo sincero, no me imagino a estos poetas siendo grandes asiduos al cine que tenga más a mano. No, la manera que tenían de empaparse de cine es su ordenador. Emule, Bittorrent e incluso Ares han hecho mucho por la poesía contemporánea, aunque nadie se dé cuenta.

No es internet el único nexo de unión entre estos poetas. Podríamos establecer una relación entre Diego Álvarez Miguel y Xaime Martínez a través de la técnica patarrealista (a la que también se acerca a veces con cierta timidez Rodrigo Olay), o señalar como hay un punto de unión entre Alba González Sanz y Raquel Menéndez, quienes en su poesía construyen su identidad poética a través del entorno y la memoria familiar.

En general, Siete mundos es una obra pulida meticulosamente, donde además de los poemas se nos ofrece todo un estudio de la poesía actual junto a ella. Los versos no aparecen desnudos en este libro, sino que vienen acompañados de todo su contexto, a modo de guarnición. Una excelente lectura para cualquier apasionado de la poesía viva y palpitante.

Este libro puede adquirirse en Casadellibro

«Cerrar los Ojos Para Verte» – Rodrigo Olay

En 2011, Rodrigo Olay comenzaba su carrera poética con la publicación de Cerrar los ojos para verte, libro que fue ganador del premio “Asturias Joven de Poesía” un año antes y que recibiría el premio de la crítica un año después. Por aquel entonces, Rodrigo aún estaba terminando sus estudios de filología hispánica.

Rodrigo Olay dibuja el mapa poético de sí mismo con este poemario. En sus páginas podemos encontrar una serie de memoria de su infancia, su adolescencia y en general, cualquier experiencia que Olay consideró digna de convertir en poema (Al fin y al cabo, en su siguiente poemario declara que el trabajo de poeta consiste en separar lo que es susceptible de convertirse en poema y de lo que no lo es). Estos recuerdos, que aparecen cocinados en salsa de nostalgia, hablan en su mayoría de viajes, vacaciones. Este estilo será cultivado en mayor profundidad en su segundo poemario, La Víspera

Esta es tan solo la primera de cuatro partes. A medida que avanzan los versos, la temática va cambiando progresivamente. De esta poesía de la experiencia acompañada de anáforas y unos interesantes haikus que giran en torno a la metáfora, pasamos a una poesía amorosa que habla primero de los amores no realizados y enamoramientos fugaces, para luego pasar a un amor ya realizado y por último, rozar el erotismo. Incrustados entre todos estos poemas de amor, también se encuentran algunas composiciones donde se trata el tema del paso del tiempo, el clásico “carpe diem”. La combinación de ambos tipos de poemas genera un efecto temporal curioso. No solo pasa el tiempo, sino que vemos al autor “crecer” y madurar, por lo que sus poemas amatorios también maduran hasta llegar, no sin asombro, a lo carnal.

En realidad, la temática amorosa nunca acaba de ser el pilar central de la obra. Quizás sea el tema que más se repite en los versos, pero no acaba de imponerse. Aparte de estos poemas, aparecen varias composiciones breves por todo el poemario, haikus, rimas, silbas o anáforas, que tratan toda clase de temas variados, siendo algunas mera virguería verbal. También hay algún poema que trata sobre mitología, literatura o películas, como El Manco.

Por último, a modo de broma borgiana, el poemario incluye una traducción del poeta latino Gayo Bruto Olio, poeta que habría vivido en Asturica Augusta entre los siglos II y III, una especie de “ossian” asturiano y latino, del que se incluyen cuatro composiciones. Bajo este pretexto, Rodrigo Olay crea todo un trasfondo que le permite componer poemas como si fuese un poeta romano. A través de sus versos Olay, entre otras cosas, reflexiona sobre sus propios poemas y responde a sus críticos.

En el aspecto formal, vemos como el autor de Noreña prefiere utilizar las formas clásicas al verso libre, aunque no lo rechaza totalmente. No obstante, podemos observar como la forma favorita del autor es el soneto, que desarrolla en todas sus variantes (incluso tiene uno sin rima), y en general, se siente más cómodo en el verso de arte mayor. También gusta de ofrecer composiciones breves juntas, como si fuese una bandeja de sushi formada por haikus y anáforas, bocados que hay que masticar mucho y cuyo sabor es intenso.

Cerrar los ojos para verte, en resumen, constituye un poemario sorprendentemente orgánico, que sabe cuándo ser serio y cuando no serlo. Como si el autor pudiese intuir cuando la lectura está comenzando a hacerse un tanto pesada y decidiese meter algún chiste por el medio para hacerla más ligera.

Este poemario puede leerse online en PortaldePoesía.

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Presentación de «Siete mundos»

Plantando cara al futbol, al frio y a los niños ruidosos, los dos valientes antólogos Carlos Iglesias Díez y Pablo Núñez se sentaron en el espacio que la Librería Santa Teresa había reservado para la presentación de la antología de poetas asturianos que llevaban preparando durante algo más de un año. Al frente, un nutrido público, a sus lados, cuatro de los siete mundos que participan en esta antología: Alba González Sanz, Diego Álvarez Miguel, Rodrigo Olay y Raquel Menéndez, acompañados del profesor y poeta Javier García Rodríguez, quien hizo las veces de presentador del evento.

Hacer esta antología debió ser una tarea terriblemente difícil, principalmente porque en Asturies sobran los poetas de calidad. Las razones son varias y diversas y sobre ellas se podría debatir durante días. Debe comenzarse por la huella de maestros como Carlos Bousoño, Víctor Botas, Ángel González o José Luis García Martín, combinada con los esfuerzos de la Universidad de Oviedo. Actualmente, la institución asturiana cuenta con dos cátedras que prácticamente dedican todos sus esfuerzos a la poesía, la “Emilio Alarcos” y la “Ángel González”. Ligadas también al ambiente universitario están tertulias como la del café Olivier y son los muchos recitales, jams y “micros libres” que se organizan por todo el territorio astur (al mismo tiempo que se presentaba este libro en Oviedo, hubo un recital en Avilés). Esta combinación de academicismo, iniciativa e innovación popular han creado una escena poética que nada tiene que envidiarle a lugares como Barcelona, Madrid o Granada.

El producto de esto: eventos de poesía prácticamente todas las semanas y una gran cantidad de poetas, mejores o peores, pero en su mayoría mejores. Parafraseando al slogan de una discoteca ya cerrada, “la poesía se mueve en Asturies”. Estoy seguro de que habrá quien vea el índice de esta antología y piense “falta alguien”, pero es que, aunque en lugar de siete, fuesen diecisiete, probablemente se echaría de menos a alguien. Navegar en este océano de versos y escoger a siete autores de entre todos ellos es una tarea odiosa y bárbara. Además, todas las antologías están incompletas en mayor en menor medida en cuanto a autoría se refiere.

Los siete mundos que aparecen en esta antología responden a las características de “nuevos” y “jóvenes”, sin embargo ni son tan nuevos, ni son tan jóvenes. Todos ya han publicado obras, han ganado premios, han sido reconocidos y empiezan a tener un cierto grado de veteranía en esto de ser jóvenes. Más bien, son la poesía actual, la que no es nueva, pero tampoco del pasado, la que está en su mejor momento después de haberse asentado.

Tras la presentación, los antologistas explicaron los métodos que siguieron para construir esta recopilación, como que, en lugar de dejar escoger a los poetas, fueron ellos mismos quienes escogieron los poemas que aparecen de cada autor. Los mundos allí presentes leyeron uno o dos poemas cada uno, dependiendo de la longitud del poema. De todos ellos, destacó Rodrigo Olay, quien leyó un poema de tres páginas de longitud sin ni siquiera despeinarse.

Fue una autentica pena que ayer no estuviesen todos los mundos de esta antología. Concretamente, no pudieron estar Laura Casielles, Xaime Martínez y Sara Torres. No obstante, su obra sí que estuvieron, gracias a la voz que les aportaron Pablo Núñez y Carlos Iglesias al leer un poema de cada autor. En líneas generales, la velada fue esplendida. Un refugio para todos aquellos que priorizan la poesía en lugar del futbol en su vida.

«La víspera» – Rodrigo Olay

Hace unos años, no estoy seguro de si tres o cuatro, un tipo me paró por la calle un sábado por la noche. Me dijo “Tu eres Miguel Álvarez”. Debo aclarar que en esa época utilizaba mi seudónimo para todo (era Totó, como el niño de “Cinema paradiso”, no como el perro de “El mago de Oz”). Ese tipo conocía una parte de mí que mucha gente que llevaba años siendo mi amigo desconocía. Me sentí obligado a preguntarle por qué sabía mi nombre. Resulta que aquel tipo unos cuantos años más joven que yo era el hermano de Rodrigo Olay. “Mi hermano me habló de ti”. En su momento me sorprendió pensar que Rodrigo hablase de mi a su hermano, al fin y al cabo, solo fuimos a clase poco más de año y medio. En ese momento, también descubrí que Rodrigo Olay no olvida nada, mucho menos a nadie. Su poemario, “La víspera”, en buena parte, es un reflejo de ello.

El núcleo temático de este poemario son las experiencias sentidas. Rodrigo hace poemas de cualquier experiencia que él considera digna de un poema. De hecho, el propio poeta define esto como uno de sus rasgos fundamentales en uno de los primeros poemas del libro (“poética”). La cualidad del poeta es la capacidad de decidir qué cosas pueden constituir un buen poema y cuáles no. Yo no podría estar más de acuerdo con esto, ciertamente, hay algo más que marca la diferencia entre los poemas buenos y los que no lo son, y es tarea del poeta seleccionar los temas sobre los que escribir poemas. No en vano, en la Antigüedad se establecían listas de temas apropiados para la poesía.

Tanto es así que mas adelante aparecen dos versos que dan otra vuelta de tuerca al asunto: “Ya sé lo que escribí / pero mentía”. En efecto, en el poema “Elogio de la locura”, Rodrigo retuerce los poemas sobre experiencias. ¿Y si quiero escribir sobre una experiencia que no he tenido? ¿Puedo hacer eso? Sí, si se puede, de hecho, el poeta explica que ya lo ha hecho. Estos versos llegan a posteriori, como un anuncio de Coca Cola en el que hacen beber cola sin azúcar a un grupo de gente, haciéndola pasar por cola normal. La sensación que genera es puro asombro y da una dimensión diferente a todo el poemario, ya que los poemas sobre experiencias son el tronco central sobre el que se sustenta el poemario. Pese a todo esto, realmente no importa si las experiencias son “legítimas” o no. No podemos saber si todo lo que aparece en el poema es cierto, pero si podemos saber que su veracidad no afecta a la calidad del poema en sí.

La literatura, más que un tema en este libro, es una constante. Olay deslumbra con sus conocimientos de literatura contemporánea, salpicando sus poemas de referencias literarias hasta el punto de que merece la pena enumerarlas. El libro está lleno de ellas, lo mejor de todo es que probablemente hay muchas más que yo no he visto. Algunos poemas se podrían incluso considerar lecciones de literatura (Beat generation), mientras que otros reflexionan sobre aspectos concretos de obras como “El Gran Gatsby” (El último poema de Nick Carraway).

En la forma, Rodrigo gusta de experimentar. La variedad de métrica usada es abundantísima, casi parece una especie de ejercicio. Como si el autor se propusiese escribir bajo ciertos metros por el simple hecho de dominarlos. Así, podemos ver haikus muy tradicionales (tan tradicionales que incluso hablan de estaciones), o versos alejandrinos. Una especie de maestría por la maestría, casi como si fuese un juego.

Resumiendo: “La víspera” es un poemario fundado en las experiencias de su autor, pero va mucho más allá de eso. Rodrigo Olay sintetiza en este poemario la tradición de la poesía de la experiencia con ingredientes propios, como el amor por la literatura en forma de erudición.

Este libro se puede comprarse en Casa del libro. Otro poemario de Rodrigo Olay, «Cerrar los ojos para verte», se puede leer online, asi como algunos poemas de «La Vispera».