“Trabajo sucio” – Eva Vaz

Una buena manera de describir a Trabajo sucio, de Eva Vaz, publicado en la editorial sevillana La isla de Siltolá, sería “visceral”. Los poemas que estas páginas contienen son los poemas más líricos que he leído en bastante tiempo. Es decir, reflejan el sentimiento de la autora frente a diferentes experiencias, en este caso, la mayoría de lo que se refleja son cosas malas. No es este un poemario de versos bonitos y coloristas, ni de sentimientos amorosos y bellos. No, pero bueno, la vida no siempre es un caminito de rosas, ¿verdad?

Los poemas de Eva Vaz reflejan el flujo de pensamiento de la propia autora de forma espontánea. En la práctica esto se traduce en poemas con un ritmo muy irregular, que se acelera y se relaja a voluntad de la autora, siendo esto un recurso que genera ansiedad o situación de inmovilismo dependiendo del poema. En otras ocasiones, Eva Vaz rompe la “cuarta pared” del libro y los versos se asemejan más al habla oral, con poemas que se dirigen al lector de tú a tú o bien a tipos concretos de persona hacía los que el poema hace una sátira. También podemos encontrar poemas cuya forma resulta parecida a estos últimos, pero acercándose más al monologo interior, a lo que nos decimos a nosotros mismos sin pronunciar palabra.

Puebla cada página de Trabajo sucio un sentimiento de desamparo, de angustia vital producto de las cicatrices que va dejando en nuestro cuerpo los años. Como si cada poema fuera un recipiente donde verter la angustia que nos devora por dentro, para verterlo y poder al fin mantenerlo atrapado y controlado. No obstante, existe una evolución dentro de los poemas que refleja de forma indirecta una evolución de la autora: de una situación casi apocalíptica, en la que la protagonista de los poemas se ve atrapada en una relación catastrófica pasamos a la vida tras la ruptura y la posterior aparición de su nueva pareja junto a otros factores que propician poco a poco, la mejoría de la vida de la autora.

Llama la atención el carácter casi confesional de la mayoría de los poemas de Trabajo sucio. No sería posible leer a Eva Vaz sin comprender ciertos problemas que vivió y que superó de mejor o peor forma. No obstante, estas confesiones son íntimas. No intenta explicarle nada a nadie, más bien, intenta comprender lo que le pasa (o más bien, lo que le pasó), como si los poemas fuesen una especie de placa Petri desde la que aislar y estudiar las emociones y la situación personal.

En general, Trabajo sucio es un libro que mayoritariamente trata los aspectos más duros y oscuros de una vida que aparece reflejada en estas páginas de forma viva, palpitante. Un viaje desde en el fondo a la superficie, en el que poco a poco vamos viendo como la luz, la resilencia, acaba llegando. Los poemas que forman el último poemario de Eva Vaz, aunque en principio pueden aparecer distantes e inconexos, van formando una historia personal que va desde la oscuridad más absoluta hasta la felicidad, produciendo una especie de catarsis en el lector.

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Presentación de “La vida y algo más”

A veces, la magnitud de la literatura actual asturiana queda grande para uno. Ayer, en Gijón, por un lado Andrés Treceño y Diego Solís recitaban poesía mano a mano en la cervecería Trisquel y Ana Lamela (quizá más conocida como Musa Cafeína), presentaba en el bar El Bello verano un evento de poesía y música con José Carlos Diaz, mientras que en Oviedo, llegado de la lejana Sevilla, Gonzalo Grajera presentaba su último libro, La vida y algo más en el café librería Santa Teresa acompañado de José Luis García Martín. La literatura asturiana de hoy en día incluso parece ser mayor que la propia región, puesto que a la vez que ocurría todo esto, Saul Borel y Xaime Martinez  presentaban el último poemario del fundador del movimiento patarrealista, Rinoceronte García en la Sala Inusual Project de Barcelona.

Personalmente, soy como los ejércitos, me muevo por mi estómago, por lo que decidí ir a la librería Santa Teresa, donde además de un buen catálogo de libros y un excelente calendario de eventos tiene un té chai buenísimo. La presentación comenzó a eso de las siete y media ante un público considerable (especialmente si tenemos en cuenta que el libro presentado salió a la venta hace más de un año, como señaló el propio Grajera) El acto comenzó con José Luis García Martín señalando la erudición del sevillano, quien muestra su admiración en La vida y algo más por autores poco conocidos como Javier Salvago, autor andaluz de la poesía de la experiencia o Fernando Iwasaki, autor peruano cuya producción artística polifacética inspira a Grajera, razón por la que le dedica el primer poema de este libro. García Martín también señalo la influencia que recibe el autor de la poesía de la experiencia que floreció en España durante los 80 y 90 (aunque reconoció que esta categoría quizás resulta un poco artificial, algo en lo que Grajera estaba de acuerdo. Despues la presentación, conversando sobre el tema me dijo que, al fin y al cabo, toda la poesía en mayor o menor medida se basa en la experiencia), así como la canción popular andaluza.

Tras la correspondiente deconstrucción del libro por García Martín, Gonzalo Grajera habló un poco de su obra y leyó algunos de los poemas que en ella aparecen, entre ellos, Librería, Discoteca y una serie de greguerías que aparecen la segunda parte de La vida y algo más a las que el autor se refiere como “grajerías”. Tras esto, respondió a preguntas del público e incluso mantuvo una pequeña conversación con el poeta ovetense Miguel Floriano, que logró hacerse con el control del evento durante algunos minutos. Tras esto, Grajera firmó varios ejemplares entre el público antes de que la librería cerrase sus puertas.

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“El llanto de los boxeadores” – Fernando Sanmartín

Resulta inevitable que a alguien que le gusten los libros, le gusten también las librerías de libros usados. Yo no soy excepción, no hay nada como un libro viejo en buen estado, con sus páginas ligeramente amarillas y a ser posible, con anotaciones en los márgenes del texto de su anterior dueño y la firma del autor o autora en la página de cortesía. En Oviedo hay un par de buenas librerías especializadas en libros antiguos, una de ellas es la Llibreria La Moceda, que se encuentra cerca de la catedral, en la calle Martínez Vigil. Cuenta con un excelente catálogo de libros viejos y nuevos, tan solo superados por sus precios. Allí compre El llanto de los boxeadores, de Fernando Sanmartín y una edición de las poesías completas de Mallarmé por unos seis euros y medio. Es como si sus dueños tuviesen un compromiso con la buena literatura a buen precio. De hecho, la última vez que visite el establecimiento, me mostraron un libro sobre latín de los años treinta que según internet, estaba valorado en quinientos euros, pero el librero se negaba a creer que un libro así pudiese alcanzar ese precio.

En estos versos, Fernando Sanmartín busca la claridad a través del verso corto y el vocabulario sencillo, con poemas de forma libre y  corta extensión que se leen rápido. En ellos, el autor nos cuenta historias casi inversosímiles de personajes reales o imaginarios, cargados de simbolismo e imágenes que se suceden una tras otra, de forma concadenada. El llanto del boxeador se divide en tres partes de similar extensión más una cuarta que tan solo contiene un poema y funciona a modo de epílogo. Esta división sirve para darle forma episódica al libro, puesto que todos los poemas siguen una temática similar.

Así pues, estos poemas nos narran historias con protagonistas reales o míticos, desde el papa Benedicto XVI a Batman, pasando por una mujer sin nombre o Sísifo. En ellos se nos presentan situaciones ya sean inversosimiles, como la imagen del juez Garzón leyendo a Pablo Neruda o  peculiares, como la de alguien al borde del suicidio. Aparte de estos poemas narrativos, hay otros donde se presentan reflexiones puntuales que se acercan más al aforismo.

El llanto de los boxeadores es como un recopilatorio de anécdotas interesantes. Un compendio de lecturas breves y amables para el lector, que buscan hacerlo reflexionar a la par que deleitarlo desde la claridad y lo exótico.

Puede adquirirse a través de Casadellibro.

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“Quizá el fervor” – Miguel Floriano

Algunos poetas no pueden parar. Simplemente no pueden. Quizá sea porque a través de la disciplina y el trabajo escribir se haya convertido en una especie de costumbre, porque las musas no dejan descansar a algunos o simplemente porque no tienen nada mejor que hacer, pero el flujo de versos de algunos autores parece inagotable. Miguel Floriano, que no descansa nunca, es uno de ellos. Quizá el fervor es su segundo poemario publicado en el 2015, tras Tratado de identidad y constituye el tercer libro de poemas de este autor, que empezó a publicar bastante joven y no por ello ve disminuida su capacidad creadora.

El principal cambio respecto a Tratado de identidad reside en el lenguaje. Se puede apreciar como en la construcción de este poemario, Floriano hace una mayor selección de cada palabra, o más concretamente, del sonido de cada palabra para reforzar el efecto del propio poema y aumentar su belleza estética. Esto es más acentuado en la primera parte del poemario y no hace que en ningún momento el verso se vuelva oscuro o difícil. Asimismo, se mantiene en sus versos una gran presencia de la música, de la canción, quizá incluso más que en su anterior poemario. Algunos poemas parecen haber sido escritos para ser cantados en lugar de recitados. Aunque aparecen algunos sonetos, un haiku y algún fragmento de prosa poética, este poemario está formado principalmente por poemas cuya forma es libre, con repetición total o parcial del primer verso, en el que generalmente se resume la temática del poema. Más que un cambio, este poemario muestra una evolución de estilo.

El eje temático que sustenta este poemario es el propio poeta. No obstante, este individualismo es subyacente, no se nos habla del poeta, sino de ciertos eventos que le acontecieron y a través de los cuales construye su propia identidad, o al menos la persona que fue mientras escribió Quizá el fervor. El núcleo central de estos poemas consiste en la recreación de sensaciones y sentimientos, experiencias desprovistas de la propia experiencia, reducidas a lo más elemental: lo sentido. En algunos poemas esto se convierte en un espacio fértil para la reflexión y el autoconocimiento y Floriano se desliza al terreno filosófico e incluso existencial. Asimismo, hay sitio en estas páginas para el homenaje a los maestros, donde destaca el recuerdo del también ovetense Ángel González.

Quizá el fervor nos trae más de lo mismo, pero distinto. Miguel Floriano indaga en su propio estilo para escribir poemas conocidos y la vez, nuevos. El cambio en cualquier  autor es inevitable con el paso del tiempo y Floriano no solo es consciente de ello, sino que tampoco lo teme, consciente de que es más bien poco probable que su ansía de superación le lleve a un callejón sin salida.

Quizá el fervor puede comprarse a través de Casadellibro

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“Tierra de nadie” – Miguel Mejía

Miguel Mejía pertenece a la tristemente gran cantidad de españoles con estudios universitarios que, ya sea por gusto o por no tener más remedio (generalmente suele ser la segunda), han tenido que abandonar el país para buscar trabajo en otra parte. La sensación de empezar casi de cero lejos del lugar donde uno se cría posiblemente genere una cierta sensación de nostalgia, un buen motor para escribir poesía.

Tierra de Nadie contiene una gran variedad de estilos en sus páginas. Por un lado, aparecen poemas que representan de forma concadenada series de imágenes. Por otro, composiciones en cuyos versos se cuentan experiencias vividas por el autor, ya sea a través de la descripción de los hechos a través de una narración omnisciente o a través de un narrador-protagonistas que narra los hechos a un “tú” poético, como si dos personas hablasen y recordasen sus propias anécdotas. También encontramos en estas páginas, aunque de forma muy marginal, algún soneto. Pese a mostrar una amplia variedad a la hora de crear, todos los poemas de este libro se podrían encajar dentro de la corriente de poesía de la experiencia surgida durante los 80. Existe en este poemario una unidad dentro de la diversidad.

Parece que el objetivo de este poemario es “fijar” en el papel un cierto número de memorias que el autor no quiere olvidar. El primer poema de Tierra de nadie hace referencia a la famosa frase que Jorge Luis Borges dijo en la entrevista que dio a Soler Serrano para Televisión Española a principios de los ochenta: “pues yo soñé esta mañana que me moría” (incluso aparece una nota al pie con un enlace a YouTube donde se puede ver el fragmento concreto. Probablemente sea el primer libro de poesía en la historia de este país en el que aparece una dirección que remite a un video colgado en internet). Con esto, Miguel Mejía parece indicarnos la intención de su poesía. En algún momento todos moriremos y no quedará más que nuestra memoria. A través de estos poemas, Mejía da forma y sentido a esta memoria, como preparándola para cuando sea lo único que queda. Asimismo, la distancia que separa al autor de su tierra natal quizás propiciase el recuerdo y la nostalgia, así como el deseo de que las memorias de su actual estancia en Polonia y Alemania no acabe perdiéndose por las callejuelas de la memoria.

En cierta medida, Tierra de nadie se asemeja a un álbum de fotos o recuerdos en general. La clave de su existencia es el recuerdo, mantener intactos una serie de acontecimientos que Miguel Mejía no quere que sean olvidados. Sin embargo, estos recuerdos no aparecen enmascarados a través de recursos poéticos como la metáfora o el símbolo.

Este libro puede adquirirse a través de Casadellibro.

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“Celebrar el aullido” – Paloma Corrales

A todos nos han faltado alguna vez las palabras, o más bien las palabras no nos han parecido suficientes para expresar lo que queríamos decir, como si el lenguaje nos atrapara en un espacio limitado por las normas ortográficas y de expresión. En cierta manera, debido a que el lenguaje es finito, también es finita su capacidad expresiva. Es por esto que algunos autores, como la madrileña Paloma Corrales buscan ir más allá de los límites del lenguaje en favor de la expresión absoluta. Lo que para algunos son normas básicas para comunicarnos, para otros son ataduras que impiden expresarse. Quizás sean tan solo una serie de barreras diseñadas para ser superadas, ya sea por necesidad o simplemente por rebeldía.

Celebrar el aullido aprovecha el terreno de la poesía para quitarse el corsé de la gramática en busca de la expresión pura. En cierta medida, Paloma Corrales se desprende de la expresión poética tradicional para alcanzar esta pureza. Además de ir más allá de la gramática, también va más allá de la métrica. Estos versos se nos presentan sin refinar, puros y palpitantes. Todos los poemas tienen su título entre comillas, como si fuese provisional o más bien como si no tuviese sentido ponerles nombre, ya que cada poema está completo en sí mismo, bautizarlos resultaría innecesario e iría en contra de esta filosofía creadora que prima ante todo la levedad y la sencillez. Llama la atención la carencia de signos de puntuación. No hay ninguna guía para el lector de estos versos, aunque la manera de moverse a través de los poemas resulta bastante intuitiva y la falta de puntos o comas aporta al poemario una enorme fluidez.

Paloma Corrales divide su poemario en tres partes de extensión irregular, en las que se tratan dos temas principales. El primero es la teoría de este tipo de poesía, la disolución del verso en el propio poema, el abandono del ornamento, la ligereza. La autora construye su propia poética poniéndola en práctica. El otro, o más bien otros temas que aparecen en estas páginas son sentimientos, principalmente centrados en el amor, pero sin caer en el intimismo. A pesar de que en Celebrar el aullido prima la idea sobre la forma, no es un poemario excesivamente críptico. La autora nos muestra una serie de situaciones protagonizadas por el sentimiento amoroso o el erotismo, desprovistas de contexto. No importan los detalles, solo lo sentido, por ello no hay cabida para otra cosa en estos poemas. En cierta manera, esto aleja a la autora de la poesía de la experiencia, puesto que no hay experiencia en ellos, tan solo el resultado de ella. Tampoco ahonda en el recuerdo o la nostalgia de lo vivido, cada poema muestra lo sentido inmortalizado en el presente del momento en el que ocurrió.

En general, Celebrar el aullido es un poemario ligero y fresco. En sus páginas encontramos sentimientos puros, así como la manera que Paloma Corrales construye estas composiciones. Una especie de poesía de la claridad que se nos muestra desnuda, sin ningún tipo de adornos que puedan alejarnos de su significado.

Puede adquirirse a través de Casadelibro.

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